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lunes, 8 de agosto de 2016

Mucha variedad en la Bahía de Santander





¡Sorpresa! El pasado mes de julio pasé unos días en Cantabria después de dos años sin ir por allí, (aunque quienes me siguen por Facebook ya llevan tiempo sabiéndolo).
Ya extrañaba el bicherío por esos lares y he disfrutado unas buenas jornadas intensivas junto a Alberto Benito, de tal manera que tengo un buen lote de entradas que iré publicando a lo largo del mes, empezando por uno de los sitios que más echaba de menos por ser mi "local patch" en años anteriores.

Hablo de la Bahía de Santander, un entorno que para mi gusto tiene mucho que enseñar y sorpresillas varias para quien se anime a ser asiduo en sus visitas, comenzando en esta entrada con la Ensenada de San Bartolomé (en Elechas), donde eran muy numerosas las gaviotas cabecinegras (Larus melanocephalus) y no faltaron los habituales cisnes vulgares (Cygnus olor). Les acompañaban gaviotas reidoras (Larus ridibundus), zarapitos trinadores (Numenius phaeopus) y garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), y unos familiares chirridos delataron a los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) junto a sus pollos del año y un charrán común (Sterna hirundo).

















El charrán común de la foto que está justo encima anda un poco escondido, pero estos otros se dejaron ver bastante mejor, a diferencia de los alcaudones dorsirrojos (Lanus collurio) con su típica desconfianza, estos últimos en las praderías de Cubas.











Prestamos mucha atención a los insectos y dio buen resultado viendo cosillas realmente interesantes. Además de especies típicas como la mariposa de los muros (Pararge aegeria), el caballito del diablo Ischnura graellsii y la calimorfa (Euplagia quadripunctaria), vimos la escasa y muy localizada espejitos (Heteropterus morpheus).

El principal interés de este último lepidóptero, aparte de su indiscutible atractivo, es que se distribuye en nuestro territorio únicamente desde Galicia (una única colonia conocida) hasta Navarra, y Alberto y yo en esta zona sólo la habíamos visto hasta ahora en el macizo calizo de Peña Cabarga... imaginad la sorpresa al ver varios ejemplares distintos volando en plena Ensenada de Elechas al lado de un camino por el que habré pasado cientos de veces.



Pedreña








Intentamos ver tritones alpinos en un pilón donde Alberto los ha encontrado en otras ocasiones, pero sólo conseguimos ver larvas junto a muchos numerosos renacuajos de sapo partero común entre la inmensa marañas de algas.
Con los reptiles tuvimos más suerte pese a que la climatología nos dejó sin ver lagartos verdes, porque pudimos encontrar hasta 9 ejemplares distintos de lución (Anguis fragilis).
Ha sido la primera vez que veo a este singular "lagarto sin patas" y he decir que me quedé prendado de la especie... y recordad, he pasado de no haber visto uno a llegar y encontrar 9 en el mismo día (uno en Elechas, uno en Astillero y siete en Peña Cabarga). El primer ejemplar es un juvenil, los de costados oscuros son machos, y la de color claro más uniforme es hembra.




Santander












No nos olvidamos de la clásica salida nocturna por Santander, viendo autillos (Otus scops), sapos parteros comunes (Alytes obstetricans) y tritones palmeados (Lissotriton helveticus).

Todo esto no es desde luego lo único que vimos por la bahía, también puedo citar por ejemplo un alcotán, cuatro gavilanes distintos, patos colorados (sí, los hay, estáis leyendo bien), muchísimos milanos negros, etc... pero queda por delante ir publicando las demás entradas con distintos enclaves que fuimos bicheando, incluyendo una gran novedad que nunca he hecho hasta ahora, ya lo iréis viendo.




Faro de Mouro











jueves, 7 de agosto de 2014

Aves de la Bahía de Santander


Con Pedreña al fondo


Tras haber centrado la atención en los charranes santanderinos en la anterior entrada, toca repasar el resto de avifauna presente en esa porción de la bahía que he estado visitando en las cercanías del pueblo de Elechas.
Una de las estampas habituales era ver las blancas figuras de las garcetas comunes (Egretta garzetta), además de la presencia de láridos como la bonita gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) y el enorme gavión (Larus marinus).








De cuando en cuando se veía algún charrán patinegro (Sterna sandvicensis). Estos primos mayores de los charranes comunes habían llegado desde sus zonas de cría junto con los pollos que han tenido, siendo normal ver al pequeño volando tras uno de sus padres mientras reclamaba para pedirle comida.
Sus zambullidas de pesca son más espectaculares que la de los charranes comunes, lanzándose en picado desde mayor altura.







Frente a mi observatorio particular pasaban volando bandos de limícolas como las agujas colinegras (Limosa limosa) o los numerosos zarapitos trinadores (Numenius phaeopus).










Era muy llamativo cuando llegaban volando los cisnes vulgares (Cygnus olor) con sus enormes corpachones, haciendo un ruido rarísimo al batir las alas (imaginad una versión a lo bestia del sonido que hacen los patos en vuelo con sus alas). En una ocasión se dignaron a presentarme a sus pequeños pasando bastante cerca de la costa.










Como dije en otra entrada, una buena concentración de aves no puede pasar desapercibida para los predadores, como el velocísimo gavilán (Accipiter nisus) y el oportunista ratonero (Buteo buteo). Un joven halcón peregrino (Falco peregrinus) me brindó un momento único cuando de pronto se avalanzó contra una gaviota reidora (Larus ridibundus), fallando por poco el lance cuando aquélla se tiró al agua para esquivarlo.







Un predador más discreto era el mochuelo (Athene noctua) que algunas veces me esperaba en su posadero preferido de la vieja casa abandonada, aunque en ocasiones pareciera jugar al escondite conmigo.







Las marismas de Astillero estaban tan a mano que no podía resistirme a hacer alguna visita, viendo especies como la garza real (Ardea cinerea) o las muchas agujas colinegras, entre las que vi un correlimos común en una ocasión.








La Ría de Cubas era otro punto cercano al que ir a echar un vistazo, anotando así zarapitos reales (Numenius arquata) y alcaudones dorsirrojos (Lanius collurio), fotografiando por fin en condiciones una de las huidizas hembras.
Curiosamente, el último día que estuve en Cantabria descubrí de casualidad que hay alcaudones criando más cerca aún, entre Elechas y Pontejos.






Para el final dejo los dos avistamientos que más me llamaron la atención, siendo además de los últimos antes de marcharme de regreso a tierras sureñas: un bando de avocetas (Recurvirostra avosetta) y un jovencísimo cuco (cuculus canorus).


Con Peñacastillo de fondo





Y, para terminar del todo, una garcilla bueyera (Bubulcus ibis) junto a un caballo y la clásica imagen de una trainera en la bahía.