Y aquí llegamos ya a la última entrada de esta serie cántabra del pasado mes de julio, pero para nada la peor por ser la última, porque hubo bichetes nuevos y fuimos guiados por alguien a quien tenía ya muchas ganas de conocer.
Quedamos
Alberto y yo con Germán Ibarra, autor del blog
Fauna Compacta, quien nos demostró a lo largo de la jornada un gran conocimiento de esa parte de Cantabria de la que nosotros sólo conocíamos el monte Candina.
Empezamos por la campiña costera de Castro Urdiales en El Rebanal, donde descansaban cormoranes moñudos (
Phalacrocorax aristotelis) y gaviotas patiamarillas (
Larus michaellis) en los acantilados. La cosa estaba difícil para encontrar alguna víbora de Seoane como queríamos, pero fuimos viendo un joven lución (
Anguis fragilis), una culebra lisa meridional (
Coronella girondica) y hasta un nido de musarañas. La serpiente fue hallada muy cerca del nido y sólo quedaba una cría, no cuesta mucho usar la imaginación...
Después nos fuimos a La Cubilla, paraje en el que se encuentra una magnífica cueva, y pudimos ver larvas de sapo partero común y odonatos como
Calopteryx virgo y
Boyeria irene, además de una rana patilarga que se nos escabulló.
Quedamos para comer en Guriezo con
Jesús Menéndez, gran amante de las aves marinas, y los cuatro nos dirigimos al embalse del Juncal. Allí vimos la libélula
Orthetrum cancellatum y un par de sapos comunes (
Bufo spinosus), de aves pudimos observar somormujos lavancos y una joven garza imperial, nos sobrevoló un par de alimoches (
Neoprhon percnopterus) y por los caminos aparecieron un escribano cerillo (
Emberiza citrinella) y un par de alcaudones dorsirrojos (
Lanius collurio).
Un macho de camachuelo que vimos en vuelo fue una novedad para mí, así como también lo fue el escribano cerillo, que ya veis que estaba atareado llevando cebas a su prole.
Al regresar por Guriezo me comentaba Germán lo estupendos que eran unos robles para que hubiera ciervos volantes, y justo entonces vimos un coleóptero de gran tamaño en el suelo. Resultó ser otra especie, pero desde luego no menos interesante porque era el gran capricornio (
Cerambyx cerdo). Tuvimos la suerte de coincidir con el momento en el que gran cantidad de ejemplares macho se congregan en los añosos robles para buscar pareja, y os puedo asegurar que lo disfrutamos una barbaridad... hubiese sido ya el colmo que apareciese un macho de ciervo volante (
Lucanus cervus) porque llegó de pronto una hembra.
Sólo me queda decirle a Germán que fue un placer conocerle personalmente al fin, y que espero que aquella salida sea la primera de muchas otras más. ¡Esta entrada va dedicada a ti!