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viernes, 22 de abril de 2016

Quedada ornitológica en Estepa


El Hacho


El sábado 9 de abril se celebró una quedada ornitológica del GOAVAN (grupo de observadores de aves de Andalucía) en Estepa. No es la primera que se lleva a cabo, pero sí ha sido la primera a la que yo he podido asistir, tanto por ser en la provincia de Sevilla (recordad que ahora mismo vivo en Los Palacios y Vfca.) como por la amistad que une a su anfitrión Javi Pérez.

La idea era recorrer distintos enclaves de su serranía, pues está al pie de la Sierra Sur de Sevilla, tan desconocida como llena de interesantísima biovidersidad. Me llamó la atención el paralelismo con mi Sierra Sur de Jaén, no acabando el parecido en el mero nombre... ambas sierras calizas están desprotegidas pese a tener importantes valores naturales, a merced de las canteras y del interés económico que siempre suele primar por encima de la conservación.

Llegamos un buen grupete desde distintos lugares, casi todos sevillanos con unos cuantos gaditanos, e iniciamos la primera rutilla por la zona de Lora de Estepa. Allí nos encontramos con un principio marcado por el omnipresente cultivo del olivo, que iba dando paso a olivares abandonados hasta llegar a unas laderas cubiertas por puro monte mediterráneo, hogar de cabras montesas y águilas perdiceras (a las que vimos ciclear).
Muchos de nosotros fuimos muy pendientes del suelo, al haber distintas y atractivas especies de orquídeas: Ophrys speculum, Ophrys lutea, Ophrys scolopax, Orchis papilionacea y Orchis italica.









En cuanto al bicherío, se vieron distintas especies de aves como las mencionadas águilas perdiceras, un aguilucho lagunero, un gavilán y, algo que me gustó personalmente porque es algo especial para mí, nutridos bandos de vencejos reales (Apus melba).
También otros pequeños habitantes como escorpiones (Buthus occitanus) y escolopendras (Scolopendra cingulata).





A mediodía nos esperaba una buena comilona a base de barbacoa en el Refugio de la Serpiente, una estación de anillamiento ubicada en un pinar de repoblación donde se llevan a cabo medidas para mejorar ese ecosistema tan demasiado hecho a mano por el hombre, tales como plantación de vegetación mediterránea y frutales o colocación de cajas nido, todas ellas con demostrada eficacia a la hora de atraer nuevas especies de aves al entorno.

Allí es muy sencillo ver los abundantes piquituertos (Loxia curvirostra), así como a muchos otros pájaros forestales como herrerillos capuchinos y comunes, carboneros comunes y garrapinos, agateadores comunes, verderones, verdecillos, jilgueros, lúganos, colirrojos comunes, zorzales comunes, reyezuelos listados, etc... muchos de ellos presentes gracias a los nidales, comederos, bebederos y frutales, llegando incluso a haberse registrado especies raras de ver en estos lares como el verderón serrano, el reyezuelo sencillo o el pinzón real.
También andan por allí especies más discretas como el cárabo o el búho real, y se puede avistar al águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), como de hecho hicimos nosotros al aparecer aquel día una joven hembra.








Por la tarde estuvimos bicheando los alrededores del Refugio, dando mucho juego su variado entorno que da cabida a cultivos, pinar, monte mediterráneo y cortados calizos. Encontré algunas culebrillas ciegas (Blanus mariae) y seguimos viendo más orquídeas, sobre todo las abundantes Ophrys lutea con alguna otra especie como la Orchis champagneuxii.
Sin ninguna duda, el protagonista de la tarde fue el búho real (Bubo bubo), descansando tan a gusto mientras lo veíamos desde mucha distancia con telescopio.
Hubo más especies de aves, por supuesto, como pitos reales, roqueros solitarios, abubillas o cernícalos vulgares.







Almendros naturalizados



Una vez que los asistentes fueron volviendo a sus hogares, tras disfrutar de un buen día soleado compartiendo afición y conversaciones pajareras, yo me quedé aún allí viendo cosillas como la orquídea Ophrys bombyliflora y una araña lobo (Lycosa hispanica).







Y es que yo no me marché a casa, tenía planes para seguir de ruta por la sierra con Javi, que eligió un buen recorrido de puro pateo saliendo desde el mismo pueblo.
Aparte de la tarabilla común (Saxicola torquatus) y de la collalba gris (Oenanthe oenanthe) de las fotos fuimos viendo numerosas especies de aves como abubillas, roqueros solitarios o una culebrera con el canto del cuco como fabuloso telón de fondo.






Las peonías ya estaban en flor, y redondeamos el repertorio de orquídeas con especies como Ophrys fusca y Orchis collina. En total fueron 13 las especies de orquídeas del fin de semana si sumamos especies que estaban cerradas o secas, como Ophrys tenthredinifera, Orchis conica, Neotinea maculata y Barlia robertiana, mi récord personal hasta la fecha.
La orquídea de la última foto nos extrañó mucho, sobre todo al haber otras 3 flores más iguales, pero se ve que eran sencillamente unas Ophrys lutea con alguna malformación.








La fauna "bichera" tuvo muy buena representación con culebrillas ciegas, larvas de luciérnaga (posiblemente Lampyris noctiluca), abejas (Apis melifera) y especies interesantes de arácnidos como la falsa viuda negra (Steatoda paykulliana), una araña trampera (Ummidia sp.) y las siempre impresionantes arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana).













Ha supuesto para mí un sumamente interesante nuevo capítulo en mi afán por ir conociendo mejor las Cordilleras Béticas, que hace preguntarse si no es todo esto más que suficiente para justificar un Parque Natural.



Estepa

Cerro de San Cristóbal



jueves, 17 de septiembre de 2015

¡Aracnofilia!





Es posible que un lapsus os haya hecho leer "aracnofobia", la palabra más asociada normalmente a las pobres arañas, siempre temidas y miradas con repugnancia, pero no, habéis leído bien al ver "aracnofilia", porque también es de recibo que existamos quienes las amamos. A mí desde luego me fascinan, tanto para sentirme especialmente ilusionado de poder montar una entrada recopilando especies sumamente interesantes que encontré durante estas semanas de finales de agosto y primeros de septiembre.

Empiezo con una araña tigre, concretamente la especie Argiope trifasciata, que tejía su gran trampa de seda en los matorrales costeros de las Salinas de Bonanza (Cádiz). Es este arácnido el responsable del gran acercamiento con los flamencos que habéis visto en mi anterior entrada, al haber pasado largo rato agazapado con el macro sin que las aves me vieran y así favoreciendo que se aproximaran a mí.
Es una hembra, siempre de mayor tamaño que los machos en las especies de este género, aunque las pequeñas arañitas que se veían por su tela no eran machos, ni tampoco sus crías, se trata de la araña gota de rocío (Argyrodes sp.), una cleptoparásita que roba las presas de otras arañas mayores.








La Argiope lobata es una pariente cercana que vive en otro hábitat distinto, en matorrales secos de la zona mediterránea, como los tres ejemplares que vi junto a Javi Pérez en la Sierra del Becerrero (Estepa-Gilena, provincia de Sevilla) a finales de agosto.
El diseño es, como veis, muy similar pese a las notables diferencias del abdomen, con el tercer par de patas más corto y el mismo estilo de trampa de seda con un establimento en el centro. Las dos son especies inofensivas para el ser humano, sin veneno (aparte van las alergias que uno pueda tener) y poco más que el dolor de una picadura de avispa, esto último sólo en caso de que el animal se sienta obligado a morder para defenderse.









Aquí sí que puedo enseñaros al pequeño macho, que desde luego es un valiente al abordar a semejante bestia, y además el interesante momento en que una de ellas atrapó una avispa y meticulosamente la envolvió para su posterior consumo en una escena que es una suerte de "Alien: el octavo pasajero" a pequeña escala.







Allí en Estepa nos salió una salida muy arácnida, al buscar arañas negras de los alcornocales y encontrar en su lugar otras especies parecidas. Una de ellas fue una Ischnocolus valentinus, de aspecto similar a la araña buscada por su estética negra y peluda, pero de menor tamaño.
La segunda araña fue de tamaño mucho más respetable, amén de mostrar una agresividad pocas veces vista. Es la araña trampera (Iberesia sp.), que acecha en su madriguera hasta que algún apetitoso desdichado pasa cerca y cae presa de sus quelíceros.







Aquí vais a poder sobradamente el carácter beligerante del amigo, con esa actitud que le hace parecer una tarántula tropical, y su tamaño con el euro de rigor







La prueba del euro, que muchos amigos míos no se atreverían a acercar ni recoger al lado de estos bichos, es algo injusta con la siguiente especie, que llega a alcanzar una talla mucho mayor que la mostrada en las fotografías, porque la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana) llega a medir hasta 7 cm. con las patas extendidas, siendo así la mayor araña europea.

Este ejemplar de las fotos es uno de los que encontré en una dehesa de alcornoques de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche (Huelva), desgraciadamente se me escabulló el de mayor talla de los encontrados, que fácilmente se aproximaba a la talla de un gran escorpión.
Este ser espeluznante para mucha gente, pero maravilloso a mis ojos (ya es de mis animales favoritos), es un endemismo del sur ibérico, concentrándose la grandísima mayoría de poblaciones en Andalucía, con sólo unas pocas en Badajoz, Murcia, Ciudad Real, Alicante (aquí seguramente llegó de la mano humana con el transporte de olivos), Gibraltar y sur de Portugal, y otras poblaciones norteafricanas que hace diez años que no se confirman. Una joya, en resumen.








Si ya de por sí tiene un aterrador aspecto, que la hace muy parecida a la popular imagen de las arañas de goma de las fiestas de Halloween, se lleva la palma cuando hace gala de su belicosidad al igual que la Iberesia de más arriba. Aún recuerdo cuando vi una por primera vez en Algeciras hace siete años, allí plantada en una acera de la ciudad y amenazándome de esta guisa que veis.
Uno de mis objetivos en adelante será verlas en Jaén, donde están citadas al sur de la provincia, el tiempo dirá.







Esto último no es una araña, pero me permito la licencia de incluir a este escorpión (Buthus occitanus) por ser también un arácnido, y además visto el mismo día que la Argiope trifasciata del principio de la entrada, cuando fracasé por segunda vez en un intento de ver camaleones en el Pinar de La Algaida. De los tres ejemplares que encontré éste fue el de mayor tamaño, haciéndome sentir por un momento como si estuviera en una de mis salidas por las sierras de Jaén. 
De todas las especies mostradas, es precisamente el escorpión el que nos puede hacer pasar peor rato con su picadura, si bien ésta no es mortal.

Quien sienta aprensión por estos artrópodos ya puede respirar, porque la siguiente entrada volverá a las aves nuevamente.