lunes, 17 de mayo de 2021

Los Campos de Hernán Perea mostrando su potencial

 




Son muchas las veces en las que, a lo largo de estos años, he mostrado los Campos de Hernán Perea. Esta inmensa altiplanicie rodeada de grandes picos en torno a los 2.000 metros de altitud es uno de esos lugares en los que la soledad se podría incluso tocar, aunque en medio de toda esa inmensidad se abre paso la vida como en tantos sitios y sus valores naturales son considerables.

El sábado 17 de abril tuve un día soleado y bastante agradable en contraposición a la mayoría de inestables días del mes pasado. Desde por la mañana me decidí a pasar el día en la vastísima altiplanicie kárstica en la que cantaban numerosos aláudidos y los llamativos machos de las collalbas rubias destacaban sobre casi cualquier roca o matorral.





Jilguero (Carduelis carduelis)

Collalba rubia (Oenanthe oenanthe)

Águila real (Aquila chrysaetos)

Curruca tomillera (Sylvia conspicillata)

Zorro (Vulpes vulpes)




En una de mis paradas para examinar el terreno en busca de aves vi un águila real atosigada por un ratonero y un águila calzada al mismo tiempo, como si las dos rapaces medianas hubieran formado equipo para incordiar a su enorme y peligrosa vecina.
No obstante, la estrella en este aspecto fue una maravillosa hembra adulta de quebrantahuesos llevando unos despojos sacados de alguna carroña que lanzaba una y otra vez estrellándolos contra las rocas para convertirlos en fragmentos más manejables a la hora de engullirlos. Se trata del primer ejemplar que nació en libertad allá por el año 2015, lo que concedió más valor aún a la observación.




Llevando su comida

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Pico Empanadas



Un amigo había visto por la zona una pareja de críalos y me llamó tanto la atención que quise intentar verlos. No pude hacerlo aquel día ni tampoco hasta ahora, así son las cosas de naturaleza, pero estando allí era imposible no disfrutar viendo otras tantas cosas.
Como por ejemplo los primeros bisbitas campestres del año, que ya estaba tardando en verlos esta primavera.




Chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Collalba rubia (Oenanthe oenanthe)

Culebrera (Circaetus gallicus)

Bisbita campestre (Anthus campestris)




En los pequeños rodales con flores (ahora mismo está muy cambiado aquello y ha florecido mucho más) se movían distintos artrópodos entre los que tuve la alegría de ver un par de cardenillos. Lo normal hubiera sido ver estos pequeños y velludos licénidos en marzo, pero por cosas del azar no vi ninguno hasta bien entrado abril.




Cardenillo (Tomares ballus)


Grillo sin identificar

Euceras sp.

Licósido




Antes de volver a casa quise probar suerte en un punto en el que no me suelen fallar las lagartijas de Valverde. Con insistencia pasé un buen rato observando a un ejemplar adulto de esta joya endémica saliendo a tomar el sol entre los restos de un murete de piedra seca.



Lagartija de Valverde (Algyroides marchi)

Lagartija verdosa (Podarcis virescens)

Lagartija de Valverde (Algyroides marchi)

Cuco (Cuculus canorus)

Orchis purpurea


Al regresar a Santiago de la Espada fui requerido para fotografiar algunos insectos, de los que muestro esta desconocida abejita de ojazos verdes y un nuevo ejemplar de la preciosa mariquita del brezo con su aspecto como de cristal.



Mariquita del brezo (Chilocorus bipustulatus)



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