miércoles, 11 de abril de 2018

Sin los fumareles todavía




El 21 de marzo tuve una esperada tarde soleada para poder ir al Brazo del Este después de un mes sin poder ir entre una cosa y otra.
Repasando mis observaciones de años anteriores veía que eran ya fechas para recibir a muchos visitantes estivales que regresarían para criar en el paraje un año más, por lo que tenía motivos de sobra para salir con muchas ganas.

En las aguas someras se veían numerosos flamencos (Phoenicopterus roseus) acompañados de anátidas como el pato colorado (Netta rufina) o el ánade friso (Anas strepera). Como viene siendo habitual, bandos de espátulas (Platalea leucorodia) y moritos (Plegadis falcinellus) sobrevolaban con frecuencia la marisma y los arrozales en los que los calamones (Porphyrio porphyrio) se asomaban con sus muy llamativos colores. Por el momento eran escenas como las que se veían en invierno.



Al fondo están los patos colorados











Las carpas atraían a las garzas de mayor porte como la garceta grande (Egretta alba), y también a las garzas imperiales (Ardea purpurea) que llevaban por entonces poco tiempo entre nosotros. De hecho, el ejemplar de la foto y otro que vi más tarde son los dos primeros que veo por allí este año.







Algunos mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) aún estaban por allí antes de marcharse a sus países de origen tras pasar el invierno en estos humedales sureños, mientras que ya se empezaban a ver los primeros alcaudones comunes (Lanius senator) recién llegados de su invernada africana.

Además de golondrinas comunes (Hirundo rustica) y vencejos pálidos (Apus pallidus), vi mis primeros aviones zapadores del año (Riparia riparia) en esos cielos patrullados por predadores como el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus).










No ver especies migradoras en paso como la cerceta carretona o la polluela pintoja no me extrañó, tampoco es tan sencillo, pero lo que sí que me pareció rarísimo fue que no hubiera ni un solo fumarel cariblanco cuando por esas fechas ya había muchos ejemplares otros años.
A cambio pude ver a su primo mayor, el más grande de su familia por cierto, cuando una pagaza piquirroja (Hydroprogne caspia) apareció pescando por los canales. Cosas curiosas que pasan.

Con una abubilla (Upupa epops) y un muy florido campo lo dejo aquí hasta la próxima visita, que posiblemente sea dentro de poco si el tiempo me da una pequeña tregua.








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