domingo, 29 de abril de 2018

La cola del Embalse de Bornos muy revitalizada




Espero sinceramente que os haya gustado el reportaje en cinco parte del viaje a Marruecos y que haya servido para trasladaros mínimamente a sus diversos escenarios, pues ya es hora de volver a la fauna ibérica.

El 2 de abril tenía que estar en el colegio por la tarde, pero el martes 3 ya empecé a salir por los alrededores de mi hogar temporal en Prado del Rey y he de decir que me encontré con la primavera irrumpiendo en escena con mucha fuerza. Las primaveras aquí en el sur ya son de por sí gloriosas, pero este año con las muy abundantes lluvias ha llegado un mes de abril impresionante y me emociona pensar que todavía queda mayo para continuarlo...

El Paraje Natural Cola del Embalse de Bornos no me había mostrado todo su potencial hasta ahora, a tope de agua y como hacía tiempo que no se veía. El reconocible e insistente canto del triguero (Emberiza calandra) era la banda sonora perfecta para los campos cuajados del amarillo de las margaritas en los que cazaba una docena de cernícalos primillas (Falco naumanni) mezclados momentáneamente con un grupo de milanos negros (Milvus migrans).










Ahora la observación de aves acuáticas era otro cantar, llegando el agua hasta la pequeña loma coronada de olivos que siempre utilizo como oteadero. Desde allí se veían nadar unos ánades frisos (Anas strepera) y se podía seguir el ajetreo de las garzas reales (Ardea cinerea) bien engalanadas con los colores del celo y centradas en tener todo a punto para la nueva temporada de cría.
Me sorprendió gratamente ver cuatro espátulas (Platalea leucorodia) mezcladas con las mucho más abundantes garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) y un pato colorado (Netta rufina).











Otra sorpresa que me tenía reservada la tarde fue la aparición de tres pagazas piquirrojas (Hydroprogne caspia) que a veces pasaban muy cerca de mi posición en sus vuelos de búsqueda de presas. Como llevo el blog con un ritmo bastante atrasado al acumular tanto material (casi un mes de atraso), os comento que esta semana he vuelto a ver dos ejemplares y uno de ellos portaba una anilla que indica procedencia sueca, pero ya hablaré de ella más despacio cuando toque.
Esta especie es uno de mis objetivos más deseados cuando voy a Sanlúcar de Barrameda, y ahora resulta que actualmente la puedo ver a 20 minutos de casa... casi nada.











La salida se redondeó con una hembra de aguilucho cenizo (Circus pygargus) y uno de los elanios (Elanus caeruleus) que se suelen ver por estos campos.

Este paraje aparecerá en alguna publicación más porque está ahora mismo de lo más interesante, junto a las clásicas entradas serranas con el macizo de Grazalema como protagonista. Precisamente sus montañas se ven en la última fotografía, que bien muestra lo cerca que tengo este enclave de aves acuáticas junto a mi hogar en la sierra.








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