lunes, 22 de febrero de 2021

Fin de semana de viento, saltos de agua y necrófagas

 




Llegó casi a finales de enero el esperado momento en el que se pudiera salir a campear en un soleado fin de semana ya sin la espesa capa nevada que llegaba a ser más bien puro hielo... pero entonces le tocó el turno al viento.

Durante todo el fin de semana de los días 23 y 24 de enero sopló un fortísimo viento que truncaba los intentos de excursiones y dificultaba sobremanera la observación de aves y otros animales hasta el punto de hacerse insoportable.
No tiré la toalla, no obstante, yendo el sábado a ver qué podía encontrar hasta que me hartara de los puñetazos del viento y de la sensación de salir volando en cualquier momento. Persistía la nieve en los picos al recorrer la vega de Santiago de la Espada, donde encontré de casualidad un grupo de buitres bajando a una carroña. Si apenas hay fotos de ello es porque al día siguiente me esperaba lo mismo pero en versión extendida... ya lo veréis más abajo.





Loma Gérica

Águila real (Aquila chrysaetos)




Con el deshielo y las lluvias habría un buen y variado catálogo de cascadas y saltos de agua por visitar. Esto es algo que no falta en esta bendita Sierra de Segura a la que, acertadamente, se llamó Sierra del Agua junto a todo el conjunto de montañas prebéticas en el libro que precisamente así se titula.


Río Zumeta

El Saltaor

Nacimiento del Segura

Nacimiento del Segura

Aguas del Buitre

Aguas del Buitre



El inestable día se despidió con un arcoíris, bello detalle final que parecía querer rematar con esa ironía una jornada tan incómoda.





El domingo llegó aún más despejado y no cejé en mi cabezonería saliendo de nuevo a luchar contra el tremendo viento huracanado. Estuve dando unos paseos infructuosos hasta pasar cerca de Pontones y recibir un aviso que me salvó el día.


Almorchón

Cogujada común (Galerida cristata)



Fue entonces cuando me avisaron de que en las afueras de Pontones se estaban concentrando muchísimos buitres y se veían muy cerca desde la misma carretera.
En una nave ganadera habían arrojado varias ovejas muertas y esta generosa barra libre atrajo una cantidad abrumadora de buitres leonados (Gyps fulvus) que cicleaban en torno a la zona, bajaban a comer a empujones o ya estaban en ello entre chillidos y patadas. Las carroñadas que había visto en la sierra eran, hasta ahora, bastante lejanas y esta vez casi parecía que estuviera en un hide de carroñeras.



























Tenía la esperanza de que apareciera algún quebrantahuesos atraído por tanto ajetreo de buitres, puesto que es una de las maneras que tienen para encontrar comida. No esperaba que ninguno bajara porque son más desconfiados que los buitres, pero esperaba que se les viera volar por zona inspeccionando el panorama.
Finalmente vino uno, aunque me pilló desprevenido con tanto pajarraco en torno y pasó de largo para no volver.


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)


Esta imagen final deja muy claro cómo acaban los cadáveres de las ovejas tras el trabajo de los buitres, que contribuyen muy necesariamente al saneo de la naturaleza evitando focos de infecciones.





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