viernes, 8 de enero de 2021

Paso de la Viga

 



Se repite de nuevo ese patrón de los fines de semana con un sábado horroroso y domingo mucho más apetecible, las coincidencias son así.
El 28 de noviembre fue, como digo, un espantoso sábado muy frío y oscuro que añadía un viento incomodísimo que quitaba las ganas de estar en el campo... no del todo, porque a pesar de eso sí que salí un poco (así soy de ansioso), pero lo justo para estar viendo a los buitres aguantarse con la meteorología, algunos de ellos con un plumaje tan lamentable que a veces te preguntas cómo se las arreglan para volar bien así.


Buitre leonado (Gyps fulvus)


Con un ala hecha polvo


Directamente sin cola


El domingo 29 de noviembre ya fue otro cantar, aunque tampoco es que llegara radiante y espléndido porque se fue nublando poco a poco, como con disimulo socarrón.
Tenía muchas ganas a retomar el paso de la Viga al haber estado ya varias veces cerca de la zona y recordar que una vez lo atravesé en una larga excursión en grupo.

El punto de partida de mi pequeña, pero bien surtida de desniveles, ruta fue el cortijo abandonado de Los Paulinos.
Aparte de unos puñeteros picogordos que parecían burlarse de mí reclamando para luego callarse en el momento de intentar localizarlos, me amenizó mucha la llegada un par de lúganos que se portaron mejor que sus odiosos primos fringílidos.



Los Paulinos

Pico picapinos (Dendrocopos major)

Promesa primaveral de una futura orquídea

Lúgano (Spinus spinus)



Ya os digo que la subida no es larga, pero ese tramo desde el cortijo tiene fuertes pendientes y es como para dejarte sin aliento. Una vez llegado a los amplios cortados está el viejo paso que permite encaramarse por estas enormes peñas hasta coronarlas y contemplar desde arriba los dos valles que separa la cuerda montañosa.







En el pasado comunicaba a los habitantes del valle del Segura con el vecino valle de Los Anchos, algo de no poca importancia antes de que existiera la actual red de carreteras. Así era como alguien de La Toba o Los Galdones podía llegar hasta Los Anchos o Prado Maguillo sin tener que dar un inmenso rodeo.


Los Anchos

Prado Maguillo

La Toba

Los Galdones

Los Galdones


El bien merecido descanso tuvo la amena compañía de los habituales pajarillos forestales de la Sierra de Segura. Piquituertos, herrerillos, carboneros y mitos fueron los más simpáticos mientras que los mirlos capiblancos fueron tan huraños como siempre.


Piquituerto (Loxia curvirostra)

Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus)

Carbonero garrapinos (Parus ater)


Apenas había trasiego de aves rapaces, solamente unos decepcionantemente escasos buitres leonados, pero no quería bajar la guardia ante de la posible aparición de algún quebrantahuesos y levanté la mirada hacia la larga sucesión de cortados que tenía a mi lado.
Fue entonces cuando vi que un macho de cabra montés me observaba con atención, cosa que me brindó darme cuenta también de la presencia de un pequeño grupo de acentores alpinos que habían estado pasando desapercibidos al alimentarse en silencio.




Cabra montés (Capra pyrenaica)

Acentor alpino (Prunella collaris)

Cabra montés (Capra pyrenaica)

Acentor alpino (Prunella collaris)

Posiblemente Lepista nuda


Después del mediodía se nubló tanto que no me pareció que mereciera ya más la pena estar allí, por lo que bajé sin prisas por la tarde mientras pensaba en lo realmente bien que sientan estos momentos de soledad en medio de la naturaleza.




2 comentarios:

  1. Es impresionante ver volar buitres con las alas tan deterioradas...
    Un saludo.

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    1. Es es que es increíble verlos en el aire de esa guisa, sobre todo cuando ves alguno con tanta falta de plumas que parece un peine.
      ¡Saludos!

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