jueves, 15 de marzo de 2018

Una tarde casi primaveral en el Brazo del Este




Me había acostumbrado últimamente a visitar de forma más o menos regular Los Palacios y Villafranca para gozar del cercano paraje del Brazo del Este, pero con el tiempo desfavorable que ha hecho ya llevo como quien no quiere la cosa un mes sin ir.

El 16 de febrero fue la última vez que estuve allí, una soleada tarde de viernes que prometía una nueva e intensa salida marismeña por uno de mis lugares favoritos. Por sus canales y arrozales fueron apareciendo especies de aves como el archibebe claro (Tringa nebularia), la cigüeñuela (Himantopus himantopus), la garceta grande (Egretta alba), el pájaro moscón (Remiz pendulinus), la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la garza real (Ardea cinerea), la cigüeña negra (Ciconia nigra) o la agachadiza común (Gallinago gallinago).











En el brazo propiamente dicho, allí donde antiguamente el Guadalquivir se dividía en las marismas, había una notable cantidad de avocetas (Recurvirostra avosetta), agujas colinegras (Limosa limosa) y flamencos (Phoenicopterus roseus). Junto a ellos fueron igualmente abundantes los moritos (Plegadis falcinellus) y las espátulas (Platalea leucorodia).
Coincidió la migración de estas especies con el momento en el que los flamencos se alimentan en distintos enclaves antes de reunirse en la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) para criar. Los moritos, por su parte... siempre son así de abundantes por allí, sencillamente.













Hablando de abundancia, los calamones (Porphyrio porphyrio) vuelven a verse en mayor cantidad después de haberse notado hace unos pocos años cierta merma en sus números (agricultores que los odian, ejem, ya me entendéis).









El paraje fue sobrevolado por distintas especies de aves rapaces como el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), pero nada provocó más pánico entre las aves que un joven halcón peregrino (Falco peregrinus) con toda la pinta de ser un ejemplar norteño de la subespecie calidus.

Las subespecies norteñas de esta cosmopolita rapaz migran en invierno y no es la primera vez que veo uno por estos campos, pero retomemos el asunto del terror que infunde su presencia, ya que le bastó con darse unas vueltas para levantar agujas colipintas, chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus), combatientes (Philomachus pugnax), avocetas, cucharas (Anas clypeata) y cercetas comunes (Anas crecca). Mirad bien las dos fotos de las agujas para encontrar un chorlitejo patinegro y un par de combatientes, que yo me di cuenta ya en casa tras avisarme un amigo.











Otra levantada de magnitud la protagonizó un señor que pasó con su moto y me espantó un gran grupo de espátulas y cigüeñas negras cuando aún las estaba contando, pero qué se le va a hacer si el hombre trabaja allí.






Viendo el pronóstico del tiempo parece que la semana que viene podré escaparme de nuevo por allí... al fin, y ganas no me faltan sabiendo que a estas alturas ya estarán las garzas imperiales y los fumareles cariblancos de regreso de su invernada africana.

Aquí os dejo como siempre el listado completo de observaciones: click aquí.







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