lunes, 11 de enero de 2021

¿Por qué se llama así el quebrantahuesos?

 

La Sagra


A finales de noviembre nada podía hacerme imaginar la tremendísima nevada actual en la Sierra de Segura, tan sólo la enormidad de La Sagra aparecía cubierta por un manto de nieve en la distancia.
Las tardes tan cortas de ese momento del año no dan mucho de sí, con los túrdidos invernantes y los ungulados haciendo que el paseo mereciese la pena.



Zorzales alirrojos (Turdus iliacus) enseñando el motivo de su nombre

Cabra montés (Capra pyrenaica)

Mirlo capiblanco (Turdus torquatus)

Cabra montés (Capra pyrenaica)

Zorzal alirrojo (Turdus iliacus)

Gamos (Dama dama)

Empanadas


Los primeros días de diciembre fueron espectaculares en lo que respecta a los quebrantahuesos. La tarde del día 2 disfruté del vuelo cercano de una gran hembra mientras que su macho agredía a los buitres leonados para mostrarles quién manda en esos derrumbaderos.


Almorchón



Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)




Un poco más tarde, en una revisión fallida de arbustos espinosos ante la probable llegada de zorzales reales, vi otra pareja diferente con el macho lanzando una y otra vez un hueso.
Hice varias fotografías del momento porque es muy icónico ver a esta gran ave haciendo precisamente lo que le da el nombre de quebrantahuesos, el único motivo porque no he puesto ni una foto es porque al día siguiente tuve la suerte de volver a presenciar la escena con otro ejemplar distinto desde más cerca y con más luz.

El día 3 de diciembre, con un intenso frío que anticipaba la nevada que por entonces era inminente, vi llegar un quebrantahuesos adulto (ejemplar nuevo que nunca había visto antes) cargando con una pata de ungulado.


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)



Para mi deleite y satisfacción escogió una pedregosa ladera cercana a mi posición para lanzar repetidas veces su comida, bajando a comer los fragmentos que conseguía partir antes de volver a volar con su cada vez más menguado botín en las garras.
Esto, a diferencia del día anterior, hizo posible que lo documentara bastante bien y hasta puedo dejar una secuencia completa del proceso, que era espectacular al ver sus picados al descender y la facilidad con que volvía a salir volando como si prácticamente flotara y se lo llevara el aire.















Anteriormente había presenciado esto siempre desde muy lejos, ya iba siendo hora de disfrutarlo en condiciones. Ya que he mencionado el frío atroz que sentí... pronto vendrá mucho más frío por el blog.





viernes, 8 de enero de 2021

Paso de la Viga

 



Se repite de nuevo ese patrón de los fines de semana con un sábado horroroso y domingo mucho más apetecible, las coincidencias son así.
El 28 de noviembre fue, como digo, un espantoso sábado muy frío y oscuro que añadía un viento incomodísimo que quitaba las ganas de estar en el campo... no del todo, porque a pesar de eso sí que salí un poco (así soy de ansioso), pero lo justo para estar viendo a los buitres aguantarse con la meteorología, algunos de ellos con un plumaje tan lamentable que a veces te preguntas cómo se las arreglan para volar bien así.


Buitre leonado (Gyps fulvus)


Con un ala hecha polvo


Directamente sin cola


El domingo 29 de noviembre ya fue otro cantar, aunque tampoco es que llegara radiante y espléndido porque se fue nublando poco a poco, como con disimulo socarrón.
Tenía muchas ganas a retomar el paso de la Viga al haber estado ya varias veces cerca de la zona y recordar que una vez lo atravesé en una larga excursión en grupo.

El punto de partida de mi pequeña, pero bien surtida de desniveles, ruta fue el cortijo abandonado de Los Paulinos.
Aparte de unos puñeteros picogordos que parecían burlarse de mí reclamando para luego callarse en el momento de intentar localizarlos, me amenizó mucha la llegada un par de lúganos que se portaron mejor que sus odiosos primos fringílidos.



Los Paulinos

Pico picapinos (Dendrocopos major)

Promesa primaveral de una futura orquídea

Lúgano (Spinus spinus)



Ya os digo que la subida no es larga, pero ese tramo desde el cortijo tiene fuertes pendientes y es como para dejarte sin aliento. Una vez llegado a los amplios cortados está el viejo paso que permite encaramarse por estas enormes peñas hasta coronarlas y contemplar desde arriba los dos valles que separa la cuerda montañosa.







En el pasado comunicaba a los habitantes del valle del Segura con el vecino valle de Los Anchos, algo de no poca importancia antes de que existiera la actual red de carreteras. Así era como alguien de La Toba o Los Galdones podía llegar hasta Los Anchos o Prado Maguillo sin tener que dar un inmenso rodeo.


Los Anchos

Prado Maguillo

La Toba

Los Galdones

Los Galdones


El bien merecido descanso tuvo la amena compañía de los habituales pajarillos forestales de la Sierra de Segura. Piquituertos, herrerillos, carboneros y mitos fueron los más simpáticos mientras que los mirlos capiblancos fueron tan huraños como siempre.


Piquituerto (Loxia curvirostra)

Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus)

Carbonero garrapinos (Parus ater)


Apenas había trasiego de aves rapaces, solamente unos decepcionantemente escasos buitres leonados, pero no quería bajar la guardia ante de la posible aparición de algún quebrantahuesos y levanté la mirada hacia la larga sucesión de cortados que tenía a mi lado.
Fue entonces cuando vi que un macho de cabra montés me observaba con atención, cosa que me brindó darme cuenta también de la presencia de un pequeño grupo de acentores alpinos que habían estado pasando desapercibidos al alimentarse en silencio.




Cabra montés (Capra pyrenaica)

Acentor alpino (Prunella collaris)

Cabra montés (Capra pyrenaica)

Acentor alpino (Prunella collaris)

Posiblemente Lepista nuda


Después del mediodía se nubló tanto que no me pareció que mereciera ya más la pena estar allí, por lo que bajé sin prisas por la tarde mientras pensaba en lo realmente bien que sientan estos momentos de soledad en medio de la naturaleza.