jueves, 6 de octubre de 2016

Torres de Albanchez: que lo bueno no cambie jamás





Pura nostalgia, eso es lo que definiría el contexto de esta entrada con más fiabilidad, y es que no puedo evitar que esa emoción sea la que me invada al recorrer de nuevo los parajes de Torres de Albanchez por haber sido mi puerta de entrada a la Sierra de Segura hace cinco años ya... y no sólo eso, también esa parte de la Sierra me vio dar mis primeros pasos fotografiando fauna y creando este blog.

Es quizás uno de los rincones más desconocidos en cuanto a valores naturales, cosa comprensible al pasar desapercibido su típico entorno de pinar alternado con olivares en comparación con las más conocidas cumbres de escenarios majestuosos y fabulosas sendas de verdor perpetuo junto a arroyos y cascadas del Parque Natural.
Pero no obviemos el valor ecológico de estos parajes en los que los omnipresentes pinos y olivos también se ven acompañados por encinas, quejigos, jaras blancas, enebros, torviscos, escaramujos, majuelos, romeros y un largo etcétera, sobre todo al constituir estos mosaicos de distintos ecosistemas una oportunidad para avistar un repertorio de fauna muy variado.

Así, por ejemplo, esta transición del pinar a las tierras de labor son buenos cazaderos para rapaces como el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y la culebrera (Circaetus gallicus) al mismo tiempo que los aislados afloramientos rocosos son un buen refugio para especies tan rupícolas como la cabra montés (Capra pyrenaica) y el roquero solitario (Monticola solitarius).















Esto es más acusado en el collado que hay en dirección hacia Villarrodrigo, viendo el pinar con matorral mediterráneo a un lado y llanos con encinas al otro. Un lugar abundante en pájaros forestales como el carbonero garrapinos (Parus ater) y altamente frecuentado por rapaces como águilas calzadas, culebreras y halcones peregrinos (Falco peregrinus).









No en vano he escogido esta localidad para dar un par de paseos en buena compañía, en los que pude ver una mariposa macaón (Papilio machaon) de las que eligen la cima del Cerro del Castillo para sus peleas territoriales (mirad en qué estado de desgaste se encontraba ya), un joven halcón peregrino recientemente emancipado, una culebrera y la gran sorpresa de un águila real (Aquila chrysaetos) volando muy baja, tanto que ni se pudo fotografiar bien al ser algo tan repentino.

Y eso que esto es sólo una muestra, durante los meses que tengo por delante ya irán desfilando otros insignes habitantes de Torres, ya aparecerán...








Me encantan los broches finales, es bien sabido, y es que no hay nada como seguir encontrando bichejos volviendo a casa al anochecer, como por ejemplo este macho de mantis (Mantis religiosa) y un ratón de campo (Apodemus sylvaticus), o la muy representativa imagen del roquero solitario con su silueta recortada ante el casi llameante ocaso.








lunes, 3 de octubre de 2016

Un sábado realmente agreste





El día 17 de septiembre volví a subir desde el nacimiento del río Segura y la Cañada de la Cruz hasta el mirador de Juan León, en vista de lo mucho que me gustó aquello en mi primera visita, aunque esta vez con intención de patear más aquel quebradísimo rincón.

Llegando al nacimiento del Segura ya tuve los primeros encuentros con la fauna local, como por ejemplo varias ardillas (Sciurus vulgaris) distintas y unas urracas (Pica pica) comiendo el cadáver de un ciervo.










Durante la parte más forestal del recorrido me acompañaron habitantes típicos del bosque como piquituertos (Loxia curvirostra), trepadores azules (Sitta europaea) o águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) al mismo tiempo que podía admirar buenos ejemplares de pino laricio (Pinus nigra).
También muchos otros pájaros sin fotografiar como carboneros garrapinos, reyezuelos listados, papamoscas grises, escribanos montesinos o mitos, resaltando la gran importancia de conocer sus reclamos porque mentiría estrepitosamente quien diga que el oído no es necesario a la hora de identificar especies en un bosque.








Las vistas, como en la ocasión anterior, se tornaron espectaculares al abrirse sobre los cortados rocosos donde el graznido de cuervos (Corvus corax) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) ponía la banda sonora junto al viento y los buitres leonados (Gyps fulvus) mostraban sus enormes siluetas. Junto los buitres tomó altura un gavilán (Accipiter nisus) que desde luego se veía muy empequeñido a su lado, y también se dejaron ver un cernícalo y un águila calzada.












Peña Amusgo

Torres de Albanchez al fondo





Una curruca tomillera (Sylvia conspicillata) me dio la oportunidad de poder fotografiar la especie por primera vez en esta sierra, al igual que ocurrió con una muflona (Ovis musimon) con su cría, porque de hecho no había visto nunca muflones por el Parque Natural hasta ahora. También vi un par de ciervos casi al mismo tiempo que los muflones, pero se marcharon corriendo hacia el bosque de inmediato sin darme la más mínima oportunidad fotográfica, cosa que no ocurrió con un joven macho de cabra montés (Capra pyrenaica) al que sorprendí tumbado al sol.









Como decía más arriba, no me conformé en esta ocasión con acabar mi recorrido donde la vez anterior, y estuve avanzando más por el agreste terreno de roquedos y precipicios hasta llegar a divisar cerca los Campos de Hernán Perea, la mayor altiplanicie de nuestra geografía con más de cinco mil hectáreas. Voy avisando de que más adelante habrá por aquí una publicación específica sobre este mítico paraje...
Con respecto a los animales, por supuesto que se seguían viendo chovas y buitres, y encontré un hermoso ejemplar de araña lobo (Lycosa hispanica).



La Sagra (Granada)

Sierra Nevada (Granada)

Banderillas

Campos de Hernán Perea






A la vuelta hice una parada bien calculada para buscar lagartijas de Valverde (Algyroides marchi), que se hicieron de rogar hasta que al fin pude ver y fotografiar varios ejemplares distintos.
Se ve muy bien lo que las distingue de otras lagartijas en un primer vistazo, el contraste entre las partes superiores más claras que sus oscuros flancos, y más de cerca se aprecian las grandes escamas (hexagonales) del dorso.








Lo visto durante el regreso no tiene nada distinto que no viera en la ida, excepto la curiosidad de los buitres yendo a posarse en los pinos y, sobre todo, un águila calzada portando lo que parece el ala de otra ave, sin olvidarme de la emblemática Piedra Horadada y una torta de manteca con chocolate, ambas en Pontones.