viernes, 15 de septiembre de 2017

Animación en el Brazo del Este




Mientras que muchas zonas de Andalucía muestran una cara poco favorecedora durante el verano, con todo agostado y achicharrado, el paraje natural del Brazo del Este se muestra lozano y agradable con el verdor de sus arrozales en su apogeo.
Además, al mantener agua mientras que las marismas del Guadalquivir están secas, hace de poderoso imán para las aves acuáticas que vienen aquí a alimentarse junto a las que aún acaban su temporada de cría y las que que simplemente hacen un alto en su viaje migratorio.

Por ello el sábado 2 de este mes lo escogimos para una quedaba Ismael, Aurora y yo, que ya hacía algo más de un año sin vernos. Lo que he contado un poco más arriba quedó patente con los buenos números que ahora hay en el paraje de especies como espátulas (Platalea leucorodia) o moritos (Plegadis falcinellus), con algunos grupos de flamencos (Phoenicopterus roseus) que se unen a estas grandes bandadas que incluyen avefrías, cigüeñuelas, garcillas bueyeras, garzas reales e imperiales, combatientes, andarríos bastardos o archibebes comunes.










Es ahora el momento del celo de los tejedores amarillos (Euplectes afer), pues para estas aves originarias del hemisferio sur es como si ahora estuviéramos a punto de empezar la primavera, por lo que vemos a los machos lucir sus mejores colores y exhibirse mientras que nuestras aves autóctonas se preparan para el salto migratorio a África. Por esto último es fácil encontrarse estos días con especies como el andarríos chico (Actitis hypoleucos) compartiendo espacio con numerosos viajeros como la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), el martinete (Nycticorax nycticorax), el águila pescadora (Pandion haliaetus) o la cigüeña negra (Ciconia nigra). Aunque habrá casos en los que muchas de estas aves prefieran pasar el invierno en estos humedales en vez de pasar al continente africano.











Hay otras aves que más raramente se verán en invierno por aquí, y lo más probable es que yo no vuelva a verlas hasta marzo cuando ya se hayan marchado. Es así con las canasteras (Glareola pratincola), las pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica) y los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), estos últimos aún con sus hijos reclamando comida de manera muy insistente.










¿Cómo voy a cerrar la publicación? Pues con imágenes de los siempre fotogénicos atardeceres marismeños, por supuesto. Precisamente hoy andaré por allí de nuevo, veremos si se da bien la cosa.











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