En el mismo pueblo de Cortijos Nuevos puedo asomarme a mi pequeño balcón y ver algunas de las lavanderas blancas (Motacilla alba) que tenemos aquí como reproductoras, y especies estivales propias de estas tierras meridionales como el vencejo pálido (Apus pallidus), el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y la culebrera (Circaetus gallicus). Como dato interesante, hace tres noches vi también un autillo posado en la antena de ese mismo tejado en el que fotografié la lavandera.
Tras esta breve introducción, que espero sinceramente que haya servido para transmitir el ambiente de relax de las tardes, entramos en faena con los endemismos a los que hago alusión en el título de la entrada.
Subiendo al Yelmo, majestuoso pico calizo que se impone en el paisaje de Cortijos Nuevos, he tenido al fin la oportunidad de ver por primera vez las flores de la violeta de Cazorla (Viola cazorlensis), endémica de estas montañas de Jaén y también presente en Granada, Albacete y Murcia.
Se trata de una violeta rupícola que se da en suelos rocosos de calizas y dolomías y tan sólo es polinizada por la esfinge colibrí.
Haciendo una visita al Yelmo Chico también he podido encontrar florecida la grasilla andaluza (Pinguicula vallisneriifolia), una planta atrapamoscas endémica de la Cordillera Bética que vive en paredones rezumantes o próximos a saltos de agua.
Y no están solas, allí también florecen peonías (Paeonia broteroi) y la orquídea del lagarto o satirión barbado (Himantoglossum hircinum).
Hay oportunidades de avistar aves como abejarucos, culebreras, perdices rojas (Alectoris rufa) o la siempre impresionante águila real (Aquila chrysaetos), pero si hay un vertebrado por el que merece la pena ir hasta allí es la lagartija de Valverde (Algyroides marchi), que comparte con la grasilla su condición de endemismo bético y sus requisitos de hábitat.
Creo francamente que con esta entrada os podéis hacer una idea de la rica biodiversidad que atesora la zona donde vivo, que gusta especialmente al hablar de la que tengo más cerca de casa. Ya habrá tiempo de escribir sobre salidas más remotas, que tengo varias reservadas...
Se trata de una violeta rupícola que se da en suelos rocosos de calizas y dolomías y tan sólo es polinizada por la esfinge colibrí.
Y no están solas, allí también florecen peonías (Paeonia broteroi) y la orquídea del lagarto o satirión barbado (Himantoglossum hircinum).
Me ha llamado la atención la bandada de abejarucos. Nunca he vista tantos juntos
ResponderEliminarPienso que sería un buen grupo migratorio, estaban muy concentrados en unos chopos y no los he vuelto a ver volar por ese sitio.
EliminarDesde luego que es rica la biodiversidad y, lo mejor, es que la tienes al lado de casa.
ResponderEliminarEspectacular el surtido de especies, sobre todo, de orquídeas.
Saludos
Tenía unas ganas enormes de que llegase la primavera por esto mismo, ahora cualquier salida por el campo es una delicia.
Eliminar¡Saludos!
Que impressionante diversidade de espécies ao longo de um passeio tão bonito e, melhor, tão perto de casa... maravilhas ao alcance dos mais atentos olhos... um campo espetacular de papoulas e tantas e tantas orquídeas!... Magnífico!
ResponderEliminarUm beijo
Estoy encantadísimo con lo que la primavera me está descubriendo en el valle donde vivo.
Eliminar¡Saludos!