No obstante, de cuando en cuando puedo disfrutar allí de la aparición de buenos números de esta elegante zancuda que incluyen muchos ejemplares adultos, como aquella vez en diciembre cuando me los encontré en una tabla de arroz ya fangueada.
Pues bien, durante febrero los he ido viendo durante más de una semana, desde el día 14 al 23, y tal vez sigan allí cuando me asome a bichear esta semana, quién sabe. Por si acaso, les dedico esta entrada a ellos por lo mucho que han hecho disfrutar al irlos encontrando incluso en rincones donde nunca antes los había visto por este paraje.
Y no están solos, han llegado junto a buenas concentraciones de avocetas (Recurvirostra avosetta), y numerosas espátulas (Platalea leucorodia) que se unen a los no pocos ejemplares residentes, de tal manera que las salidas pajareras por allí han sido todo un gustazo, pero eso ya lo vamos a ir viendo más despacio en las siguientes entradas.
Como siempre sucede con ellos por norma general, son los jóvenes quienes se dejan ver más de cerca, estando los adultos más precavidos y alejados de los carriles, si bien no tardan en apartarse cuando ven llegar un coche, con ese paso suyo que parece lento pero los aleja bien antes de que te des cuenta. A veces tienes la suerte de que pasen volando cerca de tu posición cuando se desplazan de una masa de agua a otra, siendo impresionante ese parpadeo rojinegro que desatan en el aire.
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