El alcaraván se supo adaptar al auge del olivar y se le puede encontrar en muchos puntos de la provincia, pero no es así con otra especie de ambientes esteparios que no pasa por sus mejores momentos en Andalucía. El aguilucho cenizo (Circus pygargus) originalmente criaba en grandes extensiones de llanuras herbosas, pero en su ausencia ha pasado a depender del modelado humano del paisaje y cría en los campos de cereal, una dependencia que le pasa factura en demasiados casos.
Así, a los reclamos de alcaravanes, mochuelos y abubillas se unen las llamadas de los aguiluchos cenizos, enfervorecidos por el celo, su instinto les dice que es hora de emparejarse y criar descendencia un año más. Los machos, realmente bonitos con su suave combinación de colores, vuelan sobre el labrantío mientras las pardas hembras se les unen, incluso algunas con mayor énfasis vocalizador que ellos.
No pocas de esas aves están sufriendo los efectos de los cambios en las prácticas agrícolas, pero el aguilucho cenizo lleva la peor parte al ser cosechado el cereal de manera tan temprana que los pollos y también los adultos acaban destrozados por las segadoras. Su población se desploma, corren peligro de desaparecer de Andalucía mientras que la administración se desentiende del problema.
Quienes salimos al campo a observar aves podemos colaborar enviando los avistamientos de aguiluchos cenizos al enlace que dejo abajo. No permitamos que escenas como las reflejadas en esta entrada dejen de verse en nuestras campiñas.