Durante el otoño ya habíamos tenido algunas nevadas en las cotas más altas de la Sierra de Segura, pero ninguna como esta última de hace una semana que ha cubierto del níveo manto buena parte del término de Santiago-Pontones, tanto que aún persiste y se pueden divisar sus cumbres nevadas desde otros puntos de la provincia de Jaén.
El domingo 19 me apeteció estrenar el invierno a lo grande (pero el invierno real y no el que dice el calendario, por si algún listillo ya lo estaba pensando) yendo un paraje que sabía que me mostraría toda la grandiosidad invernal en su más sublime expresión: los Campos de Hernán Perea.
Ya he mostrado esta gran altiplanicie en anteriores publicaciones, recorriendo más rincones cada vez, disfrutando de la naturaleza agreste de uno de los lugares con más personalidad del parque natural, y ahora era el momento de cumplir mi pequeña ilusión de hacer un recorrido invernal como los que veía en las fotografías de guías excursionistas.
Escogí partir del nacimiento del río Segura, por no haber allí nieve y así poder dejar el coche con mayor seguridad, para empezar a seguir a pie el sendero que lleva al refugio Campo del Espino, primero con tímidas pinceladas nevadas hasta que el pinar se tornaba más blanco y así llegar a las zonas más desarboladas y desoladas en las que pude paladear a mis anchas la blancura del entorno con ese efecto de silencio generalizado que producen las nevadas. Os remito a este blog amigo en el que queda explicado esto último que digo, pinchad aquí.
En este recorrido a pie tuve algo de compañía animal a pesar de la soledad que casi se puede palpar en las imágenes, la vida sigue su curso y allí se podían oír y ver cuervos, pardillos, carboneros y piquituertos. No es desde luego la mejor situación para observar fauna, quedando en algo meramente estético, para ver a los habitantes de la sierra hay que ir a donde ellos encuentren refugio y alimento.
Estando nevadas las cimas de montes como el calar de Nava del Espino y El Yelmo, las aves de montaña como las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y los acentores alpinos (Prunella collaris) estaban muy cerca del pueblo de Segura de la Sierra, alimentándose a pocos metros de la casas. También las cabras montesas (Capra pyrenaica) se dejan ver ahora con facilidad a cualquier hora del día.