Ya sí podemos decir que llegó el otoño, pero no el de los calendarios cuando aún hace calor (y más todavía durante estos últimos años con veranos tan largos), sino el que verdaderamente marca la naturaleza con bajadas de temperatura, lluvias y el cambio de colores del que vamos a disfrutar en profundidad con esta entrada especial que he montado para la ocasión.
Durante el mes de octubre es cuando vemos por última vez a muchas aves migradoras que marchan al continente africano, como es el caso de esta culebrera (Circaetus gallicus) que vi en Torres de Albanchez el día 6 y a estas alturas ya la puedo considerar como la última que veo hasta el regreso de estas hermosas rapaces cuando llegue el mes de marzo. Aunque esperaba ver alguna otra todavía, puesto que tengo por ejemplo el registro de otra culebrera el 16 de octubre del 2014, y del mismo modo me encontré el pasado día 20 con una collalba gris cuando ya pensé que se habrían marchado todas.
Otras aves se quedan con nosotros durante los meses fríos, pero al mismo tiempo que sus congéneres de tierras más norteñas llegan a invernar en la Península Ibérica y aumentan así sus números. Tal es el caso de la paloma torcaz (Columba palumbus) y del gavilán (Accipiter nisus). Con el gavilán, además, tenemos muchas más oportunidades en esta época de ver ejemplares en nuestras salidas por el campo por haber numerosos juveniles que vagabundean en busca de sustento incluso dentro de los pueblos, como pasó con esta gavilana que causó gran revuelo de estorninos sobre los tejados de Cortijos Nuevos, y yo por suerte tuve la cámara cerca para guardar un recuerdo del momento.
Las salamandras han sido especialmente motivo de gozo para mí, al no haber visto hasta ahora ejemplares adultos de la subespecie morenica que tenemos distribuida por Sierra Morena y el Macizo Prebético, con esas características motitas rojas junto a las típicas de color amarillo. Es un animal bien conocido en la Sierra de Segura, donde recibe el nombre popular de "tiro" y es considerado bonito por muchas personas, aunque aún acarrea por desgracia supersticiones sobre un nivel de peligrosidad venenosa que desde luego no posee.
Una buena imagen de despedida es la de Hornos de Segura en un paseo que olía a tierra mojada y tenía la banda sonora de mirlos, petirrojos, zorzales y currucas.