El domingo 15 llegó la tercera parte de esta Saga de Grazalema que con tanto gusto y satisfacción empecé en octubre. Esta vez además fui acompañado por Javi Pérez, que hace poco ha colgado también su reseña del día serrano y bichero que pasamos en este enlace: pincha aquí.
Fuimos con idea de hacer la ruta del Salto del Cabrero, cosa que no pudo ser al final por un motivo que ya diré más abajo, aunque seguro que os podréis imaginar por anticipado de qué se trata.
Hicimos una primera parada en el abrevadero donde los mirlos capiblancos (Turdus torquatus) bajan a beber, se hicieron de rogar pero aparecieron varias veces junto a otros pájaros como el escribano montesino (Emberiza cia), el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla), el carbonero común (Parus major), el herrerillo común (Parus caeruleus), el verdecillo (Serinus serinus), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) y la curruca rabilarga (Sylvia undata). No cabe duda de que este abrevadero está muy solicitado.
Llegados al Puerto del Boyar nos topamos con la triste realidad de las sierras españolas... la ruta del Salto del Cabrero estaba cerrada por haber una cacería, mientras el parque natural se lavaba las manos poniendo simplemente en el letrero que la ruta está cerrada por causas ajenas al parque... así nos luce...
Lo bueno es que allí mismo hay un plan B muy atractivo, partiendo desde el mismo lugar la ruta del Pozo de las Presillas. Estaba todo atestado de domingueros, con su peculiar costumbre de hablar gritando, ¿¿por qué tiene que ser el griterío un rasgo tan ibérico?? Afortunadamente, por la tarde aquello fue quedando prácticamente desierto y el atardecer fue fabuloso en ese espectacular entorno del Endrinal, acompañados por cabras montesas (Capra pyrenaica), un gavilán (Accipiter nisus), chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y tres ejemplares distintos de collalba negra (Oenanthe leucura), portándose a las mil maravillas una de las collalbas a la hora de dejarse fotografiar bien (he aquí la diferencia entre andar a gritos y ser discreto y respetuoso).
| Tan tranquila estaba que se permitió acicalarse y rascarse |
Al igual que la culebra bastarda es una serpiente opistoglifa, es decir, posee los dientes del veneno en la parte posterior del maxilar superior. Esta posición atrasada de los dientes inoculadores de veneno y la baja toxicidad del mismo hacen que realmente no sea peligrosa para nosotros. Es conveniente una mejor educación ambiental en este país con tan bajísima cultura natural (ayer mismo me contaron una vez más la inverosímil leyenda urbana de la serpiente pitón que mide a su dueño mientras duerme para ver si se lo puede comer) para acabar con ese odio estúpido hacia estos animales.
| Así me debo ver cuando voy mirando bichejos |
Al repertorio hay que sumar unas especies sin fotografiar que merecen ser mencionadas por su interés:
- Lúganos.
- Acentores alpinos.
- Roquero solitario.
- Larvas de salamandra.
- Arañas negras de los alcornocales (ejemplares juveniles y un gran adulto).
- Culebrillas ciegas (dos ejemplares que se enterraron a la velocidad de la luz sin darme tiempo).
- Búho real.
Cada visita a este parque natural me aporta nuevas emociones y sorpresas, no os extrañará que en tan poco tiempo ya figure entre mis preferidos. No hay mejor despedida para esta entrada que una panorámica del lugar en el que empecé mis andanzas por aquí, El Torreón, mayor altura de este macizo.
