viernes, 19 de diciembre de 2014

El Yelmo




El pasado viernes 12 llegó el momento de animarme a subir al pico más alto (1.809 metros) del entorno que frecuento, aunque no es la mayor altura de la Sierra de Segura (Empanadas, 2.106 metros) y, ni mucho menos, del parque natural.

Ver la gran mole del Yelmo es para mí uno de los emblemas de la zona junto con El Cambrón o el pueblo de Segura con su castillo, pero no conocía su cumbre y ya iba siendo hora de disfrutar de la panorámica que prometía semejante atalaya natural.
La idea era hacer la ruta que sube desde la casa forestal del Campillo, pero un imprevisto por la carretera me hizo perder tanto tiempo que no iba a ser posible hacer la ruta en condiciones, así que no tuve más remedio que resignarme a tomar la carreterucha que lleva a la cima, una horrible pista por la que no caben dos coches... menos mal que esa tarde no había nadie, imaginad el cuadro que se debe montar cuando se encuentran dos coches de frente y uno debe retroceder con el precipicio al lado.

Me perdí la subida a pie, pero a cambio me llevé la ventaja de la rapidez y pude pasar mucho rato en la cumbre, pisando nieve en las zonas donde la sombra impide que se funda y contemplando unas vistas alucinantes. Me gustó especialmente ver el pueblo de Segura de la Sierra como una maqueta, y poder ver al mismo tiempo ese pueblo junto a Orcera y Torres de Albanchez, casi nada. También aparecen por ahí Peñalta, el calar del Navalperal y el del Espino, el cerro Bucentaina, el Mentiras, etc... 






Torres de Albanchez y su pedanía Fuente Carrasca

El Cambrón





Torres de Albanchez, Orcera y Segura de la Sierra



La fauna montaraz se hizo notar con especies tan carismáticas como el águila real (Aquila chrysaetos) y la cabra montés (Capra pyrenaica).
Fueron dos ejemplares de águila real los que se dejaron echar el ojo mientras iba llegando a la cima, un adulto y un joven tomando altura en una térmica, y un macho montés brindó una estampa preciosa al asomarse a un precipicio nevado.








A diferencia del Navalperal con sus nutridos bandos de cuervos, el córvido representativo del Yelmo es la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), formando numerosísimas y bulliciosas bandadas que alegran muchísimo la cumbre con esos reclamos suyos que, para mi gusto, son una banda sonora ideal de la alta montaña.
No podía faltar la presencia invernante del acentor alpino (Prunella collaris), especie que ya he visto en El Cambrón, Peñalta y el castillo de Segura, por lo que era de esperar que estuvieran aquí también. Se camuflan tan bien con el medio mientras comen que no los ves hasta que levantan el vuelo, pero al final acabas por verlos posados y bastante confiados, incluso comiendo a pocos metros de ti como si nada.














Avistamientos de calidad de fauna en un escenario soberbio, poco más se podía pedir... por ejemplo regresar a casa con el atardecer dando un toque final muy acertado.
Según me dijeron, las dos montañas nevadas que veis son La Sagra (ya en tierras granadinas) y El Almorchón, y la imagen final corresponde al embalse del Tranco, con el pueblo de Hornos de Segura y su castillo (aunque se vean discretamente).

Tendré que volver haciendo la subida a pie, porque El Yelmo es más que esa gran montaña que veo desde muchos puntos de mis distintos lugares de campeo, también debe formar parte de ellos.





lunes, 15 de diciembre de 2014

Primera semana de diciembre




Hacía tiempo que no hacía resúmenes semanales y, retornando al estilo de algunas entradas de los inicios del blog, me ha apetecido condensar lo mejor de los primeros cinco días del mes, pudiendo mostrar como mínimo una cosa cada día.

Lunes 1:

Este día no hice ninguna salida pajarera, puesto que por la tarde iba a estar ocupado en el colegio, no obstante tuve una visita en la terraza de parte de un escarabajo estercolero (Copris hispanus), al que llevé al jardín por si otro vecino lo veía y no se le ocurría nada mejor que pisarlo.
Su color negro lustroso se tornó en purpúreas iridiscencias al colocarlo bajo el sol del mediodía, mostrando una vez más que las cosas dependen del ojo con que se miren.








Martes 2:

Una mañana que se despejaba gradualmente invitaba a una buena salida serrana, de modo que elegí hacer la ruta del Calar del Espino. La meteorología discrepó severamente conmigo, nublando el día repentinamente y haciéndome cambiar de planes sobre la marcha, así que decidí dar un tiento a las cabras monteses (Capra pyrenaica) del castillo de Segura de la Sierra, en vista de que para disfrutar de estos animales no es necesario tener cielos limpios y luminosos, además de que se ve se animan a dejarse ver mejor en esos días en que la afluencia humana llega a ser nula.
Y menudo giro de acontecimientos me regaló el destino, porque entre las hembras y chivos había tres machos. A dos de ellos ya los conocéis por la entrada anterior, ¿reconocéis sobre todo al que apenas tiene patrones negros en su pelaje? 
Pero el tercer macho montés en liza era un ejemplar nuevo... y tan nuevo y formidable, ni más ni menos que un gran macho adulto con todas las papeletas para ser el gran sultán de la zona como no le rete un contrincante de armas equiparables.
Gran tamaño y robustez, pelaje con mucha extensión de color negro y gruesos cuernos eran su tarjeta de visita, siendo hasta la fecha el mejor ejemplar que he visto. No es desde luego como esos monstruos de inmensa cornamenta que grabó Félix Rodríguez de la Fuente en este mismo parque natural (recordemos esos tiempos pinchando aquí y aquí), pero a mí me encantó observarlo, sentándome en la hierba y disfrutando de los quehaceres del rebaño una vez que les dio igual mi tranquila y poco amenazadora presencia.



















Miércoles 3:

Aquella vez sí llegó un día despejado y espléndido que no se me nublaría, y elegí sin dudar ir a la cumbre de Peñalta con sus impresionantes panorámicas y buenas opciones de avistar fauna.
Mi anterior visita tuvo mucho factor improvisado, pero en esta ocasión hice la ruta que parte desde El Pilarillo hasta la cumbre, como muestra el mapa, subiendo hasta el lapiaz de su cima entre bosques de pinos, encinas, coscojas, jaras y romeros con buenas vistas a la serranía circundante y viendo especies forestales como el inquieto herrerillo capuchino (Parus cristatus).
La sorpresa del día me esperaba al ir acercándome al tramo que lleva a la cumbre, cuando me llamó poderosamente la atención la silueta de una enorme ave que resultó ser ni más ni menos que un águila imperial (Aquila adalberti). A muchos les extrañará la presencia de esta rapaz en la Sierra de Segura, pero quienes me conocen de hace tiempo ya vieron relatado en el blog que solía ver la especie durante el curso 2011/2012 entre Torres de Albanchez y Villarrodrigo (localidades próximas a Siles), y no sólo ejemplares juveniles como el de la fotografía, sino también incluso un adulto y un damero.
Con respecto al individuo de la foto, es un jovenzuelo que puede proceder de Sierra Morena, aunque no niego mi ilusión de que la especie esté continuando su colonización de estas tierras. Este jovencito desde luego venía con el buche lleno, y en los llanos agrícolas y de dispersos encinares no tendría problemas para buscarse la vida a base de palomas torcaces, córvidos y otros bichos que se pongan a tiro de sus picados.




Piedra del Agujero









En la quebrada cima había varias cabras monteses, a las que no fotografié porque ya tuve de sobra el día anterior, prefiriendo el sencillo placer de observar sus imposibles brincos, y una fugaz ardilla que huyó de igual modo saltando por el roquedo, en lugar de tronco arriba como estamos acostumbrados. Unos familiares reclamos dirigieron mi atención hacia el grupito de acentores alpinos (Prunella collaris) que han elegido Peñalta como residencia de invernada, esta vez por fin con muy buena luz a mi favor.







Calar del Espino

Segura de la Sierra y El Yelmo

Embalse del Tranco



Jueves 4:

Nuevamente estaría ocupado por la tarde, así que solamente hice una breve salida por el pantano de Arroyo Frío. El mirlo acuático se me escaqueó, literalmente porque lo vi volar a ras de agua, pero me llevé a cambio una muy agradable sorpresa al encontrar una larva de salamandra (Salamandra salamandra). Esto para mí es de suma importancia, porque me interesa muchísimo tener un lugar donde salir en las noches primaverales en busca de anfibios, y este lugar reúne unas condiciones aparentemente idóneas... el tiempo dirá.





Viernes 5:

Acabo igual que empiezo, sin tener ninguna salida serrana pero pudiendo enseñar algo que vi desde mi piso. Por las mañanas escucho reclamos y veo avecillas como herrerillos, carboneros, lavanderas, mitos, colirrojos tizones o incluso gorriones chillones, a los que se suman los agudos y nerviosos silbidos de los reyezuelos listados (Regulus ignicapilla) que merodean por unos cipreses que dan a la ventana de mi dormitorio. Acabé por poder verlos, e incluso sacarles alguna foto decente dentro del estándar que permiten tan inquietos y diminutos pájaros que, con sus nueve centímetros, están entre los más pequeños de Europa. ¡Comparad su tamaño con el de las piñas!






Dejando un atardecer forestal desde la ruta de Peñalta, espero que os haya gustado tanto como a mí el recorrido de los cinco primeros días de diciembre. Para la próxima entrada me centraré en una única salida, no es para menos habiendo estado en uno de los lugares más emblemáticos de la zona... algunos seguro que ya habéis acertado.