miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pinares llenos de vida




Recopilemos nuevamente material segureño en una entrada con lo más destacado de la semana pasada.
El día 9 fui por la carretera que va desde Siles a Segura de la Sierra pasando por la zona de Las Acebeas, en busca de un animal que no llegué a ver (y ya van dos intentos). En cambio disfruté en las afueras de Segura de la Sierra de un paseo por un sendero que sale de la parte alta de su pueblo junto al castillo, viendo los tóxicos frutos de la peonía y un nutrido bando migratorio de vencejos reales (Apus melba) cuando ya apenas quedaba luz.
En esos pinares se oía multitud de reclamos de aves, siendo el primer punto referente al título de la entrada. Pude ver reyezuelos listados y grupos de mitos buscando alimento entre las agujas de los pinos mientras contemplaba el paisaje sentado en una roca junto a rastros de cabras montesas.


El Yelmo y el castillo de Segura de la Sierra





Al día siguiente tocó ir a Torres de Albanchez y subir al Cerro del Castillo, una apuesta casi segura al ser un sitio que frecuentaba hace tres años y que llegué a conocer muy bien.
Al principio localicé unos cuantos papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca) entre los carboneros comunes y pinzones vulgares, y no tardaron en aparecer las águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), verdaderas protagonistas del lugar al haber varias parejas en el entorno y en el mismo cerro. Las calzadas están muy vocingleras estos días, reclamando en pareja con mucha frecuencia, hasta que el mes que viene nos abandonen durante los meses fríos.


Vistas del Navalperal y El Yelmo, con Segura de la Sierra entre medias







Además tuve encuentros inesperados y fugaces con una gavilana y una cabra montesa que huyeron al verme aparecer en la base rocosa de la cima, con apenas un par de minutos entre ambos avistamientos.
Una vez arriba se disfrutan de unas vistas espectaculares, donde uno puede ver al mismo tiempo los dos pueblos con castillo medieval: Segura de la Sierra y Hornos de Segura.





El tercer día, el miércoles 11, probé una ruta cercana al pueblo partiendo del área recreativa Peña del Olivar en las mismas afueras, un recorrido improvisado muy fatigoso (cuesta arriba todo el tiempo) pero muy gratificante. Al alejarme de dicha área y su "piscina" natural subí por un sendero con pinares a mi izquierda y unas vistas espléndidas a mi derecha, con huertos y olivares enmarcando una panorámica de Siles de verdadera postal, preciosa.


Con El Cambrón al fondo

Torre del Cubo


En el primer tramo de bosque topé con simpáticas habitantes, un par de ardillas moviéndose por los troncos y ramas con esa acostumbrada e insólita agilidad suya. Observad que el primer ejemplar tiene una faz mucho más pálida.







Con el flash para probar

Fuente El Noguerón


Al ganar altura iba cambiando el entorno, de un bosque húmedo a un ambiente más mediterráneo, mezclándose los pinos con encinas, romeros, jaras blancas e incluso madroños. 
Aquí es donde cobra más sentido el título de la entrada, siendo casi constante el sonido y avistamiento de aves forestales como arrendajos, picos picapinos, pitos reales, mitos, carboneros comunes, herrerillos capuchinos, currucas cabecinegras, petirrojos, agateadores o trepadores azules. Entre ellos destaco la presencia de un paseriforme que sólo puedo ver durante estos pasos migratorios (igual que con el papamoscas cerrojillo de más arriba): el bonito colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus).
España está llena de bosques preciosos, pero muy vacíos de animación ornítica, mientras que podemos decir que estos pinares sí están realmente muy vivos.





Para acabar, en vista de que gustaron mucho en mi perfil personal de Facebook unas fotos de las nubes moviéndose ante la luna, las comparto aquí también.
Estad atentos, que se avecina otra buena tanda de fauna segureña con mucha miga...







jueves, 11 de septiembre de 2014

Retales de aquí y allá


Llego a acumular bastantes fotografías que se quedan sin salir en entradas de blog, por no encajar en ninguna más que nada, pero aquí les brindo la oportunidad de aparecer y compartirlas con vosotros.
Unas por puramente bonitas, otras por aparecer una especie concreta, y otras por el momento vivido.

Empiezo con una mariposa chupaleche (Iphiclides podalirius) que apareció mientras hacía una visita al castillo de Alcalá la Real el 9 de julio. Sólo llevaba el objetivo corto, pero se dejó acercar muchísimo y el resultado me gustó sobradamente.







Yendo a ver otro castillo, el de Calatrava la Nueva en tierras manchegas el 22 de agosto, tuve la sorpresa de ver varios ejemplares de collalba negra (Oenanthe leucura) cuando mi hermano me dijo "mira, un pájaro con la cola blanca". Se ve que les gustan los castillos, porque en 2011 vi otra en el de La Calahorra (provincia de Granada).
También había un pollo volantón de avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) que aparté de un camino transitado para dejarlo a mejor resguardo (sus padres no tardaron en atenderle al irme).







Estas fotos que ahora vienen sí que tienen más tiempo, siendo de la primavera pasada en Sevilla. Desde la ventana de mi habitación escuchaba algunas mañanas el canto de una abubilla (Upupa epops), que pudo ser convenientemente retratada cuando el sol empezó a salir más temprano. ¿Se pueden tener mejores buenos días en medio de una capital?
Allí me entretenía bastante probando a sacar los vencejos pálidos (Apus pallidus) en vuelo, así como alguna golondrina común (Hirundo rustica) e incluso algún frustrante intento con los murciélagos. Con todos estos devoradores de insectos me podía permitir dormir con la ventana abierta sin temor al peñazo que dan los mosquitos, ya podría tomar nota mucha gente.











Por último nos iremos a Despeñaperros, reuniendo algunas de las aves que vi en unos cuantos paseos serranos de agosto, como el águila calzada (Hieraaetus pennatus), el milano negro (Milvus migrans), el avión roquero y los siempre presentes buitres leonados (Gyps fulvus).











Muy cerca de allí estuvo el último momento de esta serie, cuando el día 6 de septiembre (vamos, el sábado pasado) se dejó ver un buen ejemplo de las migraciones en la zona conocida como La Aliseda.
Algunos abejeros (Pernis apivorus) cicleaban sobre los pinares y me gustó mucho cuando uno de ellos se dejó echar el ojo junto a una joven culebrera (Circaetus gallicus), sumándose luego un par de calzadas que me dieron la oportunidad de tener las tres especies en el mismo encuadre.
Normalmente las calzadas son las más pendencieras, pero en esta ocasión era la culebrera la que tenía ojeriza con el abejero, cosa curiosa.






Mientras tanto tengo ya casi a punto la próxima entrega de las salidas por la Sierra de Segura, ¡ojo!