martes, 16 de julio de 2013

De Jaén a Cantabria pasando por Ávila



Ahora mismo escribo desde Cantabria y ya he tenido buenas sesiones de pajareo con muchos y buenos acompañantes, pero aún tengo cosillas pendientes, y en esta entrada voy a mostrar lo visto en torno al viaje.

Lo primero es la pequeña salida de la tarde anterior, el jueves día 11,  para despedirme de Sierra Morena en condiciones. Tenía muchas ganas de ver ciervos (Cervus elaphus), en especial a los grandes machos con sus cuernas ya crecidas, así que fui con mi mejor amigo en su búsqueda por Baños de la Encina y encontramos bastantes venados de buen porte con sus cuernas aún cubiertas de borra, además de un muflón (Ovis musimon) con un solo cuerno.









En estas fechas era fácil encontrar atareadas madres con su prole, vimos bastantes ciervas con sus simpáticos cervatillos y perdices (Alectoris rufa) con pollos que ya volaban.









El viernes día 12 llegué con mi familia a Ávila, y dediqué el día a ver la ciudad y sus monumentos (de los que dejo unas pocas fotos) con mis hermanos. El breve momento de pajareo llegó al partir al día siguiente, el sábado día 13, cuando por la mañana pasamos con las maletas ante una iglesia donde los carismáticos cernícalos primilla (Falco naumanni) comenzaban su ajetreo matutino junto a las relajadas cigüeñas blancas (Ciconia ciconia).














Empezó la segunda parte del viaje, desde Ávila a Cantabria, viendo por el camino en ambos trayectos castillos y otras magníficas construcciones, además de muchas rapaces como buitres leonados y negros (algunos volando bajo), milanos reales y negros, aguiluchos laguneros y cenizos, águilas calzadas, ratoneros y cernícalos.
Justo mientras llegaba ya a mi destino en Cantabria, el pueblo de Elechas, me llevé una sorpresa tremenda cuando vi en un cable una rapaz que resultaba pequeña y "colilarga" para ser un ratonero, encima al verle el vientre blanco tuve claro lo que era y saqué la cámara (aprovechando que estaba en una zona donde podía pararme) para fotografiar esta bonita hembra adulta de gavilán (Accipiter nisus) con sus ojazos naranjas. Más tarde, ya en la terraza de la casa, pude ver otro gavilán (quién sabe si el mismo) con un pajarillo en sus garras.



Observad la "ceja" y la mancha blanca en la nuca.




Por la tarde no pude resistirme a dar una vuelta a pesar de que el día se tornó nublado y feote. Un ratonero (Buteo buteo) posó muy cerca en un cable antes de decidir pirarse. Verlos así posados tan cerca de los caminos es algo muy habitual en Cantabria y no tanto en mi tierra, donde lo más parecido es verlos en altos postes de la carretera.






La ensenada donde suelo pajarear aquí estaba muy poco animada entre el tiempo desapacible y la marea alta, así que fui directamente a la casa abandonada donde mi hermano menor encontró mochuelos (Athene noctua) el año pasado... y allí estaba uno de ellos esperándome al ir muriendo la tarde.





Dentro de poco veréis las andanzas entre aves acuáticas y alpinas, con novedades muy jugosas y la compañía de amigos pajareros que conocéis de esta comunidad nuestra de blogs. ¡Hasta pronto!

miércoles, 10 de julio de 2013

Cascada de La Cimbarra




Ya tenía ganas desde hace mucho tiempo de enseñar en el blog uno de los parajes más singulares de esta mi Sierra Morena de Jaén: la cascada de La Cimbarra.
Como ya pensé el año pasado con el nacimiento del río Mundo, era buena ocasión aprovechar las abundantes lluvias para ver cómo el río Guarrizas lleva un buen caudal al caer por los 40 metros de altura de esta zona con categoría de Paraje Natural.

Se encuentra en el término de Aldeaquemada, pueblo remoto y escondido donde los haya, al que se accede por una carretera llena de curvas e interminables mares de pinos, con muy buena señalización y fácil acceso una vez que llegamos.
Así era el espléndido aspecto que lucía el día 19 de mayo, cuando consideré que ya iba siendo hora de hacer una visita.







Es zona de avistamiento de aves rupícolas, como roqueros solitarios, golondrinas dáuricas o aviones roqueros, y entre ellos destaco a los que para mí son los protagonistas de la zona: los vencejos reales (Apus melba).







El más grande los vencejos de nuestra fauna (con alrededor de 50 cms de envergadura) es una de las aves que más me gusta ver en mis salidas, desde que el año pasado los disfrutaba enormemente en la Sierra de Segura por las tardes... allí los tenía en bandeja de plata, pasando a pocos metros de mí con un fuerte "fssssssssssh" al cortar el aire y llenando el cielo con sus trinos (muy distintos de los habituales gritos de otros vencejos), así que es algo que echaba mucho de menos y los he buscado con ganas aquí en Despeñaperros.








Antes nombré al roquero solitario (Monticola solitarius), al que vi y fotografié de lejos en ese entorno, y aquí lo tenemos en pleno vuelo de canto (incluso junto a uno de los vencejos reales) en el cercano paraje de Los Órganos. Esta otra zona también tiene mucho atractivo, en primer lugar con su categoría de Monumento Natural, y por su fauna típica de estos ecosistemas que vamos a ir viendo a lo largo de la entrada.





Haciendo estos trayectos pude topar con algunos de sus habitantes más imponentes entre paisajes de libro; hablo de las emblemáticas rapaces de la sierra, aquí representadas por la abundante culebrera (Circaetus gallicus), la todavía más habitual águila calzada (Hieraaetus pennatus), un macho de águila imperial (Aquila adalberti) y la enorme águila real (Aquila chrysaetos) que encontré posada en una torreta de la carretera que lleva a Aldeaquemada.
Tenemos la fortuna de tener una buena población de rapaces, con excepción del águila perdicera, que está disminuyendo preocupantemente. Así como el alimoche, del que vi un día un ejemplar adulto llevando ramitas en el pico, pero es ciertamente escaso y a pesar de mi avistamiento no se tienen datos constatados de nidificación en la zona.









Un mes después, el día 16 de junio, la cascada tenía este otro aspecto, visiblemente distinto.







Sin embargo, en esas fechas se disfruta bien de la pequeña fauna. Con las dos primeras especies del repertorio no sé identificarlas (la arañita tiene pinta de araña cangrejo), aunque con el tercer bicho sí os puedo decir que es un solífugo (Gluvia dorsalis), un arácnido que no es ni araña ni escorpión, pero es igualmente un predador muy eficiente que siembra el terror en el mundo artrópodo.
Así como también es un terrible depredador la mosca asesina (Laphria marginata) que pillé con su desdichada víctima.








De entre todos los bichejos hay uno al que le tenía especiales ganas porque nunca lo pillaba posándose, es la limonera (Gonepteryx cleopatra), hermoso lepidóptero de un intenso color amarillo con las alas abiertas que hace que parezca un rotulador subrayador viviente.
La otra más pequeña es una ninfa perlada (Coenonympha arcania), y lo otro es obviamente una mantis (sin identificar por mí).






Incluso he podido encontrar algunos herpetos, y uno de ellos no lo había visto hasta ahora (me han tenido que ayudar con la identificación). Una culebra lisa meridional (Coronella girondica) y un pequeño galápago leproso (Mauremys leprosa).
Aquel que preste atención a las plantas podrá encontrar un endemismo como es la dedalera de Sierra Morena (Digitalis mariana).







Este próximo viernes me marcho de vacaciones a Cantabria, por lo que es más que posible que la próxima entrada la publique desde allí, donde espero volver a disfrutar de milanos negros, alcaudones dorsirrojos, alimoches, autillos, limícolas, garzas, el águila pescadora y las nuevas sorpresas que encuentre.
Para despedirme os dejo un par de esas sorpresitas que te deja la naturaleza cuando se siente generosa, un par de hermosos pollos volantones, y como broche final la luna de la noche de San Juan.
Uno es de una especie relativamente fácil de ver, el popular y gracioso mochuelo (Athene noctua), pero el otro es ni más ni menos que el pirata de la espesura, el huidizo y siempre discreto azor (Accipiter gentilis).