jueves, 18 de abril de 2013

Las alturas en el Puerto de Valderrepisa




Muchos de vosotros recordaréis bien mi etapa del curso pasado viviendo en la increíble Sierra de Segura, esas tardes impagables que pasaba paseando por cerros y collados, gozando de preciosas panorámicas y de encuentros únicos con águilas reales, imperiales, calzadas, culebreras, halcones o gavilanes en las alturas.

Esta semana lo he rememorado en un par de salidas por Sierra Madrona, concretamente al subir desde el pueblo de Fuencaliente y desviarme a la derecha en el Puerto de Valderrepisa. Ya me habéis visto algunas fotos de la zona, pero esta vez me animé a subir más alto por los cerros y sentir esa inmensa libertad al contemplar los amplios valles.
No faltaron las rapaces más numerosas y enormes, los buitres, representados en su mayoría por el buitre leonado (Gyps fulvus) y en menor proporción por los emblemáticos buitres negros (Aegypius monachus). 










Me habréis visto comentar miles de veces que los grupos grandes de buitres pueden deparar sorpresas al observador atento, encontrando siluetas de otras aves, como en este caso de tres ejemplares jóvenes de águila imperial (Aquila adalberti). Dos de ellas (con dos fotos cada una) iban a distancia agradecida, pero la tercera estaba a altura tremenda como si quisiera competir con el vuelo de los buitres.
Ver jóvenes de águila es toda una alegría, al comprobar que la cría va bien y sus efectivos siguen mejorando, ¡pero más aún si te las encuentras de tres en tres!









Otras que se han dejado ver en buena cantidad, aunque mucho más lejos, han sido las culebreras (Circaetus gallicus). Ayer oí un reclamo que no escuchaba desde el año pasado, y no tardé en buscar en el cielo porque sabía de sobra que eran esos sonidos como de gaviota que hace esta especie. Un par de ellas jugueteaba, y un tercer individuo se unió a la fiesta y se perdieron en la lejanía. Incluso un buitre negro estuvo  haciendo compañía un rato.









No todo son pajarracos, por estos pagos te encuentras más fácilmente con pequeños vecinos, aunque fotografiarlos cuesta más porque los malditos no paran quietos. Al trepador azul (Sitta europaea) en principio no iba a ponerlo por salir tan a contraluz, pero sale cantando (ese "tuiiii" tan característico) y rascándose, algo que no siempre se pilla. Otros pequeñines que se dejaron afotar fueron el escribano montesino (Emberiza cia) y el herrerillo común (Parus caeruleus). 








Más pequeños aún son los insectos, que ahora pululan a sus anchas tras el largo invierno. Como por ejemplo los zapateros (Gerris lacustris), muy ocupados con sus asuntos de pareja, y las numerosas carralejas (Berberomeloe majalis). Estos últimos bichos son bastante conocidos, en mi tierra los llaman tomateras y a casi todos nosotros nos han llamando la atención cuando éramos niños (y a algunos aún de adultos, como yo).










Ajeno a todo este traqueteo, y en cotas más bajas, tomaba el sol tan a gustito este galápago leproso (Mauremys leprosa) junto a sus congéneres. He aquí otro que agradece estos días de tiempo espléndido.

Otras especies interesantes vistas:

- Pito real.
- Agateador común.
- Pico picapinos.
- Aguilucho lagunero.
- Águila calzada.
- Ratonero.
- Cuco (escuchado).
- Golondrina dáurica.
- Ciervo.




Hacía tiempo que no despedía una entrada con la luna, y no voy a perder las buenas costumbres para daros las buenas noches en condiciones.
En la próxima entrada veréis la primavera en su punto más espléndido en mi pueblo...




lunes, 15 de abril de 2013

Recuerdos de batallas medievales en Sierra Morena




Mi Jaén natal tiene el honor de ser la provincia española con mayor superficie de espacios naturales protegidos en sus cuatro parques naturales, y la que posee más cantidad de castillos, torres y puestos de vigía (sus ruinas en muchísimos casos). ¿Se pueden combinar ambas facetas?
Así es en Despeñaperros, paso natural entre Andalucía y Castilla - La Mancha desde tiempos inmemoriales. 

En esta parte de la Sierra Morena oriental se pueden oír aún los ecos de batallas medievales, cuando las tropas cristianas bajaban a combatir al enemigo musulmán durante la Reconquista.
En una entrada anterior os presenté las ruinas del castillo de Castro Ferral, una verdadera atalaya estratégica sobre los amplios valles y cerros de Jaén, a la que llegaron los cristianos gracias al consejo de un pastor que les indicó un camino sin vigilar por los almohades, todo un preludio del acero y del fuego de la gran batalla de las Navas de Tolosa.





En estas fotos muestro cómo se accede tras una saludable caminata, para encontrarnos con los restos de sus muros de tapial en esta agradable mañana del pasado domingo.






Desde estas alturas sobrevuela con soltura la bonita águila calzada (Hieraaetus pennatus), aunque mejor debo utilizar el plural porque fueron muchos los ejemplares que se dejaron ver, representados por las dos variantes de color de esta especie. Algunas de ellas volaban en parejas, se introducían juntas en el bosque y reclamaban, les hierven ya las hormonas.









Las vistas son impresionantes. Por un lado se llega a ver la transitada autovía llena de gente con mucha prisa, pero hacia el lado contrario vemos los tranquilos y atemporales collados surcados por la enorme figura de los buitres leonados (Gyps fulvus) o el lejano vuelo de una gran hembra de águila real (Aquila chrysaetos). Por esta zona también se dejan ver águilas imperiales, pero este domingo no se dio el caso.







En los bosques de sus laderas puede sorprenderte una pizpireta ardilla (Sciurus vulgaris), que parece burlarse de tu falta de agilidad cuando se asoma trepando un tronco cabeza abajo.








También hay rincones para disfrutar de la serena soledad de las serranías, esos espacios surcados por arroyos que bajan bien llenos con las lluvias que hemos tenido. Rincones de tranquilo frescor donde la pequeña fauna nos reclama un poco de atención. Como por ejemplo la mariposa saltacercas (Lasiommata megera), la vanesa de los cardos (Cynthia cardui), el escarabajo pelotero (Scarabaeus laticollis) o las orugas de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). 









La primavera hará que pronto las peonías nos muestren sus curiosas y grandes flores, que por supuesto os enseñaré. Mientras tanto, los quejigos ya lucen de verde tras sus largos meses con las pardas vestiduras del invierno.





Otras especies interesantes observadas:

- Cuco.
- Culebreras.
- Gavilán (más bien escuchado).
- Halcón peregrino.
- Chovas piquirrojas.
- Trepador azul.

Da gusto pasar una buena mañana de domingo bien acompañado en estos parajes donde los recuerdos medievales se dan la mano con el espíritu de la avifauna mediterránea.

Un consejo para acabar... aunque el agua de muchos arroyos se vea tan limpia y fresquita, mucho ojo con beber, que más arriba de su curso te puedes encontrar con cosas como esto: