sábado, 4 de agosto de 2018

Sierra Nevada




Como ya empecé a contar en la anterior publicación, a primeros de julio estuve en Granada invitado por Javi Pérez para pasar un par de días disfrutando de la naturaleza granadina por distintos hábitats de humedales y sierras.

El escenario escogido para las salidas serranas no fue otro que la grandiosa Sierra Nevada, nuestra gran montaña andaluza y la más alta de la Península Ibérica, aunque empezamos por cotas modestas la mañana del día 4 yendo cerca del río Dílar. Allí había opciones de ver especies tan interesantes como el águila perdicera o el mirlo acuático, pero la verdad es que las observaciones de aves brillaron por su ausencia y sólo vimos unos cuantos pajarillos forestales. Lo que sí destacó fue la numerosa presencia de artrópodos con especies tan interesantísimas como el neuróptero conocido como duende, por ejemplo.



Duende (Nemoptera bipennis)

Duende (Nemoptera bipennis)

Asílido con presa

Doncella tímida (Melitaea didyma)

Esfinge de la lechetrezna (Hyles euphorbiae)

Doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia)

Escorpión (Buthus occitanus)

Araña cangrejo con presa

Cleopatra (Gonepteryx cleopatra)

Ascálafo (Libelloides baeticus)

Saltamontes verde común (Tettigonia viridissima)

Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus)

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla)



Por la tarde estuvimos yendo a los humedales de Padul y Motril, que fue lo mostrado en la anterior entrada, quedándonos toda la jornada del día 5 para hacer rutas por las alturas de Sierra Nevada hacia los famosos Lavaderos de la Reina. Se vino con nosotros un tercer compañero con interés en el senderismo únicamente, por lo que no hubo mucho margen para interrumpir la ruta cada dos por tres buscando bicherío y apenas paré a hacer fotos, aunque con el escribano hortelano hicimos una buena excepción al ser un objetivo que Javi y yo queríamos ver.
Sierra Nevada es el único lugar conocido donde esta especie cría en Andalucía y tuvimos la suerte de ver y oír varios machos cantando en ese magnífico entorno de pastizales húmedos (localmente llamados borreguiles) llenos de flora endémica y con el deshielo formando numerosas chorreras.
A lo visto en las fotografías hay que añadir especies muy dignas de mención como la collalba negra, nuevamente el duende, la planta carnívora Pinguicula nevadensis o la mariposa apolo.


Sierras de Huétor y Arana

Ortiguera (Aglais urticae)

El endémico Eumigus rubioi

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Collalba gris (Oenanthe oenanthe)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Escribano hortelano (Emberiza hortulana)

Escribano hortelano (Emberiza hortulana)

Orchis sp.

Estrellas de las nieves (Plantago nivalis), otro endemismo



Realmente fue un comienzo espectacular de mis vacaciones, disfrutando de la naturaleza de Granada y del afamado tapeo de sus bares en buena compañía. Esto fue una buena despedida para Javi, que ha estado viviendo allí durante unos años y al día siguiente de esta última salida se marchó de vuelta a casa con cierta nostalgia, una sensación que yo conozco demasiado bien al tener que irme todos los años de donde haya estado viviendo muy a gusto durante el curso.
En la fotografía que escogí como cabecera se ven tres cimas que superan los 3.000 metros de altitud y ahora las vais a ver por separado: Veleta, Alcazaba y el colosal Mulhacén.







miércoles, 1 de agosto de 2018

Humedales granadinos


Charca Suárez con Sierra Tejeda al fondo


Hace unos años me propuse ir conociendo bien las Cordilleras Béticas a lo largo de toda Andalucía y este año me está ocurriendo algo parecido con los humedales.
Por haber vivido varios años en el occidente andaluz ya he llegado a conocer y disfrutar ampliamente de espacios como las Marimas del Odiel, el Brazo del Este, las Salinas de Bonanza y esa grandiosa joya de la corona que es Doñana. Ha sido ahora el turno de otras zonas húmedas de gran interés como Fuente de Piedra y las lagunas del sur de Córdoba, continuando en esta ocasión con la provincia de Granada de mano de una generosa invitación que me hizo Javi Pérez a primeros de julio.

El día 4 pasamos la mañana por la media montaña de Sierra Nevada (cosa que ya aparecerá posteriormente publicada) hasta que al mediodía pusimos rumbo al sur para visitar dos humedales granadinos distintos.

El primero fue el de Padul, que con su escasa visibilidad y la mala hora con todo el calor no brindó apenas avistamientos de aves y la única foto que me traje es la de esta libélula de abajo. Su importancia no es poca al necesitar las aves migratorias de zonas así para poder parar a descansar y reponer energías, pero nosotros no pudimos ver casi nada por los motivos expuestos y nos fuimos para Motril sin pensarlo dos veces. Allí está la Charca Suárez, cuyo destino hubiera sido desaparecer en las fauces de la voraz expansión urbanística si no fuera por el esfuerzo de distintas organizaciones que lucharon por preservar tan importante enclave.


Anax imperator

Gaviota de Audouin (Larus audouinii)

Gaviota de Audouin (Larus audouinii)

Papamoscas gris (Muscicapa striata)

Papamoscas gris (Muscicapa striata)

Carricero común (Acrocephalus scirpaeus) con presa

Carricero común (Acrocephalus scirpaeus)

Pollos de tórtola común (Streptopelia turtur)

Sólo con la presencia de las gaviotas de Audouin ya empezaba a ser interesante el viaje porque no estoy nada acostumbrado a verlas y me parecen de las más bonitas entre nuestros láridos, pero había más por ver. Hay un programa de reintroducción de la amenazada tortuga mora y, justo cuando más hacíamos bromas con verlas, conseguimos ver un ejemplar. Así como también pasa por un estado de conservación delicado el porrón pardo, del que pudimos ver un macho adulto.


Tortuga mora (Testudo graeca)

Los di por galápagos leprosos, pero me parece ver una mancha roja

Porrón pardo (Aythya nyroca)

Una estrella del lugar es la focha moruna (Fulica cristata), especie en peligro de extinción que protagonizó un proyecto de reintroducción en 2013 mediante la suelta de unos cuantos ejemplares cedidos por la Cañada de los Pájaros. El resultado es el que podéis ver en las fotos, con ejemplares ya sin collar de marcaje por haber nacido allí, estando ya la especie asentada con parejas reproductoras de las que vimos varios nidos y los pollos nadando junto a los adultos.










Aquí tenemos la mejor prueba de lo que suponen los humedales costeros, hoy día tan acorralados por la presión urbanística y la agricultura moderna, y es que no ve uno todos los días varias de estas escasas aves nadando en grupo.

Nota importante: al ser reserva concertada las visitas tienen un horario establecido, del cual conviene informarse previamente para no ir en balde.