sábado, 30 de septiembre de 2017

Rematando el fin de semana en las Salinas de Bonanza




Si el fin de semana que he ido relatando en las dos entradas anteriores ya hubiera dado tanto de sí como para poder haberme tomado todo el domingo 17 de relax en casa, el remate llegó al no pude evitar escaparme por la tarde a Sanlúcar de Barrameda para disfrutar de la Doñana gaditana con aires marítimos y así complementar las salidas arrocera y serrana de los días anteriores.

Nada más llegar a mi punto favorito de observación ya tuve allí a los flamencos (Phoenicopterus roseus) tal como esperaba y deseaba, con la maravillosa sorpresa de que pasara cerca de mí el intenso parpadeo rojinegro de un bando al desplazarse volando hacia salinas más interiores.













No podían faltar las limícolas, un repertorio que incluía correlimos tridáctilos (Calidris alba), chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), correlimos comunes (Calidris alpina), chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus), correlimos menudos (Calidris minuta), agujas colinegras (Limosa limosa) o avocetas (Recurvirostra avosetta), además de otras tantas más sin mostrar en fotografías como por ejemplo los archibebes comunes.
Siempre fascina pensar en los viajes de estas aves, que ahora vemos en el litoral andaluz cerca de populosas urbes, pero hasta hace poco estaban en la soledad de la tundra ártica.










Entre las aves de mayor porte se vieron una joven cigüeña negra (Ciconia nigra), un águila pescadora (Pandion haliaetus) con anilla azul que indica procedencia escocesa si no recuerdo mal, una pagaza piquirroja (Hydroprogne caspia) y bastantes espátulas (Platalea leucorodia) uniéndose a los flamencos en su búsqueda de alimento.











Cuando pensaba que ya iba siendo hora de volver a casa para no llegar muy tarde... no podía evitar seguir allí con esa maravillosa luz del ocaso casi otoñal que hacía más mágico el momento de los flamencos y avocetas en vuelo, disfrutando aún de más especies como la gaviota picofina (Larus genei) o el archibebe claro (Tringa nebularia), antes de despedirme hasta la próxima visita viendo una salamanquesa (Tarentola mauretanica) aprovechando el último sol y el reflejo del atardecer sobre las salinas.
Esta tarde, si las cosas siguen su rumbo previsto, estaré allí de nuevo y probablemente esté viendo estas cosas al mismo tiempo que vosotros las veis por aquí.












miércoles, 27 de septiembre de 2017

Salto del Cabrero




En alguna que otra publicación anterior aparece la curiosa figura del llamado Salto del Cabrero, una falla que fracturó en dos un gran peñón de roca caliza, pues es bien visible desde varios sitios de la Sierra de Grazalema.

El sábado 16 de este mes tocaba ya al fin hacer una buena ruta de fin de semana y elegí ir allí por el sendero que parte desde el pueblo de Benaocaz, ya que el acceso desde el otro lado (el Puerto del Boyar) está cerrado. En en verdad una ruta bastante corta en sí, pero lo bueno es que se puede alargar y yo estuve triscando hasta casi llegar al mencionado Puerto del Boyar, además de las muchas vueltas que di con intenciones bicheras. Nada más empezar ya me iban recibiendo aves como la tarabilla común (Saxicola torquata), los buitres leonados (Gyps fulvus) o un gavilán (Accipiter nisus).


Ojo del Moro






Tal como decía al empezar, me tomé mi tiempo para ir bicheando bien la zona y asomarme a rincones con aspecto interesante. Así es como pude descubrir al halcón peregrino (Falco peregrinus) bien atento en una de sus atalayas y a los roqueros solitarios (Monticola solitarius) ofreciendo sus melodiosos cantos bajo el vuelo de culebreras (Circaetus gallicus) y buitres leonados.







Sierra del Pinar


Desde un cortado bien apartado de donde transitaban el resto de senderistas obtuve unas vistas muy buenas de este particular peñón partido en dos, que toma su nombre de una leyenda que dice que un cabrero lo saltó de una vez para llevar leche a su hijo enfermo.





Y ya sí tomé la ruta convencional para verlo de cerca, aguantando durante un tiempo a unos excursionistas estúpidos de los que no entienden que uno puede disfrutar de la naturaleza sin ir pegando gritos constantemente, pero al quedarme a solas fue una maravilla disfrutar del cercano vuelo de los buitres leonados que allí anidan y de algunas culebreras.













No fue menos interesante el camino de regreso a Benaocaz, pequeño pueblo blanco de 694 habitantes, viendo más culebreras y unas collalbas grises (Oenanthe oenanthe) que seguramente estaban en paso migratorio, aunque no será raro que en primavera me encuentre con ejemplares reproductores. Bicheando un poco también vi una araña sin identificar y algún escorpión (Buthus occitanus).







Semillas de peonía




Al poco de salir del pueblo vi un joven buitre leonado metido en un abrevadero de ganado caprino, gracias a que primero vi a dos personas que se habían parado para verlo y hacerle una foto con el móvil. Por suerte para el animal a mí sí se me ocurrió llamar para que vinieran a recogerlo.
El broche final vino estando ya en la terraza de mi piso, al ver dos cigüeñas negras (Ciconia nigra) y un vencejo real (Apus melba) viajando al sur.