sábado, 4 de junio de 2016

Conociendo la Sierra de las Nieves




Tarde o temprano tenía que dar este paso en lo que llamo mis Aventuras Béticas y dar el salto hacia la provincia de Málaga y su Sierra de las Nieves para seguir con mi intención de bichear las Cordilleras Béticas. Las dos horas de viaje desde mi residencia actual en Los Palacios y Vfca. fueron el principal factor a la hora de tardar tanto en decidirme, pero me acabé armando de ilusión bichera y fui para allá el día 14 de mayo tras consultar con una compañera del colegio que me ha ido aconsejando buenos sitios de senderismo durante el curso.

Escogí el Tajo de La Caína, al que se llega desde el pueblo de Yunquera, y apenas salía del pueblo ya me recibieron al mismo tiempo un ratonero (Buteo buteo), un águila calzada (Hieraaetus pennatus) y un abejero (Pernis apivorus).
Me tomé mi tiempo hasta llegar al inicio de ruta, parándome cada vez que veía orquídeas como Orchis langei, Aceras anthropophorum y Orchis italica.














Esta zona tiene un bosque de pinsapos (Abies pinsapo) realmente INCREÍBLE. Había visto ya estos abetos relictos de tiempos pasados en mis salidas por Grazalema, pero no había tenido aún ocasión de caminar bajo un bosque de esta especie, tal fue esta nueva experiencia que no he podido evitar colgar a lo largo de toda la entrada muchas de las numerosísimas fotos de paisaje que fui tomando.









Me acompañaron en mi recorrido forestal pequeños habitantes serranos como mitos (Aegithalos caudatus), lagartijas colilargas (Psammodromus algirus), carralejas (Berberomeloe majalis), escolopendras (Scolopendra cingulata), la falsa viuda negra (Steatoda paykulliana) y escorpiones (Buthus occitanus), además de las orquídeas Ophrys lutea y Neotinea maculata.























Llegué así al Tajo de La Caína, que tiene una leyenda brujeril que explica su nombre. La Caína fue una bruja que fue condenada a ser arrojada por este tajo tras haber encontrado a unos niños muertos cerca de su cabaña en la sierra... la verdad es que no cuesta imaginarse el contexto al pensar en el aspecto que tendrán estas sierras en invierno cuando sus bosques de abetos junto a abruptas gargantas tengan una estética nevada y brumosa.

Lo que no es leyenda es la cantidad de fauna que allí habita. Además de los roqueros solitarios que se quedaron sin foto, allí volaban un joven alimoche (Neophron percnopterus), aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), y en una fuente a pie de ruta nadaban larvas de salamandra penibética (Salamandra longirostris).



Peñón de los enamorados










También andaba por allí un par de halcones peregrinos (Falco peregrinus), que estaban furiosos ante la presencia del alimoche y de un pequeño grupito de abejeros, saliendo chillonamente a dejarles claro que estaban en su feudo. Uno de ellos pasó volando bastante bajo y se convirtió en protagonista del día (en cuanto a fauna claro, que no olvido los pinsapos).












En el camino de vuelta fui viendo más cosas en las que no reparé, como las orquídeas Ophrys tenthredinifera y Ophrys apifera, y algunos ejemplares de culebrilla ciega (Blanus mariae). Mucho ojo al porte de algunos ejemplares de pinsapo que dejo en las fotos finales, en Grazalema no tuve ocasión de ver ninguno así.

Esta primera visita a una sierra que no conocía fue sobradamente satisfactoria y volví totalmente enamorado como con las otras sierras que he ido pateando estos meses... tanto que hubo una segunda salida por otra zona de la Sierra de las Nieves, con otras especies distintas, ya veréis cuando llegue el momento.












Yunquera




miércoles, 1 de junio de 2016

Nuevas generaciones en el Brazo del Este





Las aves del Brazo del Este andan enredadas en sus ocupaciones reproductoras, cada especie a su ritmo. Así es como las canasteras (Glareola pratincola) ocupan los campos baldíos y se las ve posadas siempre allí, pronto veremos a los pollos, mientras tanto se muestran muy territoriales y hostigan a depredadores como el aguilucho cenizo (Circus pygargus) para "invitarlos" a irse.
Y, tal como dije en una entrada anterior, se les han unido los chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus) convirtiendo en mixta su colonia de cría.



















También los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida) andan en plena labor, se los ve muy picajosos con sus congéneres y defienden su parcela con mucho encono. Los fumareles comunes (Chlidonias niger), en cambio, se dejan ver mucho menos y no aportan muchas pistas que digamos, porque no tienen precisamente mucho de "comunes" como dice su nombre.

















Las garzas imperiales (Ardea purpurea) ocupan posiciones y se ve a algunos adultos llevar ramitas. Se escuchan unos soniditos raros entre las eneas que ayer mismo un amigo me dijo que muy probablemente son emitidos por las crías.











Con otras ardeidas está más difícil de controlar la cosa, dadas las discretas costumbres de garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides) y martinetes (Nycticorax nycticorax).
Pudiera parecer que aún peor sería con los avetorillos (Ixobrychus minutus) por pequeños y esquivos, pero el caso es que los machos adultos delatan mucho sus zonas de cría al reclamar y volar en sus territorios, indicándome amablemente la presencia de parejas en distintos puntos del paraje. De ellos hablaré en una próxima entrada, puesto que les he dedicado bastante tiempo en estas últimas semanas para ir aprendiendo más de ellos.












Con especies como la focha común (Fulica atra) y el azulón (Anas platyrhynchos) la cosa es mucho más obvia y las hembras ya nadan con sus polluelos.









Para acabar, un dato curioso. El día 19 de mayo me encontré nuevamente con el joven alimoche (Neophron percnopterus) que al final resulta que se está tirando una larga temporada en el paraje, se ve que tiene sustento de sobra en la granja que frecuenta.