domingo, 6 de diciembre de 2015

Invernantes en Grazalema y mucho más


El Torreón, mayor altura de la provincia de Cádiz


Me habéis visto siempre esperando la primavera con muchas ganas, considerándola el mejor momento para salir por la sierra para mi gusto por estar todo tan vivo y tener de regreso a todas esas aves que durante el invierno echo tanto en falta (águilas calzadas, culebreras, abejarucos, vencejos reales, golondrinas dáuricas, chotacabras, etcétera).

Mi aún recién descubierta Sierra de Grazalema me ha hecho cambiar el chip en cuanto a salidas serranas se refiere, porque el día 28 disfruté como nunca antes de las aves invernantes que pueden verse en nuestras serranías sureñas.

Elegí esta vez un sábado para evitar la horda de domingueros, y ya se notaba la tranquilidad cuando por la mañana bien temprano se iban ya viendo animales desde la misma carreterilla, como cabras montesas (Capra pyrenaica) y un par de collalbas negras (Oenanthe leucura).








En el Puerto de Las Palomas hice una espera para ver si volvían a bajar a beber los mirlos capiblancos (Turdus torquatus) como en ocasiones anteriores, y así fue junto a unos reyezuelos listados (Regulus ignicapilla) tan descarados que llegaban a posarse a centímetros de mí.
Pero prontó mi atención cambió de dirección cuando se me ocurrió fotografiar un pinsapo lleno de capiblancos y de pronto vi en la pantalla de la cámara que había algo distinto entre ellos. Ni más ni menos que un zorzal real (Turdus pilaris), ¡con éste sí que no contaba!







Unos reclamitos familiares me distrajeron una vez más, y me entretuve muchísimo con un grupo de cinco acentores alpinos (Prunella collaris) que se alimentaban muy cerca de la carretera y llegaban a ponerse a muy poca distancia de mí. Vaya si se nota que fui sin los clásicos gritones que se asoman al mirador que hay en el puerto y te espantan todo, ¿verdad?











Ya con semejante inicio me puse las botas siendo aún bastante temprano, así que fui a darme un buen pateo domo debe ser y me dirigí al Puerto del Boyar para tomar la ruta que baja a Grazalema desde el Puerto de las Presillas para bichear en este último punto. Las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), que normalmente son siluetas negras y vociferantes, estuvieron más cercanas y con la luz muy favorecedora.













Los característicos lapiaces de la zona invitan a buscar bajo las rocas y topé con dos predadores arácnidos que iba buscando junto a otros bichetes más (ahora veréis más abajo). Unos cuantos escorpiones (Buthus occitanus) y una araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana) fueron el toque artrópodo del día.


Junto a un quilópodo






Y llegó la sorpresa del día que compartió protagonismo estelar junto con las aves invernantes. En mi anterior visita os conté que vi dos culebrillas ciegas (Blanus mariae) que se me escabulleron bajo tierra a la velocidad del rayo, pero esta vez fui prevenido y conseguí afotar al fin un ejemplar.
A primera vista este endemismo ibérico parece más una lombriz que un reptil, cosas de la evolución, pero un examen cercano nos revela sus pequeñísimos ojos y un curioso aspecto como acorazado de sus escamas, sobre todo en la cabeza.







Hablamos de un animal subterráneo que se alimenta de pequeños invertebrados y no es capaz de infligirnos daño. Sus estrategias defensivas principales las tenéis abajo fotografiadas; se hace un nudo sobre sí misma para dificultar ser tragada por un predador, o enterrarse rápidamente (lo más normal).

Muy inofensiva como veis, pero sin embargo temida... una vez más el saber popular pasa a ser estupidez popular cuando a estos reptiles se los considera muy venenosos (no simplemente venenosos, no, MUY venenosos se dice). No se libran de tener, al igual que con el eslizón como os comenté en otra entrada, su propio refrán de la imbecilidad. Se dice "Si la víbora oyera y el can viera, no habría hombre que al campo saliera". Ya es el colmo comparar a la culebrilla ciega ("can" como la llaman) con las víboras en cuanto a veneno... ya de paso, este mismo dicho se utiliza con otros herpetos más que también se consideran peligrosos, como por ejemplo las pobres salamandras.







En fin... sigamos con las aves. Allí crecían numerosos muérdagos sobre los escaramujos, y sus rojas bayas atraían a no pocas aves, como los mirlos capiblancos una vez más, pero ya esta vez extremadamente precavidos y huidizos como ellos acostumbrar a ser. Entre ellos había zorzales, incluyendo al zorzal alirrojo (Turdus iliacus), una novedad para mí que además completó un buen trío de túrdidos invernantes.








Llegado el mediodía ya sí iban siendo más frecuentes las familias o grupos de senderistas, o de domingueros de pura cepa, especialmente el grupo del energúmeno que iba cantando (gritando, mejor dicho) villancicos y chillando a todo pulmón "miraaaaaaaaaad, los buitres vienen por nosotros, AAAAARRGGHHH" (los "buitres" eran las chovas piquirrojas, por cierto).

Así que bajé a la cota de los bosques en una infructuosa búsqueda de interesantes animalillos que pudieran ocultarse bajo troncos (había un escarabajo del género Cerambyx muerto), y después volví al Puerto de Las Palomas a ver los buitres leonados (Gyps fulvus) junto a la atenta mirada del roquero solitario (Monticola solitarius). Volví a sentarme cerca del abrevadero para esperar a los mirlos capiblancos, ya totalmente en sombra y forzando los parámetros de la cámara, pero disfrutando enormemente al bajar bastantes machos con su elegante plumaje.
















Y, después, para casa con la satisfacción de poder gozar de aves invernantes en la sierra tanto como lo hago con las estivales. Nos despedirán el colorido otoñal constrastado con los tonos fríos del anochecer como en un lienzo impresionista junto a la silueta de los mirlos capiblancos posados en escaramujo y pinsapo. ¿Puede haber más simbolismo?

PD: entre la ida y la vuelta vi 4 elanios en 4 puntos diferentes, las campiñas sevillanas y gaditanas parecen tener mucha chicha...










jueves, 3 de diciembre de 2015

El calamón, un emblema muy odiado






He aquí el motivo por el que los calamones (Porphyrio porphyrio) apenas han aparecido en entradas anteriores durante tanto tiempo, me reservaba hablar aparte de estos espectaculares rálidos para que conozcáis un poco su situación en el Brazo del Este.

El gallo azul, así se le conoce en las marismas, a punto estuvo de extinguirse en décadas pasadas hasta quedar confinado a las marismas del Guadalquivir, desde donde se ha ido expandiendo de nuevo gracias a las medidas de protección sobre el ave y su hábitat. Actualmente su tendencia es positiva y es muy abundante y fácil de encontrar en estos humedales que siempre fueron su mejor hogar; no obstante, tenemos el 90% de la población europea de este animal.

Normalmente lo más sencillo es escuchar sus reclamos y grititos, con ese sonido "indignado" y malhumorado tan característico, o verlos corretear o salir volando torpemente, pero a veces podemos tener la suerte de ver de cerca y bien su atractivo plumaje de tonos azules y púrpuras combinado con el brillante colorido rojo de sus patas y pico (sin olvidar el blanco inmaculado de su "culo" cuando camina levantando la cola).








Desgraciadamente, repito que lo más normal es verlo de lejos o con actitud precavida, pues no son pocas las amenazas que se ciernen sobre él pese a todo. Aún persiste el odio de los arroceros por su alimentación eminentemente vegetariana que puede incluir la planta del arroz, habiendo mucho furtivismo e incluso incendios provocados en los cañaverales.







Por si no fuera suficiente la persecución directa, este maltratado paraje natural tiene más problemas. Primero están los imbéciles que circulan junto a los canales y meandros haciendo sonar el claxon para espantar las aves, como por ejemplo este impresentable que se dedicó a levantar grandes bandos de cigüeñuelas.
Luego están los numerosos galgueros que llegan a dejar sueltos sus animales, y se unen a los perros que capturan aves acuáticas (ya se han llegado a fotografiar perros con calamones muertos en las fauces), y yo personalmente vi a este galgo acechando en una zona de calamones y gallinetas hasta que se largó con viento fresco al verme.
Por último están los pastores que meten sus ovejas donde les viene en gana, destrozando la vegetación marismeña como por ejemplo las salicornias, y los agricultores que se saltan a la torera la prohibición de quemar rastrojeras.








Durante la cosecha del arroz no se vio apenas a los calamones, y ahora estas semanas es cuando estoy por fin volviendo a verlos salir a darse sus paseos vespertinos o agrupados en la marisma. Pero no llego a ver la enorme abundancia que sin duda recordaréis aún de mis fotos de hace dos años, cuando llegaba a fotografiar exageradas estampas llenas de puntitos azules.









Es penoso que aún existan estas mentalidades hoy día, pero espero que la tranquilidad y abundancia de los gallos azules no paren de crecer.