Prácticamente de una sentada vais a conocer buena parte de la comarca de Segura con esta entrada en la que yo mismo me adentré en lugares nunca vistos antes por mí, conociendo algo mejor la Segura más profunda y agreste en un largo recorrido que me satisfizo enormemente.
Para el domingo 16 de noviembre tenía pensado hacer un amplio recorrido en coche haciendo paradas en las zonas con mejor aspecto para el avistamiento de los quebrantahuesos del plan de reintroducción que se se está llevando a cabo en el parque natural (ya tenemos una pareja con plumaje adulto que copula y ha empezado a construir un nido, algo muy esperanzador).
La mañana llegó nublada y desapacible, pero me decidí a hacer igualmente el recorrido por pura curiosidad de conocer mejor esta increíble sierra. Partí desde Siles hacia la carretera de Las Acebeas, para luego tomar en la primera bifurcación el desvío hacía Río Madera y Santiago-Pontones.
Esta excursión me llevó a través de numerosas aldeas y pedanías perdidas en la sierra, haciéndome pensar en lo dura que debía ser antaño la vida de los serranos, cuando esto no estaba comunicado como ahora (estando de todos modos todo muy remoto y apartado hoy día); la mayoría de ellas consiste en unas pocas casas junto a la carretera, y entre ellas destaco La Toba (con 22 habitantes) por su atractivo aspecto entre cortados rocosos y el río Segura, anexa al embalse de Anchuricas con su bonito aspecto de lago de montaña.
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| Espino de fuego |
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| Roble melojo |
En el río Segura hice junto a un puente la primera larga parada para intentar observar rapaces, que en este caso fueron tres jóvenes halcones peregrinos (Falco peregrinus) jugando juntos, sobrevolando este río donde reclamaban los petirrojos y nadaban truchas comunes (Salmo trutta), estrellas de la fauna piscícola serrana que comparten espacio con otra joya como lo es la nutria.
Como podéis ver en la progresión de las fotos, el sol iba asomando poco a poco, contra todo pronóstico y para iluminar bien tan fabulosos enclaves.
Llegando a otro importante cauce, el río Zumeta, tocó la siguiente parada de larga duración mientras me ventilaba el bocata y la fruta, en vista de que los buenos números de buitre leonado podían albergar sorpresas infiltradas entre ellos y los cuervos y chovas piquirrojas, como lo fue en ese momento un águila real (
Aquila chrysaetos) patrullando bien alta sobre los peñascos. He de decir que durante un momento en el que no pude parar el coche vi otra silueta más propia de águila que de buitre, y ya me gustaría pensar en que la perdicera fuera otra posibilidad, en fin.
Este río es represado en el embalse de La Vieja, que no pude fotografiar en el punto más estético por no tener donde estacionar el coche (los turistas de las numerosas casas rurales disfrutaban de sus preciosas vistas sin problemas), aunque sí podéis haceros una idea del atractivo del lugar, al que he añadido un nogal y las vistas del valle como pluses.
Mi idea era llegar más o menos a esa zona, pero me animé tanto que improvisé llegando hasta Santiago de la Espada, paradigma de pueblo remoto y muy temido por mi colectivo laboral. Me explico, los maestros interinos de Jaén saben bien que este pueblo, pese a no ser pequeño y estar bastante bien (1.399 habitantes), está lejos de núcleos urbanitas, suele estar incomunicado durante las copiosas nevadas y obliga a realizar itinerancias. Aunque a mí no me importaría trabajar allí, ya me conocéis.
Desde allí pasé a terreno ya conocido cuando alcancé Pontones y su duro paisaje rocoso, en el que hice otra parada larga, donde vi buitres leonados (Gyps fulvus) y me entretuve con un escribano montesino (Emberiza cia) y una ardilla (Sciurus vulgaris) que se divertían toreándome un poco. El caso de la ardilla, la cuarta que vi ese día, fue especialmente gracioso al encontrármela correteando entre escaramujos y peñascos bastante alejados del pinar más cercano, supongo que atraída por algo que ella encontrase exquisito, y no le quedó más remedio que refugiarse en una de esas encinas que crecen casi en la roca viva cuando me vio aparecer.
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| Santiago de la Espada |
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| Pontones |
Bajé desde allí por la carretera que va hacia Hornos de Segura, ahorrándome imágenes para no repetirme al haber hecho una entrada de esos lugares este verano, y pasando por aldeas como Rihornos (me gustó el detalle de los letreros de madera con los nombres) hasta Segura de la Sierra, ese pueblo blanco con castillo medieval que ya sabéis que me gusta especialmente.
Entre Pontones y Hornos se me cruzó una cabra montés (Capra pyrenaica) con su cría por la carretera, pero en Segura de la Sierra las disfruté a mis anchas al verlas pastando tan tranquilas en las laderas del castillo, y así podéis verlas al ampliar la última foto, confiadas como todo animal que se encuentra en un lugar donde no sufre presiones ni amenazas.
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| A la derecha se ve Orcera |
Siguiendo esta línea de improvisaciones, volví por el mismo lugar por donde partí por la mañana, la carretera que lleva a Siles por Las Acebeas. Antes de regresar al pueblo hice parada en el área recreativa de la Peña del Olivar, dedicándome al entretenido pasatiempo de levantar piedras y troncos a ver qué sorpresas pueden aparecer; cruzaba los dedos por si salía una salamandra o un escorpión (justamente animales que casi nadie quiere ver ni en pintura), y no vi esos bichejos pero sí una buena cantidad de arañas, termitas, miriápodos y cochinillas de la humedad, con un halcón peregrino haciendo círculos en un cielo que volvía a adoptar tonos plomizos y oscuridad.
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| Gran ejemplar de roble melojo |
Esto es algo que, definitivamente, tengo que repetir, en vista de lo entusiasmado que volví a casa con la memoria y las retinas tan llenas de plena Sierra de Segura. Para la siguiente entrada tengo un recorrido más corto, de unas pocas horas, pero que dio muchísimo juego en fauna y paisajes tal y como en pocos días veréis...