A la hora de agrupar en entradas las fotos de las dos últimas semanas he decidido publicar juntas las salidas por dos picos emblemáticos de Siles: el Puntal de la Ajedrea y el Navalperal.
Al Puntal fui un par de días, estando al lado de Siles era un lugar al que tenía que ir tarde o temprano, y es bastante bonito el entorno al pasar de los huertos y olivares al pinar con matorral mediterráneo, viendo mariposas como este licénido, reptiles como la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y aves como un mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) en migración o el más frecuente buitre leonado (Gyps fulvus).
No llegué a su cima, prefiriendo quedarme en el mirador de La Rayuela, con unas magníficas vistas del cerro Bucentaina y la Piedra del Agujero entre otros, y unas elevadas vistas del pueblo de Siles que llegan a abarcar a Torres de Albanchez en el mismo vistazo (en la esquina superior izquierda de la primera foto).
En estos pinares se pueden ver reyezuelos listados, carboneros, herrerillos, pinzones vulgares, mirlos, trepadores azules, agateadores, picos picapinos y arrendajos, además de ver un buen paso migratorio de golondrinas comunes el día 1 de este mes, siendo la estrella del lugar una enorme ave que llevaba queriendo ver desde que puse un pie en estas sierras, ni más ni menos que el águila real (Aquila chrysaetos), representada por un joven ejemplar que llegué a encontrarme en dos ocasiones.
En el mirador pude también ver un halcón peregrino (Falco peregrinus) volando muy alto, cerca de la cima, mientras que un señor ni se percataba de la cercanía de tan magnífico animal.
El día 8 tocó subir al Navalperal, pasando obligatoriamente por el magnífico bosque que crece en su ladera, Las Acebeas, estando ya los acebos que le dan nombre empezando a dar sus rojos frutos asociados a la navidad. Este bosque estaba muy animado como de costumbre, destacando la siempre simpática irrupción de un grupo de mitos (Aegithalos caudatus) alimentándose con ese estilo suyo confiado e inquieto al mismo tiempo, sin parar de comunicarse con sus reclamos.
Al ir ganando altura cambia la vegetación, dando paso al pinar y luego al piornal con pinos laricios dispersos. En ese medio tuve varios encuentros con las cabras montesas (Capra pyrenaica), que se mueven como nadie en este hábitat duro y poco amable. Os adelanto que en próximas entradas las vais a seguir viendo, aunque aún no he topado con uno de esos formidables machos que tantas ganas tengo de ver.
Ya en la cima, sentí esa libertad enorme e inefable que tienes al estar en un vasto espacio salvaje con amplísimas vistas que se incrementaron muy sustancialmente al ser un día especialmente despejado. Se pueden ver varios pueblos de la comarca y montes y picos como el Calar del Espino, los Calares del Mundo y la Sima, el Puntal, el Bucentaina, Peñalta, el Yelmo y el siempre presente Cambrón (en la primera foto, y los más observadores lo habrán visto en otra foto de bastante más arriba).
Es el feudo del halcón peregrino (Falco peregrinus), de quien vi dos de los tres pollos que ya tuve el placer de conocer en septiempre, dando caña a los cuervos (Corvus corax) como no podía ser menos en tan pendenciera rapaz.
Es también una suerte de "autopista" de buitres leonados (Gyps fulvus) que pasaban en solitario o en muy pequeños grupos, pero de manera casi constante. ¿Veré algún quebrantahuesos entre ellos algún día? ¿Más probablemente un alimoche en primavera?
Otras aves que no aparecen en las fotos son la chova piquirroja, el avión roquero y una gavilana que iba bordeando los cortados sobre el techo del bosque, buscando pillar por sorpresa a alguna avecilla.
Al bajar me crucé con una cierva (Cervus elaphus) con su cría, ya con una oscuridad creciente como podéis ver, y más en un bosque tan abundante y umbrío.
Hoy mi última foto no va a ser una escena curiosa ni un anochecer, ni la luna, me permito un poco de egocentrismo al ponerme a mí mismo con el Puntal al fondo, ¡que por algo el blog es mío!