miércoles, 15 de octubre de 2014

Entre el Puntal y el Navalperal




A la hora de agrupar en entradas las fotos de las dos últimas semanas he decidido publicar juntas las salidas por dos picos emblemáticos de Siles: el Puntal de la Ajedrea y el Navalperal.
Al Puntal fui un par de días, estando al lado de Siles era un lugar al que tenía que ir tarde o temprano, y es bastante bonito el entorno al pasar de los huertos y olivares al pinar con matorral mediterráneo, viendo mariposas como este licénido, reptiles como la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y aves como un mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) en migración o el más frecuente buitre leonado (Gyps fulvus).







No llegué a su cima, prefiriendo quedarme en el mirador de La Rayuela, con unas magníficas vistas del cerro Bucentaina y la Piedra del Agujero entre otros, y unas elevadas vistas del pueblo de Siles que llegan a abarcar a Torres de Albanchez en el mismo vistazo (en la esquina superior izquierda de la primera foto).





En estos pinares se pueden ver reyezuelos listados, carboneros, herrerillos, pinzones vulgares, mirlos, trepadores azules, agateadores, picos picapinos y arrendajos, además de ver un buen paso migratorio de golondrinas comunes el día 1 de este mes, siendo la estrella del lugar una enorme ave que llevaba queriendo ver desde que puse un pie en estas sierras, ni más ni menos que el águila real (Aquila chrysaetos), representada por un joven ejemplar que llegué a encontrarme en dos ocasiones.
En el mirador pude también ver un halcón peregrino (Falco peregrinus) volando muy alto, cerca de la cima, mientras que un señor ni se percataba de la cercanía de tan magnífico animal.










El día 8 tocó subir al Navalperal, pasando obligatoriamente por el magnífico bosque que crece en su ladera, Las Acebeas, estando ya los acebos que le dan nombre empezando a dar sus rojos frutos asociados a la navidad. Este bosque estaba muy animado como de costumbre, destacando la siempre simpática irrupción de un grupo de mitos (Aegithalos caudatus) alimentándose con ese estilo suyo confiado e inquieto al mismo tiempo, sin parar de comunicarse con sus reclamos.
Al ir ganando altura cambia la vegetación, dando paso al pinar y luego al piornal con pinos laricios dispersos. En ese medio tuve varios encuentros con las cabras montesas (Capra pyrenaica), que se mueven como nadie en este hábitat duro y poco amable. Os adelanto que en próximas entradas las vais a seguir viendo, aunque aún no he topado con uno de esos formidables machos que tantas ganas tengo de ver.









Ya en la cima, sentí esa libertad enorme e inefable que tienes al estar en un vasto espacio salvaje con amplísimas vistas que se incrementaron muy sustancialmente al ser un día especialmente despejado. Se pueden ver varios pueblos de la comarca y montes y picos como el Calar del Espino, los Calares del Mundo y la Sima, el Puntal, el Bucentaina, Peñalta, el Yelmo y el siempre presente Cambrón (en la primera foto, y los más observadores lo habrán visto en otra foto de bastante más arriba).
Es el feudo del halcón peregrino (Falco peregrinus), de quien vi dos de los tres pollos que ya tuve el placer de conocer en septiempre, dando caña a los cuervos (Corvus corax) como no podía ser menos en tan pendenciera rapaz. 
Es también una suerte de "autopista" de buitres leonados (Gyps fulvus) que pasaban en solitario o en muy pequeños grupos, pero de manera casi constante. ¿Veré algún quebrantahuesos entre ellos algún día? ¿Más probablemente un alimoche en primavera?




















Otras aves que no aparecen en las fotos son la chova piquirroja, el avión roquero y una gavilana que iba bordeando los cortados sobre el techo del bosque, buscando pillar por sorpresa a alguna avecilla.
Al bajar me crucé con una cierva (Cervus elaphus) con su cría, ya con una oscuridad creciente como podéis ver, y más en un bosque tan abundante y umbrío.
Hoy mi última foto no va a ser una escena curiosa ni un anochecer, ni la luna, me permito un poco de egocentrismo al ponerme a mí mismo con el Puntal al fondo, ¡que por algo el blog es mío!





viernes, 10 de octubre de 2014

Día Mundial de las Aves




El pasado domingo salimos a pasar esta señalada fecha de nuestra avifauna disfrutando de lo pudiéramos ver en Despeñaperros, pequeño parque natural en la Sierra Morena jiennense que atesora grandes valores naturales en su "reducido" espacio entre apretados valles repletos de magnífica vegetación mediterránea.

Probamos primero dando un paseo por La Aliseda, pero viendo que la cosa estaba floja probamos a avistar rapaces en el paraje de Los Órganos. Desde hace un tiempo siempre ignoramos el mirador, donde suelen asomarse los domingos familias con muy pocas luces, pegando gritos que pasan del habitual "¡¡eoooooh, eco!!" a unos exageradísimos y directos "UUUUARRRRRRGHHHH".

En fin. Nos apostamos en un asiento natural ladera arriba, apoyados junto a cornicabras de otoñales tonos rojizos en una pared rocosa que nos hace pasar desapercibidos ante las aves que llegan volando desde otras perspectivas, y los buitres leonados (Gyps fulvus) no tardaron en hacerse notar, porque de hecho ya estaban cicleando por allí mientras llegábamos.
Es una ave habitual que habré visto muchísimas veces, pero siempre es una gozada cuando alguno pasa de pronto por encima de ti con un fortísimo sonido al batir sus alas.









Uno de los atractivos del lugar es cuando sale de pronto alguno de sus halcones peregrinos (Falco peregrinus), siempre con ganas de bronca y atosigando a otras rapaces de mayor tamaño, no siendo raro oír de cuando en cuando sus indignados gañidos desde el roquedo.







Pero el momento estrella fue cuando, de la nada, surgió un pobre gavilán (Accipiter nisus) acosado por los numerosos aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) que no paraban de hostigarlo y perseguirlo con ese odio que sienten las avecillas por este terrible predador suyo.









Otras observaciones destacables fueron la de una lejanísima pareja de azores (Accipiter gentilis) jugando durante su "falso celo"  mientras un cernícalo los molestaba, y el roquero solitario (Monticola solitarius) poniendo banda sonora con sus melodiosos reclamos.






No quisiera acabar esta entrada sin compartir una curiosidad que vi dos días atrás de esa fecha, cuando el viernes 3 vi en mi pueblo, Bailén, un grupo de rapaces mientras aparcaba en pleno centro. Eran buitres leonados, cosa que no veo por primera vez por aquí, pero lo interesante es que con ellos cicleaban un par de culebreras (Circaetus gallicus) y un milano real (Milvus milvus), siendo la primera vez que tengo juntas en un mismo vistazo estas dos últimas especies.