martes, 7 de octubre de 2014

La última de septiembre




Teniendo ya bastante material de estos últimos días en la Sierra de Segura, aún tengo que mostrar lo visto durante la última semana de septiembre. En esos días empezaron a decaer los avistamientos de águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) y culebreras (Circaetus gallicus), tanto que llevo más de una semana sin ver calzadas, mientras que el relevo estacional lo están tomando las muy abundantes lavanderas blancas invernantes. En cambio, aquel joven roquero solitario (Monticola solitarius) que empecé a ver se deja caer con mucha frecuencia, algo muy de agradecer.









Pasando a las salidas por la sierra, el día 23 me acerqué al nacimiento del Río Mundo después de haber llovido bastante, pero la cascada estaba aún muy escasa (inocente de mí). De todos modos, siempre es muy bonito ver el discurrir del río formando pozas y pequeñas cascadas. Allí salió volando un precioso macho de colirrojo real, y una lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) se ponía las botas comiendo insectos.








El bonito bosque del entorno iba tomando ya un aspecto otoñal, y en estos pinares y arboledas de ribera con tan buena pinta de pronto apareció el pirata de la espesura cuando vi un macho de azor (Accipiter gentilis) volando muy alto.
Era un ambiente muy vivo al oírse numerosos reclamos de avecillas forestales, y algunos de ellos se dejaron ver, como el carbonero común (Parus major) y el trepador azul (Sitta europaea), además de otros sin fotografiar como petirrojos, agateadores, herrerillos comunes (bueno, éste sí está en foto, pero malamente), pinzones vulgares o escribanos montesinos.







Las posturas de los trepadores, lo imposible





El 24, al día siguiente, elegí salir desde la zona de la Peña del Olivar siguiendo un camino que indicaba un área recreativa, llegando a la Junta de los Arroyos y subiendo luego una pista forestal que da a las mismas vistas que se disfrutan desde el Puntal, teniendo buenas panorámicas del pueblo de Siles una vez más.
En mi opinión no merece mucho la pena para salir a bichear, porque hay un olivar con perros sueltos que cualquier día te puede crear un problema, y teniendo El Puntal al lado es innecesario. De aves destaco un colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), aparte de herrerillos capuchinos, carboneros comunes y garrapinos, picapinos, cuervos, aviones roqueros, una culebrera, buitres leonados y un cernícalo vulgar.




Creo que es una quitameriendas



Y llegamos justo al último día de septiembre, porque justamente el día 30 se despidió con una salida que me gustó mucho. Tocó acercarme a Torres de Albanchez, como ya sabéis que tanto me gusta, donde me recibieron dos aviones de combate atronando el cielo, con los cuervos (Corvus corax) intentando emularlos con sus piruetas aéreas.
Hasta ahora no me había fijado, pero resulta que hace tres años yo no veía cuervos en el Cerro del Castillo, mientras que sí que eran frecuentes las cornejas. Ahora a estas últimas no se las ve ni oye, teniendo pinta de que han sido sustituidas por sus primos mayores los cuervos.





Además de enseñaros cómo se ve Siles desde ese cerro y una vista del valle del Onsares, aprovecho la tercera foto para que veáis en qué tipo de medios me muevo, que sé a muchos os hace gracia imaginarme haciendo la cabra montés por ahí...






Las águilas calzadas del cerro ya se marcharon a África, para aflicción mía, y los vencejos reales y escribanos montesinos no se dejaron retratar, pero justo cuando iba refunfuñando por ello... va y aparece ante mis narices una collalba gris (Oenanthe oenanthe) que se dejó observar de maravilla. Encima volvía a salir y a ponerse cerca de mí de cuando en cuando, y la vuelta me la volví a encontrar de nuevo. Este comportamiento confiado, junto con su buen tamaño y el color, me hace pensar que es un ejemplar del norte de Europa.
Para rematar la salida, se oyó el ulular de un cárabo siendo aún de día (algún pájaro le debió tocar las narices).










Para cerrar entrada hoy toca un atardecer de curiosos y bonitos tonos, y un cuarto creciente de la luna, hasta la próxima entrada que tratará ni más ni menos que el Día Mundial de las Aves.






miércoles, 1 de octubre de 2014

De ungulados por Sierra Morena



Llegaron las primeras lluvias otoñales a la sierra, aunque aún no se ha vestido de verde y conserva el seco tono amarillento del verano, y con ello ha despertado el celo de los grandes mamíferos herbívoros, motivo que me animó a darme una vuelta por la Sierra de Andújar el pasado sábado.

La idea principal era ver los machos de ciervo (Cervus elaphus), ya sea con ejemplares holgazanes a la sombra del encinar o enormes venados con sus cuernas al máximo tras unos pocos meses desarrollándolas con un enorme consumo de calcio y fósforo por parte de sus organismos.







Estos dos individuos tenían en común estar en plena berrea, lanzando sus potentes bramidos con frecuencia entre los de otros tantos congéneres que compiten por atraer hembras, convirtiendo el monte en un concierto de atronadoras voces que no pocas personas se acercaron a escuchar.
Los venados como el de la foto de arriba serán los que consigan un harén de hembras para aparearse con ellas y transmitir sus saludables genes a las nuevas generaciones, no sin antes pelear por ellas en combates en los que traban cuernas y embisten con ímpetu gladiador. No es raro por tanto ver machos con aparente descuido en alimentarse bien por estar tan centrados en sus pasionales menesteres.





Sus primos menores, los gamos (Dama dama) también se dejan ver y andan con escarceos amorosos. Vi en dos ocasiones grandes machos con sus bonitas cuernas en forma de palas y los gruesos gaznates con los tonos grises de la madurez, acompañados por sus novias. Ellos tienen su equivalente de la berrea, la llamada ronca, en la que emiten unos gruñidos guturales que no se oyen desde tanta distancia como los bramidos de los ciervos, aunque ese día no los escuché de todos modos.







Desde allí tomé el carril de tierra que lleva hasta El Centenillo, pueblo serrano de pasado minero, un lugar tranquilo y muy poco transitado que da mucho juego para el avistamiento de fauna. Allí he visto a veces a los muflones (Ovis musimon), esos parientes salvajes de nuestras ovejas domésticas (sus balidos son prácticamente iguales cuando los oyes), pero este sábado vi más ejemplares que nunca, entre juveniles, hembras e incluso algunos formidables machos de cuernos curvados.
Tanto el gamo como el muflón son especies introducidas en nuestra fauna para la actividad cinegética, suponiendo una fuerte competencia para los corzos (que tampoco llevan bien la sobreabundancia de ciervos) hasta el punto de haberlos convertido en muy escasos en estas tierras y extinguidos en lugares como Cazorla, Segura y Las Villas.














Esto iba a ser una entrada sobre mamíferos, pero no puedo evitar poner este colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) del paso migratorio, y citar la collalba gris, la tarabilla norteña, la culebrera, el roquero solitario, la golondrina dáurica y numerosísimos buitres leonados en las peñas que hay cerca del Centenillo.
Dentro de poco llegará una nueva ración segureña con parajes increíbles, ya veréis...