jueves, 7 de marzo de 2013

FIO de Monfragüe: 1ª parte





Casi una semana después del emocionante fin de semana en Monfragüe, me decido a subir hoy la primera parte de mi personal crónica del viaje ornitológico (a punto estuve de hacer una única macroentrada a lo bestia, como siempre).
Mi experiencia con este santuario de especies emblemáticas siempre fue muy reducido, únicamente una excursión en mis años de instituto (inolvidable mi primera cigüeña negra) y una breve visita con mi padre y mis hermanos aprovechando un viaje por Extremadura. Siempre me dije para mis adentros que algún día debería ir seria y exclusivamente en plan pajarero... cosa que se ha cumplido antes de lo que imaginaba, de mano de esta Feria Internacional de Turismo Ornitológico y gracias a los buenos amigos que me invitaron a acompañarles en una jornada que ellos ya han repetido.

Por el camino iba disfrutando de avefrías, patos cuchara, milanos reales, ratoneros y otras aves, pero una pequeña sorpresa fue cuando vi una solitaria grulla (Grus grus) entre un grupito de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) que se congregaban en torno a una charca.






Una vez instalados y todos reunidos, visitamos los puestos y la exposición fotográfica (mucho ojo, mirad quién estuvo seleccionado), gozando de los poderosos teleobjetivos que allí dejaban usar como muestra.
Después de comer nos dirigimos al Salto del Gitano, uno de los mejores puntos para observar esta fauna ibérica que aquí tiene buena representación de necrófagas y grandes rapaces, además de cigüeñas negras.

Los reyes del lugar son los omnipresentes buitres leonados (Gyps fulvus), que ya desde lejos se dejan ver en enormes grupos cicleando sin parar sobre las peñas, o posados en ellas cuando ya te has acercado al lugar.
























Una de mis especies objetivo era el alimoche (Neophron percnopterus), por lo escaso que es en mi tierra, incluso le tenía más ganas que a las águilas imperiales (a ésas por suerte sí las veo más, puedo dar gracias).
Sabía que tendría oportunidades, pero no esperaba que realmente hubiese tantos ejemplares, porque a cada rato aparecía algún individuo solitario o una pareja entre los muchísimos buitres, y siempre se dejaban ver a lo largo de todo el fin de semana.
Estas aves no tendrán el rostro más agraciado de nuestra avifauna, pero no nos quepa duda de que en vuelo son hermosísimos con esos colores de cigüeña.
Como decía antes, son escasos en mi Jaén natal, debido al perjuicio de los venenos entre otras causas, por lo que me sentí muy satisfecho con este objetivo.
















Curiosamente, de los buitres negros (Aegypius monachus) no tengo ninguna foto especialmente atractiva, aunque también es de recibo decir que justo el día anterior ya tuve una ración tan impresionante de ellos que tampoco es que pusiera mucho empeño cuando veía alguno de lejos.





Un vecino de menor envergadura pero de mayor bravura es el siempre insigne halcón peregrino (Falco peregrinus), ave preferida en el arte de la cetrería (junto al azor), ostentador del récord de velocidad del reino animal y rapaz a la que los hombres hemos hecho símbolo en tantísimas ocasiones.
Hay una pareja instalada en los peñascos y sus observaciones fueron siempre lejanas, pero gracias al poder de aumento de los telescopios pudimos llegar incluso a ver cómo uno de ellos desplumaba una presa tal como si viéramos un documental. Las fotos con la réflex no tienen tanto acercamiento, pero algo es algo, al menos podemos contemplar su noble porte.









Entre tanto grandullón, otros habitantes de las rocas de menor tamaño hacían aparición, incluso se llegó a ver un treparriscos (no por nuestra parte). Entre ellos estaban el veloz avión roquero (Ptyonoprogne rupestris), el azulado roquero solitario (Monticola solitarius) y el siempre audaz petirrojo (Erithacus rubecula).










No se dejaron ver otros inquilinos de alcurnia como las grandes águilas, la cigüeña negra, el búho real o la nutria, pero al día siguiente fue otro día, y eso lo veréis en la segunda entrada que complementa este primer capítulo de este sensacional viaje. Se despiden hasta la próxima un buitre leonado al caer el crepúsculo mientras los pajareros miran y afotan por todos lados.






lunes, 4 de marzo de 2013

Buitrerío en Sierra Madrona




Aquí estoy de vuelta de mi visita a Monfragüe durante la FIO de este año (la primera a la que asisto), un viaje impresionante a pesar de que el tiempo no acompañara, porque los avistamientos fueron de categoría y la compañía sobresaliente.
Tengo cosas por enseñar, por supuesto, pero antes tengo pendiente esta entrada del pasado viernes en la sierra, y es que la vivencia de aquel día bien merece ya su entrada porque fue un auténtico espectáculo natural.
En la foto de arriba veis un trozo de ese vasto escenario que es Sierra Madrona, esa porción de Sierra Morena dentro de territorios manchegos que pertenecen a Ciudad Real. Intuyo que se convertirá en mi zona de campeo durante la primavera, a tenor de las especies avistadas, sin olvidar que el medio serrano es donde yo me siento como pez en el agua.

En breves escribiré una entrada presentando bien la zona, pero hoy os haré un anticipo con las importantes colonias de buitres que alberga. Lo común sería observar muchos buitres leonados (Gyps fulvus) acompañados por unos pocos buitres negros (Aegypius monachus), pero estos últimos tienen aquí unos efectivos realmente numerosos como he podido comprobar. De hecho, me centraré en ellos en la entrada, por lo poco habitual que resulta.
Cuando llegué el viernes a una zona determinada, vi muchos de estos necrófagos volando bajo sobre un cerro, y me sorprendió comprobar que los doce primeros ejemplares que vi eran todos negros. Conforme iba caminando por el bosque me llegaban a sobrevolar por encima de las copas de los pinos, y en trozos despejados de la foresta era un placer ver aparecer de pronto a estos gigantes de los cielos a pocos metros de altura.












Llegando a un cortafuegos gocé de vistas más amplias y fue cuando divisé al alimoche de la anterior entrada. Sus parientes grandullones seguían cicleando y descendiendo por la ladera, pareciéndome sospechosa la baja altura a la que volaban, ya me empecé a oler lo que podía ocurrir... y fue entonces cuando oí un jaleo de alas a mis espaldas y me encontré con esto bajando desde lo alto del cerro.









 Si antes los había estado viendo de cerca... esto ya fue el colmo, una experiencia maravillosa el tener a poquísimos  metros esos casi tres metros de envergadura pasándome a escasísimos metros de distancia, por encima y por los lados, remontándose en torno a donde yo estaba mientras me volvía loco sin saber ya a dónde mirar. Con estas aproximaciones se distinguen perfectamente los grupos de edad (los jóvenes son más oscuros y tienen la cabeza más emplumada).









Conforme estos prospectores del monte seguían tomando las térmicas para seguir a sus congéneres, subí a la cima y encontré lo que había congregado a tantísimo pajarraco. Ni más ni menos que uno de esos lugares donde los cazadores dejan los despojos y partes no aprovechables de las monterías, ya os podéis imaginar el olor (aunque los que hacéis carroñadas lo conocéis mejor).









Viendo rincones tan tranquilos y bonitos como el de esta foto, nadie diría que el olor de la muerte volara tan cerca...
Tampoco podía yo imaginar que me iba a poner las botas de ver buitres negros justo un día antes de ir a Monfragüe, cosas curiosas de la vida.






viernes, 1 de marzo de 2013

Los últimos arañazos del invierno


En la anterior entrada os comentaba que el invierno aún se niega a que demos por sentado que ya acabó en vista de los días de buen tiempo primaveral que llegamos a gozar un par de semanas atrás, además de síntomas como la floración, la actividad de las aves, etc...

Ya nos mandó el invierno días nublados y lluviosos como advertencia, pero ayer reclamó sus dominios mandando una buena nevada en Cardeña durante toda la mañana. Es la primera vez que veo dehesas y encinas bajo el manto crujiente de la nieve, y no me resistí a salir por ahí con la cámara para recoger unos cuantos recuerdos nevados.










La mula y el caballo aguantan estoicamente la que les cae encima, al igual que esta cigüeña blanca (Ciconia ciconia). Ellos no pueden hacer como nosotros y refugiarse en el hogar junto a la estufa o el brasero... luego nos quejamos por tonterías materialistas con lo a gusto que vivimos en realidad.




Estampas de los rigores del invierno que contrastan fuertemente con escenas como la de este macho de azor (Accipiter gentilis) enseñoreándose en su territorio mientras su pareja reclama desde la profundidad del pinar, instando a comenzar los amoríos primaverales.




Algunas de nuestras aves visitantes del invierno ya nos han abandonado, como es el caso de las grullas del Valle de Alcudia de la anterior entrada, ya no queda ni una, pero aún vemos otras aves más menudas pero igualmente bonitas que todavía pueden verse al mismo tiempo que viajeras estivales como la golondrina común, como por ejemplo estos lúganos (Carduelis spinus) con pésima luz al atardecer y bastante distancia. Nada que ver con las tomas que consiguió Isra.




El invierno nos hace demostraciones de poder, pero ya van llegando las aves estivales de sus largos viajes desde África para acabar marcándonos el inicio primaveral cuando el grueso de sus efectivos esté aquí.
Si este domingo ya vi los primeros cernícalos primilla, ya puedo decir que van llegando las rapaces de mayor porte desde que esta mañana he visto este lejano alimoche (Neophron percnopterus) en Sierra Madrona, junto a muchísimos buitres leonados y negros... pero eso ya aparecerá en una próxima entrada, todo a su tiempo...
Mientras tanto, ¡bienvenidos sean este alimoche y sus compañeros!




Mañana estaré en la FIO de Monfragüe, quizás muchos de vosotros leáis esta entrada mientras yo esté allí viendo quién sabe qué cosas. ¿Más alimoches? ¿Mis ansiadas cigüeñas negras? ¿Un azor o un gavilán para dar el toque de la casa?
Sea como sea, la ilusión es grande, muy grande.


PD: me vais a permitir la libertad de recomendar dos blogs. Uno es de un amigo que empezará a enseñarnos rutas y especies típicas en una zona muy concreta: las estepas cerealistas de los ríos Jarama y Henares. Algunos le conoceréis ya por ser el amigo que me guía por mis viajes madrileños.

http://avesestepascerealistas.blogspot.com.es/

El otro es ni más ni menos que de un alumno mío que se ha animado con su 300mm.

http://naturalezaenvivo29.blogspot.com.es/