Normalmente me veis viajar a distintos sitios a conocer nuevos lugares y pajarear en buena compañía, pero estos días he sido yo quien ha recibido a dos amigos en Cardeña y he intentado mostrarles algo típico de estas zonas, como por ejemplo la abandonada Aldea del Cerezo de la primera foto, donde vieron los cerdos ibéricos con sus lechones y escuchamos el reclamo de los mochuelos con Sierra Madrona de fondo. Perfecto escenario antes de regresar a casa para cenar con jamón de bellota, paté de perdiz, chorizo de venado y pan con aceite.
El viernes fueron a conocer el pueblo de Azuel y un embalse mientras yo trabajaba, y por la tarde (después de una excelente comida con cordero asado, lechón y flamenquín) fuimos en dirección a Venta del Charco para ver el embalse de la Corcovada, lugar donde pastan vacas de la raza retinta (tienen bastante mala leche) y se alimentan avefrías, andarríos grandes, cigüeñas blancas, ánades reales y garzas reales.
En este lugar no es raro disfrutar del vuelo de los buitres negro (Aegypius monachus) y leonado (Gyps fulvus).
NOTA: las fotos de buitres corresponden a unos días antes, las cojo para ilustrarlo mejor.
La siguiente parada fue la carretera vieja de Montoro con la intención de encontrar ciervos (animales poco habituales para ellos), además de ir viendo por el camino zorzales charlos (otra novedad que para mí es sin embargo habitual), este ratonero (Buteo buteo) o las lavanderas blancas (Motacilla alba) en tremendo número.
Los ciervos se empezaron a dejar ver al ir cayendo la tarde, y al anochecer los grupos eran bastante numerosos. No voy a dejar ninguna foto esta vez, pero sí dejaré el cuarto creciente que tuvimos la semana pasada y unas vistas espectaculares que se podían gozar allí arriba (había incluso chovas piquirrojas, la primera vez que las veo aquí).
Unas buenas pizzas hechas en casa (masa incluida) nos esperaban para cenar.
El sábado llegó el plato fuerte cuando los llevé a conocer la capital cordobesa para ver el casco histórico con sus fuertes aromas califales, sus callejuelas y su gastronomía. Aquí la comida consistió en salmorejo, berenjena rellena, carrillada en salsa y un churrasco a las dos salsas, además de una paradita en una pastelería que me gusta mucho.
Como voy a estar haciendo entradas cordobesas durante un buen tiempo, me guardaré las fotos que hice para ir amenizando las entradas de aves y ahora me quedo con unas cuantas de la mezquita.
Como voy a estar haciendo entradas cordobesas durante un buen tiempo, me guardaré las fotos que hice para ir amenizando las entradas de aves y ahora me quedo con unas cuantas de la mezquita.
Una de las estrellas ornitológicas del lugar es el calamón (Porphyrio porphyrio), dejándose ver en esta ocasión un ejemplar que volaba de una isleta a otra mientras buscaba tallos tiernos para comer.
No podían faltar las garzas reales (Ardea cinerea) ni los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo).
Aún se dejan ver poco los martinetes (Nycticorax nycticorax) hasta que reciban refuerzos de los ejemplares estivales que pronto llegarán.
Otros emplumados fueron este mosquitero común (Phyloscopus collybita), el clásico andarríos chico (Actitis hypoleucos) y la nota graciosa de encontrar entre los gorriones a un periquito fugado.
Si los días anteriores se caracterizaron por un agradable clima soleado y despejado, el domingo llegó frío y nublado. Fuimos a conocer mejor el Valle de los Pedroches, donde aún en estas fechas se pueden ver a las grullas (Grus grus) que eligen esta zona para su invernada.
En la campiña se podían ver estos otros invernantes: el chorlito dorado (Pluvialis apricaria) y la popular avefría (Vanellus vanellus). Este invierno no he visto chorlitos dorados en Bailén, así que me ha alegrado mucho no quedarme sin verlos este año aunque sea en otro sitio.
Tenemos una población residente de abubillas (Upupa epops) que no migra a África con sus congéneres, y una nota de la incipiente primavera nos la dio un macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) con sus vuelos de cortejo y reclamos.
Destaco la presencia de un azor adulto que salió volando de una encina, pero las verdaderas protagonistas de la dehesa en invierno son las carismáticas grullas. En algunos puntos de la carretera estaban cerquísima y en grandes números mientras trompeteaban a coro, para poder fotografiarlas las buscamos por los caminos de la dehesa.
Les queda poco tiempo entre nosotros, por lo que voy a intentar disfrutar de ellas en el Valle de Alcudia si me es posible.
Espero que os guste este pequeño resumen que ni mucho menos puede ilustrar del todo las vivencias en persona, sin olvidarme de recomendaros conocer estas tierras, ¡por supuesto!


