lunes, 4 de febrero de 2013

Esencias del monte mediterráneo en Sierra Morena





Para el título de esta entrada iba a poner "esencia", en singular, pero de pronto decidí usar mejor el plural al tener en cuenta que son muchas las especies emblématicas de este ecosistema tan nuestro y que tanto adoro.
Ahora mismo se va acercando una época que me encanta, cuando el final del invierno se solapará con el inicio de la primavera, y se notará una vida latente que parece despertar e irrumpir con aún más fuerza si cabe.
Pero aún estamos en invierno, y estos cielos despejados y azules que ahora tenemos pueden nublarse en cualquier momento, hecho que aprovechan los buitres para patrullar en busca de las carroñas que limpian tan eficazmente de nuestros campos. Unas concentraciones tremendamente grandes de estos necrófagos me ha hecho encontrarme con más ejemplares de buitre negro (Aegypius monachus) que nunca, aunque yo os dejo como muestra sólo cuatro individuos distintos; el último apareció de pronto volando muy bajo sobre las copas de las encinas y reaccioné como pude antes de que los árboles me lo taparan de nuevo.









Si había muchos buitres negros, imaginad entonces la inmensa cantidad de buitres leonados (Gyps fulvus) que debía haber, realmente numerosísimos. El buitre negro es para mí una de las dos rapaces que rezuman el espíritu vivo de nuestros montes de encinar, alcornoque y matorral bajo, pero el buitre leonado es un ave que también disfruto muchísimo cuando veo sus enormes bandos en círculos y algunos de ellos pasan volando bajo toda su imponencia.









Justamente entre estos gigantes del aire, la semana pasada se encontraba otra silueta aún más majestuosa y hermosa, ni más ni menos que la de un macho de águila imperial (Aquila adalberti), la otra rapaz que para mí representa el espíritu de estos bosques meridionales.








 Las pasadas lluvias, además de dar un increíble verdor a las dehesas, han dejado las charcas y arroyos con un repleto aspecto que atrae a interesantes comensales, como por ejemplo la primera cigüeña negra de la temporada, que se me cruzó por la carretera volando bajísima... aunque sin fotos, y siendo una especie pendiente que aún tengo clavada como una astilla.






Otros que disfrutan del fresco verdor de la dehesa son los ciervos (Cervus elaphus), a los que se puede ver muy bien yendo a los lugares adecuados, como por ejemplo con estos numerosos grupos de hembras y jóvenes machos que pastan al atardecer.








Más apartados y apareciendo cuando el crepúsculo está más cercano, están los grandes venados luciendo un aspecto así de regio.









Los almendros ya empiezan en muchas zonas a vestirse de blanco y rosado, atrayendo a abejas y otros insectos que parecen ir surgiendo del invierno dormido.





 Del mismo modo que las parejas de grandes rapaces están enceladas y haciendo vuelos de cortejo, sus pollos del año pasado aún vagabundean juntos por territorios que están explorando antes de asentarse en uno propio. De este modo es como el viernes vi ni más ni menos que tres pollos de águila imperial (dos machos y una hembra) junto a un juvenil de águila real (Aquila chrysaetos) que parecía un macho y un subadulto de su misma especie. Estaban bastante lejos como veis, pero fue un espectáculo impresionante ver cinco águilas al mismo tiempo, trazando elegantes círculos y jugando a trabarse con las garras, incluso hubo un momento de bronca cuando apareció un gavilán directamente hacia ellas y les estuvo tirando pasadas, como un auténtico valiente.












Y, ya que estamos con águilas, aprovecho para mostrar otro ejemplar de otra ocasión distinta, una bonita águila real adulta de sobrecogedora estampa. También dejo un azor (Accipiter gentilis) que volaba tremendamente alto, incluso más que los buitres, creo que un juvenil... pronto empezarán los adultos con los vuelos del celo y espero pillar mejor que el año pasado a esos piratas de la espesura que no resultan muy fáciles de ver.






La verdad es que me encantaría saber qué se siente sobrevolando con su vista parajes como estos de abajo.







Si el buitre negro y el águila imperial son las grandes rapaces del monte mediterráneo, el rabilargo (Cyanopica cyanus) es el córvido por excelencia de este medio. Normalmente no se deja pillar bien con la cámara, son condenadamente inteligentes y hábiles escabulléndose, pero ahora con la presencia de domingueros se están volviendo bastante atrevidos en busca de migajas (listos que son los malditos) y he aprovechado como he podido.








Una macro-entrada de Sierra Morena no puede acabar sin mi clásica foto de la luna o el anochecer, así que hoy voy a dejar hasta tres. Espero que sirva aunque sea sólo un poco para acercaros lo que más me gusta de mi tierra.