lunes, 7 de enero de 2013

ZEPA 139: primer día, disfrutando de las aves esteparias






Desde el jueves hasta el domingo por la mañana he estado en tierras madrileñas visitando a un amigo, el truhán que tiene este blog, que me ha estado guiando por las zonas de aves esteparias que él va controlando cada vez más. Para alguien como yo, acostumbrado a las sierras andaluzas, es novedoso andar por las estepas cerealistas en pos de avutardas, sisones, ortegas, corzos, milanos reales, etc... por no hablar del gusto de pajarear bien acompañado, y más si le añadimos la oportunidad de haber quedado también con amigos de nuestro grupete pajaril.

El jueves decidimos pajarear por los campos de Alalpardo, zona donde vive un muy buen núcleo de avutardas (Otis tarda) que parecen ser las mismas de Valdetorres y Talamanca.
Nos recibieron al poco tiempo dos milanos reales (Milvus milvus), mostrando bien la diferencia de tonos rojizos entre juvenil (izquierda) y adulto (derecha, el más intenso), y tampoco tardaron en aparecer bandos de avefrías (Vanellus vanellus), que en este caso iban acompañadas por estorninos negros (Sturnus unicolor).






Y ya desde lejos es cuando debemos localizar los grupos de avutardas para saber dónde encaminarnos más adelante. Las tenéis a la derecha de la parte verde.




Los milanos reales son uno de objetivos aquí, porque en mi tierra son escasos y directamente es que no los veo. Un par de preciosos adultos pasaron a agradecida distancia, cosa que me encantó porque los ejemplares de mi anterior viaje eran siempre juveniles.





Ya puestos con rapaces, seguiré enseñando del tirón al resto. Una pareja de ratoneros cicleaba en lo alto, mientras un hermosísimo macho de aguilucho pálido aparecía y se esfumaba tras el horizonte. Más fácil de ver fue esta hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).




Otro cernícalo distinto (un macho) protagonizó un momento espectacular, porque atrapó al vuelo un pajarillo  delante de mis narices, a pocos metros, y se dispuso a comer en el suelo sin darse cuenta de nuestra presencia. Pero no acaba la cosa, porque un gavilán (Accipiter nisus) se acercó volando bajo con muy malas intenciones y le pegó una buena pasada al cernícalo, y es entonces cuando las dos pequeñas rapaces no aguantaron bien tener público y se fueron cada uno por su lado.






Tras las pequeñas rapaces llegaron las más grandes, porque a esas horas ya se veía a los enormes buitres volando sobre las térmicas. Unos pocos buitres negros (Aegypius monachus) planeaban muy alto, mientras que algunos buitres leonados (Gyps fulvus) se dejaban ver mejor.





Siempre mantengo la buena costumbre de fijarme bien en los grupos de buitres para intentar ver algún "infiltrado". En este caso aparecieron un macho subadulto de águila real (Aquila chrysaetos) y un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) que no sé si sería macho joven o hembra.







Pasemos a las estrellas de esta salida, las esquivas y bonitas aves esteparias. Vimos asomar la cabeza disimuladamente a estos sisones (Tetrax tetrax), que acabaron por salir volando con mucho jaleo y mostrando la preciosa blancura que tienen al desplegar las alas.








 Sus primas mayores, las avutardas, no se dejaron ver posadas de cerca, pero tuvimos la suerte de que varias veces pasaran volando por nuestro sendero, aleteando pesadamente (cosas de ser el ave voladora más pesada de Europa) y jadeando con los picos abiertos e incluso emitiendo unos bajos gruñidos. Fue impresionante cuando un bando especialmente enorme pasó justo por donde estábamos nosotros, fue cuando más me emocioné.

















Igual de bonito que fue observar esto, lo fue de desagradable la manera tan grosera y maleducada que tuvo un señor en tractor de echarnos diciendo que el camino donde estábamos era de terrenos privados de caza (pese a no tener señales ni nada que lo indicara en medio de tan vastos espacios). Con decirlo de buenos modos yo me habría ido igualmente.




En fin... al ir regresando disfrutamos de los entretenidos vuelos de celo de los cuervos (Corvus corax), con sus piruetas, graznidos y macarradas varias mientras el sol de la tarde daba lustre a sus negros plumajes.







Me pareció que el oído me jugaba una mala pasada al oír un reclamo carismático, pero acabó resultando real cuando vimos una gran escuadra de grullas (Grus grus) viajando a vete a saber dónde. Un momento realmente bonito, sin ninguna duda, y que imaginaréis que me llenó de recuerdos...




Huían a nuestro paso grupitos de perdices, y también esta liebre (Lepus granatensis), animales muy abundantes, no tanto como los escribamos palustres (Emberiza schoeniclus) que han elegido estos campos para invernar, seguramente por el parecido que guardan con sus hábitats originales al haber vegetación similar y bastante humedad en esa parte.






Al irse extinguiendo la tarde, los milanos reales se van dirigiendo hacia sus dormideros, de igual modo que nosotros dos volvemos a casa a descansar y comentar la jornada.
Este día para mí fue el mejor en cuanto a cantidad de aves y cercanía de avistamientos, pero mucho ojo con la compañía que tuvimos los dos días siguientes, y alguna sorpresita nueva de especies... pero todo eso en las siguientes entradas.






jueves, 3 de enero de 2013

Acabando y empezando año en Sierra Morena




¿Qué mejor salida para acabar el año? ¿Y para empezar el 2013? Pues visitando a la pareja de preciosas águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus) de la Sierra Morena jiennense, esas rapaces de bonito diseño, agilidad prodigiosa, agresividad sin parangón.... y escasas, puesto que son la única pareja reproductora en esta zona de la provincia.
Este pasado sábado me recibieron los buitres leonados (Gyps fulvus), que alrededor de las 12 de la mañana ahora suelen llegar volando muy bajo y en grandes cantidades, ascendiendo por las térmicas de una ladera que agradecidamente tengo al lado. Esto es algo que habría sido el remate donde viví el curso pasado, una buena buitrera a mano donde disfrutarlos de cerca.
Algunos llevaban ramitas para ir empezando a arreglar sus nidos y se veían vuelos de celo, menos espectaculares que los de águilas y similares, pero igualmente reconocibles y bonitos.













Entre los visitantes ilustres que suelen aparecer por aquí, esta vez se dejaron ver un macho adulto de águila real (Aquila chrysaetos) y un halcón peregrino (Falco peregrinus).





Pero los más insignes habitantes de este roquedo son las mencionadas águilas perdiceras, que están estos días muy activas con el  celo y se dejan ver mucho en las horas en torno al mediodía. Sobre todo vigila mucho el territorio la gran hembra.











Aquí tuve la suerte de ver al macho (izquierda) junto a la hembra recién posándose.




El domingo fue bastante distinto el panorama, con una densa cortina de nubes que no permitió ver a las águilas, pero sí a los buitres que no dejaban de planear y seguir aportando ramas frescas a sus nidos.


















Estas escenas tuvieron un encanto muy especial a su manera, es algo poco habitual y me gustó, pero el frío era aterradoramente desgarrador y no duré demasiado allí. Para que os hagáis una idea, esta foto de abajo es el mismo lugar exacto de la foto que puse al comienzo de la entrada.





Ahora llega la última parte de esta entrada, y sin dudas la mejor, porque estuvo por aquí Rafa Gómez con Fátima y la pequeña Eva. Tuve el gusto de conocerles en el Festival de las Grullas y ahora hemos compartido un ratito de pajareo aprovechando su paso por mi tierra durante un viaje.
Esta vez los buitres no pasaron volando por encima de nosotros a baja altura, pero igualmente fueron constantes y se los veía aún con ramitas en el pico, o volando juntos en sus cortejos, demostrando a veces una velocidad poco usual en estas aves que normalmente son tranquilas voladoras.





Lo mejor de todo fue que el plato fuerte nos acompañó en casi todo momento, porque las perdiceras ya estaban activas desde nuestra inmediata llegada, dejando que Rafa viera dónde anidan.





Y no tardaron en demostrar su merecida fama de rapaces agresivas con su territorio, porque arremetieron contra los buitres en muchas ocasiones. No se conforman con dar unas pasadas de aviso o espantarlos, no, estas águilas atacan con verdadera saña, usando bien sus garras y persiguiendo con bastante insistencia a los enormes buitres que se ven de pronto metidos en una espiral de garras y golpes.
Hicieron gala de esa agilidad que relataba Félix Rodríguez de la Fuente, de sobra, porque era increíble ver por ejemplo a la hembra volando sólo para marcar territorio... y ver llegar al macho adelantándola batiendo alas como un misil para lanzarle un pepinazo a un buitre desprevenido. O esos picados increíbles, o cuando llegó un buitre volando como una exhalación a su posadero en las rocas para librarse de una persecución.









Otra experiencia agradable fue ver a algunos de los otros alados de la zona, como por ejemplo un gavilán macho (Accipiter nisus) y un pollo del año de águila imperial (Aquila adalberti) que apareció a la cola de un grupo de buitres cruzando el valle.






Comenté que también se ven águilas reales y halcones peregrinos (como se ha visto en la primera parte de la entrada), pero ninguno de ellos apareció... bueno, el halcón peregrino, sí, pero cuando ya nos habíamos despedido y yo pasé de nuevo por el lugar con el coche de regreso a mi pueblo.




Me despido con la imagen del halcón precipitándose tras los cortados mientras que un joven buitre ni se da cuenta. Tuvo suerte de no sufrir un picado del falcónido, porque también los halcones son muy broncas al igual que las águilas perdiceras.