sábado, 8 de diciembre de 2012

Aves extremeñas




Un grupete de ovejas está aquí esperando a ver qué os enseño del pajareo tan bueno que tuve el fin de semana pasado aprovechando el Festival de las grullas en Badajoz.
Es lo bueno de ir con alguien de la tierra, porque Jero nos llevó por sitios que conoce (además de alguno interesante por conocer), y quiso que todos viéramos al elanio y que probáramos suerte con el águila perdicera.

Precisamente al parar para ver a un elanio, tuve la oportunidad de empezar a practicar el RAW con un par de milanos reales (Milvus milvus) adultos haciendo piruetas, mientras que un juvenil volaba a lo lejos.
De elanio posado mejor no pongo la cutre foto que hice, que además tengo otro motivo que dejo para el final de la entrada.





Ya en los cortados rocosos donde habitan las águilas perdiceras (me recordó mucho a Los Órganos en Despeñaperros por el tipo de roca) no tuvimos suerte con las susodichas, pero estuvimos pasando un rato muy entretenido con otras aves rupícolas como el roquero solitario (Monticola solitarius) y los buitres leonados (Gyps fulvus).




Los buitres son algo que también tengo en mi tierra en abundancia, y más para los que vinieron de Burgos (ellos los ven comiendo y tan cerca que les ven los piojos), pero siempre disfruto viéndolos y para mí siempre es un espectáculo cuando empiezan a arremolinarse en torno a las térmicas y te pasan volando por encima a poca distancia.









Lo que ya no tengo tan en abundancia son las avefrías (Vanellus vanellus). No es raro verlas en Jaén, pero no tantísimas como se veían allí (en el viaje de vuelta las llegué a tener al lado mismo, en los arcenes).





Otras aves fáciles de observar en buenos números son las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) y las gaviotas reidoras (Larus ridibundus).






Otros invernantes carismáticos que llegan con las grullas y comparten espacios con ellas son los ánsares comunes (Anser anser), que también vuelan en bonitas escuadras formando bullicio.







Las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) de mi entorno están ahora pasando el invierno en sus cuarteles africanos, pero los extremeños disfrutan su bonita estampa durante todo el año.





Mención aparte para los pequeños pajarillos, que no escapan a la  mirada del hijo de Jero, Jorge, casi todo el tiempo pendiente de los árboles en busca de ellos (y menuda foto de buitrón que sacó, me dejó hecho fosfatina). Me recuerda a mí cuando no dejo de mirar al cielo por si pasa alguna rapaz.
Entre ellos elijo un mosquitero que supongo que será común (una ayudita, please), el asiático e introducido bengalí rojo (Amandava amandava), un alcaudón real (Lanius meriodionalis) y una tarabilla común (Saxicola torquata).
El alcaudón tiene bastante distancia, pero mis compañeros pudieron sacarlo más de cerca y seguro que les quedó de maravilla. Con la tarabilla ya tuve algo más de suerte.







Pasemos a las rapaces, ese grupo que siempre nos gusta tanto a los aficionados a las aves. Se vieron muchos aguiluchos pálidos (Circus cyaneus) y laguneros (Circus aeruginosus) de ambos sexos. 
Aquí podéis ver a un macho y una hembra de pálido sobre el arrozal del dormidero de grullas, y un macho de lagunero al atardecer.









Nunca faltan los cernícalos vulgares (Falco tinnunculus), a los que un amigo y yo llamamos siempre "nuestro guerrero preferido", y así demostraron su fama de broncas cuando un pareja se puso a atosigar con picados a un pobre ratonero.




Pude mostrar en persona mi curiosa tendencia de ver gavilanes (Accipiter nisus) casi siempre que salgo, cuando vi un punto en la distancia con una manera de volar muy familiar para mí, y que resultó ser un ejemplar macho.




Vuelvo a hablar de elanios (Elanus caeruleus) porque cuando me marché el domingo me encontré uno posado al mismo lado de la carretera y muy bajo, en un chisme metálico. Por desgracia no se dejó fotografiar, pero me encontré con otro cuando estaba ya dentro de Andalucía al atardecer (al entrar en Hinojosa del Duque), y pude intentar hacer algo mientras el ave se cernía y daba unas pocas vueltas.







Quienes me conocen saben lo mucho que me gustan los castillos (y lo medieval en general), y no les costará imaginar lo mucho que me gustó encontrarme con un par de ellos por el camino. Uno es extremeño (Puebla de Alcocer) y el otro andaluz (Belalcázar), y esto es lo que pude hacer desde la ventanilla del coche.

No quiero ser pesado repitiendo lo dicho en la otra entrada, pero de nuevo os doy las gracias por la jornada de pajareo tan buena y por vuestra agradable compañía, que por supuesto se volverá a dar.





jueves, 6 de diciembre de 2012

¡Al fin, lince ibérico!


Queridos amigos y amigas, ¡esta misma tarde he tenido una de mis mejores experiencias en la naturaleza (encima cuando aún tengo fresco en la memoria el maravilloso espectáculo de las grullas)! Ya tuve la oportunidad de ver un lince ibérico (Lynx pardina) el 15 de septiembre, pero fue por la noche y sin cámara, ¡y ahora he tenido una segunda oportunidad y ya sí llevaba el equipo!

Todo empezó cuando fui a la zona del Encinarejo (Sierra de Andújar) porque llevaba tiempo queriendo probar un sitio donde estoy seguro que puedo probar a ver las nutrias del Jándula, así que me marché para esperar allí al atardecer por si hubiera suerte.
Por el camino me encontré con algunos grandes venados (Cervus elaphus) entre las crecientes sombras de la tarde, pero tenía prisa, así que un par de fotos y sigo con mi camino (si notáis algo raro en la foto es porque delante hay una alambrada).




Ya en El Encinarejo, se veían muchos conejos (Oryctolagus cuniculus), que se quedaban a la vista cuando yo pasaba con el coche, confiando en escabullirse bajo las zarzas como yo me moviera más de lo deseable.
Da gusto verlos en abundancia, pues son la base de estas especies nuestras tan amenazadas y especiales como el águila imperial y el lince.




Llegó el momento de esperar escondido ante el río. La verdad es que yo me aburro mucho con los aguardos porque no soy capaz de estarme quieto esperando sin hacer nada, pero la recompensa merecía la pena y seguí esperando. Para distraerme me puse a mirar a un petirrojo que cantaba y saltaba en unas ramas cercanas, no sabía si probar a fotografiarlo si se ponía a tiro, y entonces me dio por girar la cabeza y... ¡¡algo me observaba en la penumbra desde la otra orilla!!




Al momento supe lo que era con esas orejas (ahora es cuando Ramón me dirá que yo no necesito prismáticos) y no sé cómo atiné a empezar a intentar fotografiarlo en el estado de ensimismamiento que me entró.




Aparte de que la tarde era feamente nublada, ya estaba bastante oscuro el ambiente del crepúsculo, así que tuve que tirar de ISO alto (espero que cuando sepa usar eso del reductor de ruido la cosa quede mejor) mientras por el visor alucinaba de que realmente estuviera viendo al felino más escaso y amenazado del mundo. Encima el animal se lo tomó con tranquilidad, a pesar de que él fue quien me vio a mí primero, y al estilo de los zorros empezó a caminar como si yo no estuviera y se permitió marcar un lentisco con su orina.




Cuando desapareció tras una encina, volvió a salir ya con mejor visibilidad y lo tuve al descubierto durante unos emocionantes segundos antes de irse definitivamente como el fantasma moteado que es.




Pero es que mirad qué preciosidad de animal, no podemos dejar que desaparezca de nuestros montes mediterráneos, que no sea el primer felino en extinguirse en muchos siglos... si hasta había allí un grupo de extranjeros con sus telescopios y prismáticos esperando ver alguno (les avisé de que estuvieran atentos por si el lince seguía su camino recto y aparecía donde ellos estaban apostados).




Al llegar a Bailén, fui directamente a casa de mi mejor amigo para enseñarle el lince y celebrarlo con una cerveza artesana hecha por él mismo (foto cutre hecha con mi teléfono móvil).
Y me quejaba yo esta mañana de la jornada tan floja que tuve, sólo viendo una gavilana de lejos y oyendo un búho real... ¡¡quién diría que por la tarde iría a probar suerte con las nutrias y acabaría viendo a nuestra especie estrella!! ¡¡¡Iba eufórico en mi camino de regreso!!!
Para el recuerdo me quedo con la sensación de cuando me di cuenta de que el animal me había estado mirando a mí sin saber cuánto rato, y su sigilo y la manera que tenía de moverse.





martes, 4 de diciembre de 2012

Festival de las grullas 2012





Estas semanas ha entrado el frío en mi tierra como un demonio helado, es época de sentarse cerca del brasero y de dormir envuelto en toneladas de mantas. Aquellas aves estivales que tanto aprecio (águilas calzadas, culebreras, vencejos reales, abejarucos, etc) están ahora mismo cazando en las llanuras africanas junto a los rebaños de enormes herbívoros y los formidables felinos, pero al mismo tiempo recibimos en nuestro país a insignes visitantes invernales que amenizan los gélidos cielos y paisajes ibéricos. Entre ellos, destacan por su elegancia y carismática estampa las grullas (Grus grus), que bien merecen una entrada exclusiva.

Para disfrutarlo como es merecido, este fin de semana me he desplazado hasta Navalvillar de Pela (Badajoz) para observar y fotografiar a las grullas en buenísima compañía, pues he estado junto a buenos fotógrafos (y mejores personas) a los que he estado leyendo todo este tiempo y ahora he tenido la oportunidad de conocer, además de sus respectivas familias y nueva gente con la que aún no había tenido el gusto de tratar (ojalá que finalmente tengamos un blog de Rafa). Con Jero Milán enseñándonos orgullosamente su tierra (que no su terruño, que también habrá que verlo), hemos llegado desde Madrid, Burgos y Jaén (en mi caso) para pasar un muy buen fin de semana disfrutando de las aves extremeñas.

El sábado ya se dejaban ver muy pronto estas grandes viajeras que llenan el cielo con sus trompeteos y poderosos batidos de alas. Realmente impresionante cuando levantan todas juntas el vuelo al mismo tiempo.










La zona próxima a donde se reúnen para dormir estaba atestada de gente (incluyendo numerosos domingueros, de los que se arrancan a "cantar" con su micrófono), pero al ir cayendo la tarde estuvo más tranquilo el observatorio y pudimos ir viendo cómo llegaban reflejando los tonos cálidos del atardecer en sus plumajes, mientras que los elanios cazaban a lo lejos y la luz del sol disminuía cada vez más hasta el momento de recoger los bártulos con la luna tomando el relevo.
Encima disfrutando de un pequeño momento de observación astronómica con Ramón, señalándome Júpiter con sus cuatro lunas y estrellas con efecto cromático que yo desconocía.











Llegó el domingo con un buen madrugón para estar allí antes de que amaneciera y ver a las grullas salir del dormidero juntas antes de desperdigarse trompeteando por todos los campos y dehesas. Voy a poner sólo unas pocas fotos de las aves con el cielo matutino, que las fotos de los amigos pajareros sí que van a ser buenas, ya lo vais a ver.










Por las carreteras se podían ver grupos bastante cerca,  así es como Lolo, Isra, Darío y yo paramos un momento a fotografiar algunas, y vimos que una de ellas (primera foto) tenía el pico deformado con las puntas cruzadas como si fuera un enorme piquituerto. Curiosísimo.






En una zona apartada y tranquila que nos fue recomendada estuvimos también deleitándonos con sus grandes números.







Mirad bien esta foto de abajo, porque junto a las grullas se puede ver lo que parece un par de agachadizas.







Ni siquiera acabó la cosa al marcharme para coger el coche y volver a Cardeña, porque Silvia tuvo el detallazo de parar un momento en la carretera para que yo pudiese intentar fotografiar unos ejemplares que estaban bastante cerca.





Ha sido enorme tener así a estas aves tan elegantes y rebosantes de personalidad, tanto que tenían que salir ellas solas en una entrada, y dejar para una segunda entrega el resto de aves vistas, que no son pocas ni menos interesantes precisamente.

PD: he estado intentando aplicarme con el procesado de fotografías (es mi primera entrada con imágenes tomadas en raw), esperemos que mejore poco a poco, y a ver si se me pega algo de esos monstruos de la cámara con los que he estado.