Muy cerca de mi pueblo está esta localidad, tendida a los pies de Sierra Morena y muy bien imbuida de sus encantos.
Lo primero que se enseña siempre de Baños es el castillo de Burgalimar (Bury al-Hamma en árabe), una de las fortalezas musulmanas mejor conservadas que tenemos.
Pasemos a los ilustres habitantes que podemos encontrar en sus tierras anexas a la vecina Sierra de Andújar.
En este pueblo es muy popular la carne de caza, inevitablemente encontraremos muchos ciervos (Cervus elaphus) en sus encinares.
El primero se asustó un poco al descubrirme entre los matorrales, los dos siguientes son cervatillos que ya más bien son cervatorros, mientras que las dos últimas fotos sí son pequeñas crías (ejemplares distintos) con sus madres.
También está muy presente la famosa pieza cinegética de pluma, la perdiz roja (Alectoris rufa), aunque yo prefiero cazarlas con mi cámara.
Siempre atentos a los movimientos de ganaderos y cazadores están los buitres leonados (Gyps fulvus), que incluso se ven volar desde el centro del pueblo. Estas fotos son de una mañana nublada de la reciente primavera.
Algunos emplumados más pequeños se ven muy ocupados con la crianza de sus pequeños, como este escribano montesino (Emberiza cia) con el pico a rebosar de suculentas orugas.
Este lugar me ha brindado la observación de dos especies nuevas. La primera es la la bonita collalba rubia (Oenanthe hispanica), toda una novedad para mí, la lástima es que se fue tan rápido como llegó.
La segunda fue el críalo (Clamator glandarius). Creo que el verano pasado vi uno volando, pero éste de las fotos es el primero que veo con total seguridad. Estaba lejos y un alcaudón común (Lanius senator) no paraba de tirarle pasadas y espantármelo cada vez que lo tenía a punto en mi objetivo, el muy puñetero.
Mirad al alcaudón, mirad, que hasta parece que se ríe el muy hijo de...
Se pueden ver nutridos grupos de abejarucos (Merops apiaster), a los que intento afotar como puedo desde el coche. ¡Es lo que hay!
Y ahora os enseñaré unas cuantas imágenes del pueblo y a sus habitantes alados.
No puede faltar la preciosa y familiar estampa de un campanario con su nido de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia).
Ni tampoco los clásicos nidos de barro del avión común (Delichon urbica) ni el griterío de los vencejos comunes (Apus apus) al atardecer.
Un insigne inquilino del castillo es el roquero solitario (Monticola solitarius), que alegra las viejas piedras con sus cantos al estilo mirlo.
Y, para terminar, como un amigo mío siempre me está diciendo que no le hago fotos a las aves más comunes... pues aquí le dejo a la tórtola turca (Streptopelia decaocto) en comparación con su prima la tórtola común (Streptopelia turtur). ¡Hale!
No olvido que en este pueblo hay una colonia de cernícalos primilla, pero eso lo dejo para cuando tenga ocasión de conseguir algo de material decente.