En distintas publicaciones sobre la Sierra de Grazalema he ido colgando fotografías de pinsapos (
Abies pinsapo), nuestros singulares abetos mediterráneos que nos quedaron como recuerdo de otros tiempos en las sierras de Cádiz y Málaga, pero siempre han sido imágenes de ejemplares aislados o de pequeños rodales.
En la cara norte de la Sierra del Pinar (así llamada porque los lugareños conocían como "pinos" a los pinsapos) existe algo mucho mejor que lo que fui mostrando al existir un bien conservado bosque de estos relictos árboles, y si había tardado en ir era porque sólo se puede acceder solicitando permiso.
El día 7 de este mes fue el día señalado para ponerle al fin remedio y coincidió con las pocas nevadas que ha habido en estas sierras que como mucho rondan los 1.600 metros de altitud. La verdad es que me gustan más los pinsapares de la malagueña Sierra de las Nieves con sus enormes ejemplares envejecidos, pero tampoco fue para menos conocer el pinsapar grazalemeño y la experiencia de recorrerlo bajo los copos de nieve fue una gozada.
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| El pueblo de Grazalema |
Poca fauna se dejó ver en una tarde tan desapacible. Tan sólo algunas avecillas forestales, un gavilán y las cabras monteses (
Capra pyrenaica) de las fotos de abajo. Pero a esto podemos agregarle lo visto desde la terraza de mi casa, pues tuve la suerte de ver un lejano halcón peregrino (
Falco peregrinus) el día anterior y puedo ver muy bien desde allí el nido de cigüeñas blancas (
Ciconia ciconia) de la iglesia de Prado del Rey (muy "entretenidas" como veis).
Ahora es cuando pasamos a las campiñas, porque resulta que en los campos entre Sevilla y Cádiz he visto un mejor catálogo de aves rapaces que en la sierra. Allí he visto los clásicos milanos reales (
Milvus milvus) y un bonito elanio (
Elanus caeruleus), con la muy grata aparición de ejemplares juveniles de águila real (
Aquila chrysaetos) y águila perdicera (
Hieraaetus fasciatus).
Las observaciones del elanio y las dos águilas las tuve durante la misma tarde al dirigirme hacia Los Palacios y Villafranca (precisamente cuando hice la salida de mi publicación anterior), y es que las campiñas en torno al pueblo de Espera son una importante área de dispersión de águilas reales, perdiceras e imperiales.
Vuelvo a mi terreza para despedirme, porque allí el amanecer y el atardecer me regalan visiones como las que comparto con vosotros.
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