lunes, 11 de diciembre de 2017

Cosas del otoño




Sigamos con un mes de atraso comentando ahora un poco cómo andaba la Sierra de Grazalema durante la segunda semana de noviembre.
No esperéis imágenes de colorido otoñal por el título de la entrada, simplemente lo escogí porque por entonces ya sí se percibía la estación en cuanto a temperaturas, siendo el día 9 cuando por la tarde sentí verdadero frío en los cortados rocosos. Por eso y por la presencia de según qué animales en la sierra.

Por las mañanas suelo ver desde mi terraza a las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) dirigirse a alguno de los embalses de la zona, mañanas en las que se iba incrementando el frío y acabó por despertar el celo de la cabra montés (Capra pyrenaica) como ya vimos en otra entrada anterior.
Está complicado ver por aquí grandes machos, son discretos y suelen salir cuando cae la noche (yo también andaría con cuidado si quisieran mi cabeza cortada y disecada), así que me he tenido que ir conformando con ver a los inexpertos jóvenes recibir una calabaza tras otra.













En los cielos de la sierra, muy azules y lozanos durante demasiado tiempo este año, se ven a las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y a los buitres leonados (Gyps fulvus) sobre todo, aunque siempre puede haber una agradable sorpresa como cuando vi al águila real (Aquila chrysaetos) justo antes de desaparecer tras un cerro y dos buitres negros (Aegypius monachus) diferentes. Uno de estos buitres negros es el llamado "Fugitivo", ejemplar nacido en 2006 en Huelva que lleva aquí muchos años sin regresar a casa, pero el otro ha venido desde más lejos aún porque sus marcas alares verdes señalan procedencia portuguesa.










Son muchos los pájaros que se mueven entre el encinar salpicado de pinsapos y los roquedos, como el herrerillo común (Parus caeruleus) por ejemplo, destacando especialmente la visita invernante de los mirlos capiblancos (Turdus torquatus) y los acentores alpinos (Prunella collaris).

Los capiblancos se acaban dejando ver en el lugar adecuado, pero los acentores alpinos caen más al azar y pueden estar reclamando desde muy lejos en los barrancos... o de pronto llegar y ponerse justo a tu lado como me pasó con el ejemplar de las fotos. Imaginad lo que es girarte un momento y encontrarlo allí como si tú no existieras.












En una futura entrada se dejará ver mejor el cromatismo otoñal, mientras van saliendo también salidas marismeñas y un regreso a mi lugar favorito.






viernes, 8 de diciembre de 2017

El fangueo en el Brazo del Este




Un día 8 como el de hoy, pero en noviembre, estaba yo por la tarde en el Brazo del Este probando suerte si por entonces ya se podía estar a gusto allí tras el jaleo que suponía la cosecha del arroz.

No sólo estaba aquello más tranquilo, además estaban fangueando (más abajo me detendré más en esto) y el movimiento de aves era notorio. Sólo con levantar la mirada tenía por casi todos lados a los moritos (Plegadis falcinellus) con sus caóticas formaciones de vuelo y a las garcetas comunes (Egretta garzetta) dándoles un contrapunto blanco.










En las zonas de vegetación palustre sobrevolaban los aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus) los cinturones de cañas y eneas en los que se ocultan los bonitos pechiazules (Luscinia svecica) que llegaron a pasar aquí el invierno, los calamones (Porphyrio porphyrio) y los martinetes (Nycticorax nycticorax).
No suele ser un paraje especialmente bueno para observar en condiciones a las anátidas, pero aquella tarde tuve avistamientos cercanos de ánades frisos (Anas strepera) y cucharas (Anas clypeata).












En las tierras de labor se estaba en pleno fangueo, que más arriba dije que explicaría con algo más de detenimiento. Consiste en que, mediante tractores provistos de ruedas metálicas, se remueven el barro y los restos de la cosecha, atrayendo inevitablemente a numerosas aves que ven una oportunidad óptima para darse un buen festín de invertebrados.

Vemos así a las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), espátulas (Platalea leucorodia), garcetas grandes (Egretta alba) o garzas reales (Ardea cinerea) tras la labor de estos tractores junto a más especies.












Es normal ver que entre las cigüeñas blancas pueda aparecer su pariente la cigüeña negra (Ciconia nigra), pero mi alegría fue mayor al encontrar en una rastrojera un grupo de 21 ejemplares. Los que me conocéis ya sabéis de sobra que siento debilidad por esta especie, algunos de cuyos individuos de otros países europeos escogen las marismas del Guadalquivir como cuarteles de invernada todos los años.













Para poner la guinda final que tanto me gusta no sólo escojo mis habituales fotos de atardeceres, añado una imagen de Los Palacios con los bandos de moritos en vuelo, la Sierra de Grazalema en la distancia y unas flores que resultan ser de la mítica mandrágora (Mandragora autumnalis).