martes, 18 de octubre de 2016

Subida al Puntal de la Misa junto a águilas reales y quebrantahuesos






Siguiendo el ya clásico atraso cronológico que se ha instaurado en el blog al tener siempre tanto material pendiente de publicar, ahora llega la crónica de la primera salida que hice este mes de octubre, justamente el día 1 sin ir más lejos.

Siempre sentí curiosidad por el Puntal de la Misa (1.796 m) al verlo comentado entre senderistas, y consideré que sería más que interesante hacer una de sus rutas teniendo en cuenta su magnífica situación dentro de la Sierra de Segura, que ya iremos viendo al comentar el entorno desde su cumbre.
Se puede acceder desde la aldea de Las Gorgollitas, pero yo escogí hacer la subida desde la Cañada del Saucar para así rememorar viejos tiempos al tener que pasar por el valle del río Madera y Los Anchos.

Ya merecía la pena transitar por aquellos parajes segureños, antes de iniciar la ruta propiamente dicha mientras podía avistar cuervos (Corvus corax), buitres leonados (Gyps fulvus) y el primer ejemplar de águila real (Aquila chrysaetos) de la jornada.
También se veían numerosas especies de aves forestales como piquituertos, trepadores azules o pitos reales en esta etapa de la ruta con muy buenas vistas hacia el norte de la Sierra de Segura y sus montes tan bien conocidos por mí durante mi anterior curso en Siles de hace dos años.





Peñalta

Navalperal y Nava del Espino

El Yelmo


Esos horizontes tan verdes y boscosos cambiaron bruscamente al alcanzar la parte alta del Calar del Cobo, que es donde está situado el Puntal de la Misa, abriéndose ante mi vista una desnuda y dura vastedad de roca y tonos ocres (que ya reverdecerán con las lluvias), destacando muy especialmente en el paisaje algunos colosos calizos de esta sierras y sus vecinas de Albacete.





Almorchón

Banderillas

Calar del Mundo

Cerrico de las Mentiras


Por duro que se vea el entorno, la vida salvaje siempre sale adelante, por allí pululaban perdices rojas, colirrojos tizones o gorriones chillones. Pude fotografiar un escarabajo errante (Ocypus olens), una collalba gris (Oenanthe oenanthe) y la segunda águila real de la mañana junto a los buitres leonados al remontar las corrientes desde el valle del Segura. Se quedaron sin foto una cuarta águila real y un halcón peregrino, aunque es justo comentar que el águila en principio sí tuvo una foto testimonial para asegurarme de que no era un ejemplar repetido y posteriormente la borré.













Ya en el Puntal de la Misa propiamente dicho con su caseta de vigilancia tuve fabulosas vistas al valle del Madera, los Dientes de la Vieja y el valle del Segura con lugares que visité en otras excursiones como el Puntal de los Canteros y el embalse de Anchuricas.
Por allí volaban las joviales chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), se asoleaba alguna lagartija verdosa (Podarcis virescens) y apareció un cuarto y último ejemplar de águila real.












Después de pasar largo rato allí y comer algo, empecé a recorrer el Calar del Cobo desde aquel lado que da al valle del Segura, mientras la luz al fin iba siendo más favorable y dejaba de tener a contraluz aquellas magníficas vistas.
Acompañado por cabras montesas (Capra pyrenaica) y el vuelo bajo mi posición de los buitres entrando a los cortados rocosos, iba reconociendo el Calar de la Pililla con su caseta, el Calar de Cabeza la Mora y las aldeas de Las Gorgollitas y Peguera del Madroño.








Un barrio de Las Gorgollitas

Peguera del Madroño






La verdad es que estuve remoloneando mucho cuando decidí marcharme, algo me retenía y no me dejaba querer irme del todo, y como dándome la razón me sobrevoló a mis espaldas una enorme rapaz que me dejó totalmente pasmado al ver tan de cerca su enorme silueta.
Eso había sido ni más ni menos que un quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) que, si bien me la jugó al llegar por mi espalda, luego tuvo al menos el detalle de trazar una curva y permitirme sacar unas fotografías antes de que se perdiera de vista.
Tener por fin avistamientos de esta rapaz después de tanto tiempo deseándolo es algo indescriptible, cuando ves un ave tan grandísima volar con esa ligereza de la que carecen los buitres leonados, y es que el quebrantahuesos me parece tan diferente de los buitres como de las águilas reales por poner un ejemplo.








El camino de regreso no ofreció especies distintas a las descritas, con la excepción de este ortóptero del que aún no conozco su identidad (del género Coracinotus según me han comentado).
La entrada la voy a terminar hoy con árboles, porque el pino laricio (Pinus nigra) me encanta y considero un buen broche final hacer un pequeño homenaje a nuestros pinares autóctonos.










4 comentarios:

  1. Muy buena iniciativa la de este blog y que decir de estas magnificas fotos de mi tierra y su fauna espero que no sea el unico reportaje de nuestra sierra enhorabuena José Morcillo un santiagueño que vive en Taradell Barceloa y que solo puede disfrutar de su tierra en vacaciones oh en reportajes como este

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    1. Muchas gracias por pasarte por aquí y dedicar un rato de tu tiempo a escribirme unas líneas. Por supuesto que habrá más reportajes sobre tu tierra porque me encanta y suelo ir mucho.
      ¡Un saludo!

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  2. Como decimos en Cantabria, vaya envidiuca que me da esto, jejeje. Últimamente te estás poniendo las botas a Quebrantas... Un fuerte abrazo Carlos.

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    1. Pues en la entrada de hoy sale otro quebrantahuesos y no será el último, jajaja. Me alegra mucho que te guste, este medio es sin duda el que más gusta bichear.
      ¡Un abrazo!

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