jueves, 23 de noviembre de 2017

Tablas de Daimiel - Navaseca - Alcázar de San Juan




Los humedales manchegos eran una tradición de este blog que, desafortunadamente, quedó muy olvidada en tiempos recientes. En febrero traté de ponerle remedio yendo en solitario por Navaseca (podéis verlo pinchando aquí), pero el 28 de octubre lo hice en condiciones acompañando a Ismael Romero como en nuestras primeras quedadas.

Al llegar a primera hora ya fui viendo un simpático mochuelo (Athene noctua) por el camino y los muy presentes colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) cuando aún las Tablas de Daimiel estaban solitarias sin visitantes tan temprano.





Una vez reunidos los dos, teníamos muy claro ir al sitio donde unos años antes vimos por primera vez un bando de bigotudos (Panurus biarmicus). Aquella vez sólo los vimos fugazmente mientras se desplazaban en vuelo por la densa vegetación palustre y nos quedamos con ganas de más, pero ya por fin nos quitamos esa espinita al poder ver bastantes ejemplares en mejores condiciones.
Además pude grabar un poco sus característicos reclamos, que son lo que los delata antes de poder verlos. Si os fijáis hasta se oye una grulla de fondo, no ha quedado nada mal la cosa.









Con respecto a las Tablas y el nivel de agua, cosa que muchos querríais preguntar, aquello estaba de pena en muchos puntos. Había lugares directamente secos, y allí donde quedaba agua no vimos gran cosa, un puñado de flamencos (Phoenicopterus roseus) y poco más.

Me gustó particularmente ver el vuelo de los ánsares comunes (Anser anser) y un grupo de grullas (Grus grus) al marcharnos de allí, estampa invernal que me encanta y que no tardaría en volver a ver por Doñana.









Empezaron a llegar los primeros grupos de ruidosos visitantes y tocaba cambiar de escenario yendo a la laguna de Navaseca, que obviamente sí tenía agua al estar la depuradora de aguas residuales.

Nos llamó la atención el elevado número de malvasías (Oxyura leucocephala), creemos que la mayor cantidad que hemos visto nunca, así como también fue grato ver al amenazado porrón pardo (Aythya nyroca). También vimos cercetas comunes (Anas crecca), un bonito macho de pato colorado (Netta rufina), zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) y más ánsares.










La cita con los flamencos fue ineludible, entre ellos se veían avocetas (Recurvirostra avosetta) y otras limícolas que vimos muy bien fueron las agujas colinegras (Limosa limosa) y las avefrías (Vanellus vanellus).










Algún pájaro moscón (Remiz pendulinus) se dejó echar el ojo además de oírse bastante sus suaves reclamos. En las zonas con poca profundidad estaban los bisbitas alpinos (Anthus spinoletta) que llegaron a pasar la invernada desde sus zonas de cría en la alta montaña.





Antes de pasar a otra localización, esta imagen da una buena idea de lo que allí se podía ver: ánsares, fochas, flamencos, ánades frisos.... y sí, eso blanco que veis en las fotos son dos fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida) que por aquí andan como invernantes cuando yo estoy acostumbrado a verlos sólo en temporada estival en Sevilla (sé que también los llegan a ver en invierno, pero no es mi caso). Y no eran los únicos porque había algo más de una decena.




La última parada fue en Alcázar de San Juan para visitar la Laguna de la Veguilla.
Allí seguimos viendo de nuevo especies como ánades, flamencos o ánsares, destacando la cantidad de tarros blancos (Tadorna tadorna) para dar un toque distinto a nuestro último punto de observación.

En otras publicaciones sobre humedales a veces pongo un pequeño listado con otras especies observadas que destaco por distintos motivos, pero hoy lo tendremos mejor porque Ismael ha colgado todo lo que vimos en la plataforma eBird y aquí podéis entrar a ver los listados completos:













lunes, 20 de noviembre de 2017

Con los mirlos capiblancos y mucho más




Tal como vine avisando en la anterior publicación, ya empieza en el blog el empacho de mirlos capiblancos porque los estoy viendo todas las semanas y tarde o temprano los consigo fotografiar decentemente... y no me canso de ellos porque son unas aves bellísimas.

Pero primero repasemos todo lo visto por entonces, reuniendo aquí imágenes de los días 25 y 26 de octubre durante un par de salidas grazalemeñas por El Endrinal y el Cerro Coros.

En los duros y solitarios lapiaces del Endrinal son habituales el típico graznido de la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y los grupitos de cabras monteses (Capra pyrenaica) triscando por pendientes calizas donde yo no podría dar ni dos pasos seguros. Allí encuentran refugio especies tan nuestras como el escorpión amarillo (Buthus occitanus), la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana) y la culebrilla ciega (Blanus mariae).









En los tremendos cortados del Cerro Coros suelo tener mucho entretenimiento con las idas y venidas de los buitres leonados (Gyps fulvus) que aún tienen a los jovenzuelos nacidos este año pidiendo comida con unos chillidos casi aterradores, están de lo más cansinos con sus sufridos progenitores.


Trifulca aérea entre adultos








Joven que reclamaba alimento a gritos en pleno vuelo



De tanto mirarlos acaban por descubrirse las siluetas de otras rapaces, como fue el caso del buitre negro (Aegypius monachus), el gavilán (Accipiter nisus) y dos ejemplares distintos de águila real (Aquila chrysaetos).

Hasta ahora todas las apariciones de buitre negro en estas publicaciones son del mismo ejemplar, aquel nacido en 2006 en Huelva que se asentó aquí y no vuelve a su tierra natal por razones desconocidas, pero he ido viendo otros ejemplares distintos que ya iréis viendo en su momento, pues no es raro que fuera de la temporada de cría aparezcan buitres negros por estas sierras gaditanas.







Y ya sí paso a los mirlos capiblancos (Turdus torquatus), especie que sólo tenemos como reproductora en el norte de nuestro país y que por aquí sólo aparece durante la invernada en lugares donde pasar los meses fríos a la vera de la despensa natural de agracejos, majuelos, enebros, endrinos, etc... En Andalucía se pueden ver invernando por ejemplo en mis queridas Sierras de Segura, Cazorla y las Villas, Sierra Mágina, Sierra Nevada, Sierra de las Nieves o la que aquí nos ocupa en la Sierra de Grazalema.

Ya llevan asentados unas semanas después del nutrido paso migratorio de los que aún llegan más lejos hasta el norte de África y los estoy disfrutando como nunca. Suelen ser esquivos y normalmente se sabe de su presencia por sus curiosos reclamos, pero allí donde hay un importante punto de agua acaban por dejarse ver al descubierto y se puede apreciar en condiciones lo rematadamente bonitos que son. Hoy muestro solamente machos adultos, que nos permiten comparar las dos subespecies: Turdus torquatus torquatus (norte y oeste de Europa) con su plumaje predominantemente negro y Turdus torquatus alpestris (centro y sur) con su más notorio diseño de "escamas" pálidas.











Por aquel entonces habían caído las primeras nieves en Sierra Nevada, y a lo lejos veía las cumbres nevadas de lo que creo que será la malagueña Sierra de las Nieves... no estoy seguro, pero el caso es que no duró casi nada.
Ya para la próxima publicación dejaremos un poco la sierra para ir de humedales, pero no sevillanos ni gaditanos como ha sido siendo la norma estos días, y estrenando especie en el blog.