viernes, 26 de agosto de 2016

Por la campiña de Jaén en pleno verano





El verano llega siempre muy tórrido a las campiñas jiennenses, nada nuevo en la mayoría del territorio peninsular.

Pero, entre olivares y cortados arcillosos, se esconde en Bailén un pequeño oasis acuoso que atrae a no poca fauna que allí puede medrar como si estuvieran en un buen humedal. Galápagos leprosos, gallinetas, fochas, cigüeñuelas y chorlitejos chicos son los ejemplos clásicos, junto a otras visitas como las del martín pescador, el somormujo lavanco, la garza real o distintas especies migradoras que hacen un alto en su viaje para reponer fuerzas, sin olvidarnos de diversas rapaces que suelen campear por allí o bien aparecen de vez en cuando, como el águila calzada, el aguilucho lagunero, el cernícalo primilla, el ratonero o el buitre leonado, con la interesante cita de un buitre negro la mañana del día 23.

Destacan allí para mi gusto las libélulas al estar presentes especies muy atractivas y alguna que otra rara que no veo en otros sitios. Aquí abajo dejo representadas las especies Crocothemis erythraea, Orthetrum chrysostigma, Trithemis annulata, Anax parthenope, Brachythemis impartita, Trithemis kirbyi y Paragomphus genei.

Hay que tener en cuenta el origen africano de buena cantidad de ellas, porque si están colonizando nuestro territorio es señal de que algo estamos haciendo con el clima...






Una cicindela










Si las libélulas son todo un símbolo de los días veraniegos, para mí son muy clásicos de las noches del verano los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus ruficollis), de los que he visto bastantes ejemplares en salidas nocturnas en las que también he podido observar conejos, liebres, lirones caretos, zorros y mochuelos, e incluso oí el reclamo de un joven búho chico en un olivar.













Dentro de no mucho nos abandonarán los chotacabras para migrar al continente africano, al igual que las tórtolas comunes (Streptopelia turtur)... bueno, las que sobrevivan a la media veda, una práctica absurdamente presente a día de hoy cuando los mismos cazadores admiten que comenzaron la temporada con escasez de piezas cobradas.

















Por la misma zona, que obviamente no nombraré para no divulgar un sitio en el que las pobres tórtolas aún son frecuentes, también andan alcaudones comunes (Lanius senator) y elanios azules (Elanus caeruleus), además de otras especies sin fotografiar como abejarucos y alcaravanes.






Cernícalo vulgar y tórtola turca




Las charcas de Bailén no son desde luego el único punto de agua a modo de oasis para la fauna, cerca de Baeza está la Laguna Grande como imán de diversas aves acuáticas, que este año se han encontrado con el panorama que vais a ver en las fotos de escasez tremenda de agua. Aun así, se congregan allí cigüeñuelas (Himantopus himantopus), garcetas comunes (Egretta garzetta), chorlitejos chicos (Charadrius dubius), andarríos grandes (Tringa ochropus) y archibebes comunes (Tringa totanus) entre otros.










Aquello que he referido es en la zona más naturalizada del paraje, en la parte destinada al riego siempre hay una buena profundidad de la que gozan los galápagos leprosos (Mauremys leprosa) junto a unos invasores galápagos de Florida (Trachemys scripta) que ya imagino de qué manera habrán llegado hasta allí.










Se veían más especies de aves, por supuesto, como abejarucos, aviones zapadores e incluso un repentino vencejo real volando entre sus primos comunes y pálidos. Fotografiados ahí quedan un milano negro (Milvus migrans) que levantaba a todas las cigüeñuelas a su paso y una hembra de oropéndola (Oriolus oriolus) visiblemente acalorada.







Si hablamos del verano en el campo no podemos olvidarnos de su banda sonora por excelencia: la cigarra (Cicada orni). Un ejemplar tuvo a bien dejarme hacerle unas cuantas fotos, y dos de ellas parecían divertirse mucho como vais a ver más abajo.











Otras entradas del estilo las he cerrado con las vistas a Sierra Mágina que se disfrutan desde la laguna, pero hoy me decanto por hacer lo propio con la Sierra Sur al avistarse desde allí La Pandera (su punto más alto).








martes, 23 de agosto de 2016

Aguilar de Campoo





Aquí está la última crónica de mi semana de bicherío intensivo junto a Alberto Benito por el norte, que tuvo su guinda final bajando de Cantabria para pasar un fin de semana en Aguilar de Campoo (Palencia).

Al tener la zona tan controlada y bien fichada, Alberto me pudo garantizar la observación de distintas especies objetivo, y además con esa variedad que tantísimo me gusta.

La imagen que tenemos quienes viajamos a través de Castilla y León en verano es la de la fotografía de abajo, la monotonía de los campos totalmente agostados durante largas horas. Pero basta adentrarnos en Aguilar para toparnos la masa de agua de su embalse y, lo que es mejor, el río Pisuerga con sus mirlos acuáticos (Cinclus cinclus) y truchas (Salmo trutta).













Allí cada pueblo tiene su iglesia románica, como en este ejemplo de Corvio, que también tiene una necrópolis. En los alrededores de esta pedanía medran por sus pinares aves forestales como el herrerillo capuchino (Parus cristatus) o el mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli), y en zonas más abiertas nos encontramos con la curruca tomillera (Sylvia conscipillata), el alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio) y el escribano cerillo (Emberiza citrinella) cantando a pleno pulmón en los robles. De entre las rapaces nos gustó ver un alcotán (Falco subbuteo).
















Hay roquedos tan espectaculares como el Cañón de la Horadada, que acoge aves rupícolas como el buitre leonado (Gyps fulvus), el alimoche (Neophron percnopterus) y el vencejo real (Apus melba).







Con un milano negro








En sus campos se puede sorprender al corzo, cosa que nos sucedió aunque sin poder fotografiar al pequeño cérvido, aunque sí que pude hacer unas fotos lejanas a un zorro (Vulpes vulpes) que se iba parando a observarnos mientras se iba marchando.









Con los reptiles y anfibios pudimos anotar al lagarto ocelado (Timun lepidus), bastantes culebras viperinas (Natrix maura), ranas comunes (Pelophylax perezi) y un sapo partero común (Alytes obstetricans).









De arácnidos vimos varias especies de gran tamaño, como estas Larinioides sericatus que capturaban dípteros y crisopas a la luz de un farol ubicado bajo un túnel, una Araneus angulatus en la fachada de un casa de campo, y la araña tigre (Argiope bruennichi).













Los insectos nos tuvieron de lo más entretenidos, empezando por este insecto palo y los ascaláfidos de la especie Libelloides longicornis.









De entre los distintos odonatos que vimos puedo mostrar las especies Lestes dryas, Lestes sponsa y Sympetrum flaveolum.









Con los lepidópteros tenemos especies como Colias alfacariensis, el lobito agreste (Pyronia tithonus) la preciosa macaón (Papilio machaon) y uno de los grandes puntazos del fin de semana, toda una novedad que tenía muchas ganas de ver, la apolo (Parnassius apollo).
Sí, habéis leído bien, porque resulta que esa especie propia de la alta montaña vuela por los secarrales de Aguilar de Campoo, en las dos últimas fotos están el hábitat donde vimos diferentes ejemplares y las plantas nutricias de sus orugas... y yo que siempre pensaba que tendría que ver esta especie en Sierra Nevada por ejemplo, las sorpresas de la vida.

















Ya veis que allí hay un buen abanico de hábitats con la buena variedad de especies faunísticas que se podría esperar. Yo desde luego lo pasé en grande y no dudaré en repetir, y no sólo por ir a comer galletas como jocosamente me dijo un amigo. Como despedida no habrá nada como las vistas a espectaculares montañas palentinas como el Espigüete y el Curavacas.