Ya sí puedo pasar a relataros el sábado 11 de este mes, único día que pasé allí íntegramente, y por tanto lleno de observaciones y vivencias. Por la mañana no pudo acompañarme mi anfitrión, muy a su pesar porque el trabajo no se lo permitió, pero fui junto con su hijo Jorge (un gran guía de su tierra) a conocer ese complejo lagunar que tantísimas ganas tenía de ver.
Primero hicimos una parada junto a la iglesia del pueblo por si los cernícalos primilla volvían a dar espectáculo como la tarde anterior, pero los pillamos bastante tarde y estaban ya volando más bien hacia los campos, y a quienes sí pillé mejor fue a la pareja de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) junto a los vertiginosos vencejos comunes (Apus apus).
En las fotos veréis a la hembra primero, seguida del macho.
Antes de llegar a las cercanías de las lagunas ya tuve una gratísima sorpresa, cuando vi por primera vez una especie nueva para mí: la canastera común (Glareola pranticola). Estas aves semejantes a grandes golondrinas volaban muy bajo y reclamando sin parar, bajé del coche a hacerles unas fotos y apareció el motivo de su alboroto, porque estaban atosigando a un precioso macho de aguilucho cenizo (Circus pygargus).
El aspecto de las canasteras, semejantes a golondrinas o charranes con su airosa constitución y grácil vuelo, no debe hacernos olvidar que hablamos de un ave limícola, que luce comportamientos como el de las avefrías cuando expulsan a las rapaces; así como ese método defensivo tan usado por los chorlitejos, consistente en fingirse con un ala herida sobre suelo para alejar el peligro de su nido (nidifican en el suelo).
Mucho más habituales para mí son las cogujadas comunes (Galerida cristata), que sin embargo merecen salir en esta entrada por la cantidad de veces que se dejaron afotar desde bastante cerca.
Llegamos al humedal, las lagunas de La Albuera, donde Jero consiguió que construyeran dos observatorios a raíz de las interesantes especies que allí se pueden disfrutar (las del cartel son sólo un ejemplillo, como ahora después vais a ver).
Desde el observatorio se veía mucho a las fochas, algunas de ellas con pollitos ya, pero lo que más me gustó fue la presencia de bastantes somormujos lavancos (Podiceps cristatus), que incluso hacían danzas nupciales, y una pareja de ánades frisos (Anas strepera) que llegó de pronto. También pasó volando una pareja de patos cuchara, pero muy lejanos y de manera casi fugaz.
Este enclave me permitió alguna que otra foto de pequeña fauna, que ya sabéis que es algo que me gusta mucho en estos meses. Como por ejemplo las carralejas, este desconocido (para mí) escarabajo y una pareja de libélulas en plena faena.
En esto también incluiré a los numerosísimos sapos corredores (Bufo calamita) que estaban por todas partes, con un tamaño minúsculo tras haber superado recientemente el estado larvario.
Hablando de los sapos, hubo alguien que se entretuvo especialmente con ellos, y allí estaba tratanto de fotografiarlos con su macro muy sufridamente, sin parar quietos. Ese alguien era ni más ni menos que Ramón Suárez, que vino con Silvia a pasar el día con nosotros.
También había un archibebe común y se escuchaban reclamos de avetorillo.
Después de una buena comida con muchas risas, probamos otra vez un poquito con la colonia de primillas aunque no fuese la mejor hora (Ramón les tenía ganas). Nuevamente tuve mi ración de vencejos junto a las dos especies de cernícalos, porque esta vez sí me llevé una foto de cernícalo primilla (Falco naumanni) más aceptable que las de la mañana.
Así de paso podéis hacer la comparativa entre machos de ambas especies.
Dimos un buen paseo por el campo viendo a las cogujadas, trigueros, alcaudones, abubillas, etc... para llegar al pie de la Sierra de Monsalud, donde anida el poderoso búho real y del que encontramos las evidencias de su depredación (huesos y una gran egagrópila) mientras nos sobrevolaba el águila calzada (Hieraaetus pennatus).
Tras despedirnos de Ramón y Silvia, nos dirigimos a ver el castillo de Nogales, con las espectaculares panorámicas que ofrece su situación de atalaya.
Antes de regresar por la noche, estuve viendo el lugar donde Jero le hace sesiones a su amigo el ratonero, y me enseñó esta letrina donde una gineta acude todas las noches a hacer sus necesidades.
Hubo otras interesantísimas observaciones que no tienen foto: el gavilán en el pantano, los chotacabras atrapando insectos a la luz de los faros y la lechuza que salió volando en completo silencio de su guarida en el agujero de una casa (momentazo increíble).
Muchas veces me despido con una imagen de la luna, pero esta vez harán los honores el castillo en el ocaso y el cielo nocturno del terruño (tras unas clases sobre cómo hacer fotos nocturnas).
La próxima vez os presentaré a más habitantes extremeños, porque el domingo dio muchísimo juego, ya lo veréis...