domingo, 15 de octubre de 2017

Otra estupenda tarde por las Salinas de Bonanza




Después de la salida por el Brazo del Este, el 30 de septiembre cerré el mes con una visita a Sanlúcar para disfrutar una vez más de las aves de sus salinas.

En los arrozales del Brazo hay limícolas, pero aquí se ven bastante mejor y tuve nada más llegar los clásicos grupos mixtos con correlimos zarapitines (Calidris ferruginea), chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), correlimos comunes (Calidris alpina), combatientes (Philomachus pugnax), agujas colinegras (Limosa limosa) y chorlitos grises (Pluvialis squatarola). Sin olvidar los no fotografiados, como archibebes comunes y andarríos de las tres especies (chico, grande y bastardo).


Correlimos zarapitín

Correlimos comunes y chorlitejo grande

Chorlitejo grande

Correlimos comunes y chorlitejo grande

Correlimos comunes

Correlimos comunes

Combatiente

Correlimos comunes

Aguja colinegra

Combatiente

Chorlito gris

Chorlito gris y correlimos comunes


En una isleta ocupada por correlimos comunes había un par de bultos blancos emitiendo insistentes reclamos. Eran los pollos de los charrancitos (Sternula albifrons) pidiendo cebas a sus atareados padres antes de marcharse definitivamente a sus zonas de invernada.






Siempre es entretenido ver pescar a los charrancitos, sobre todo por su costumbre de pasar delante de ti a pocos metros como si nada, pero también había otros consumados pescadores con sus distintas técnicas: la garceta común (Egretta garzetta) usando el sigilo y el arpón de su pico, y el águila pescadora (Pandion haliaetus) y la pagaza piquirroja (Hydropogne caspia) lanzándose desde el aire con las garras o el pico por delante en cada caso.
Ojo con las águilas pescadoras porque las fotos no son del mismo ejemplar, ya que vi por lo menos tres diferentes.



Ejemplar procedente de Escocia











No podían faltar los flamencos (Phoenicopterus roseus) ni las gaviotas picofinas (Larus genei), claros objetivos del lugar siempre que voy, con un bando de espátulas (Platalea leucorodia) llegando al atardecer como broche final.


Junto a avocetas (Recurvirostra avosetta)











Todavía me quedaba el domingo para acabar de redondear aquel fin de semana tan completo, tocando en esa ocasión tirar al monte, cosa que veréis en la siguiente publicación.







jueves, 12 de octubre de 2017

Atardeciendo en el Brazo del Este




El día 29 de septiembre tenía unas ganas impresionantes de regalarme una buena sesión de pajareo puro y duro, así que fui por la tarde al Brazo del Este para disfrutar de sus aves antes de que empezase la cosecha del arroz y aquello se vuelva un caos.

Además fui muy bien acompañado con José Carlos Sires y Esperanza Poveda, qué mejor que compartir afición así. Lo primero que nos encontramos al llegar fue un par de garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides) que por supuesto no fueron las únicas de la tarde, y otras zancudas como garcetas comunes (Egretta garzetta), espátulas (Platalea leucorodia), garzas reales (Ardea cinerea) o mis adoradas cigüeñas negras (Ciconia nigra). Con respecto a estas últimas, una de ellas portaba anilla y se puede leer en las fotos, del proyecto alemán de anillamiento por lo tanto.















Cualquier posadero era bueno para las gaviotas reidoras (Larus ridibundus) y los martinetes (Nycticorax nycticorax), viéndose en buena cantidad.








Se notaba que muchas aves estaban escarmentadas por la presencia de los agricultores, las fochas (Fulica atra) huían con más rapidez de lo habitual y a los calamones (Porphyrio porphyrio) costaba mucho verlos. No olvidemos la guerra que tienen los arroceros con los calamones, a los que odian por comer tallos tiernos (que incluyen los de la planta del arroz).





Aún se veían algunos pequeños migradores, como el mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) o la lavandera boyera (Motacilla flava). Admito que la identificación del mosquitero no la he asegurado mucho que digamos, así que si notáis que chirría será bienvenida una corrección.
En una torreta de alta tensión descansaba un águila pescadora (Pandion halieatus) de las que se suelen ver por estas fechas, aunque alguna se dejará ver todavía durante el invierno.






Y llegó el atardecer, un momento mágico y relajante con el agua de la marisma reflejando los colores anaranjados del ocaso mientras numerosos moritos (Plegadis falcinellus) y espátulas llegaban volando hacia sus dormideros. Y cuando digo numerosos lo eran realmente, debiera mejor decir numerosísimos, porque aquello eran un sin parar de moritos de un lado a otro como pocas veces he visto, y las espátulas no se quedaron cortas aunque no llegaran para nada a este extremo.
















Nos fuimos de allí cuando ya estaba bastante oscuro con la satisfacción de haber compartido una buena sesión pajarera, que no tiene que ver con lo que me encontré a la semana siguiente con la maquinaria cosechando el arroz, pero eso ya tocará verlo por el blog otro día.


Fotografiando una garcilla cangrejera