domingo, 28 de mayo de 2017

Sierra de Las Villas, la gran desconocida




Si Cazorla se lleva toda la fama y la gente usa su nombre para nombrar a todo el parque natural aunque Segura sea muchísimo mayor en extensión, imaginad entonces lo que ocurrirá con la pequeña Sierra de Las Villas.

Yo mismo la desconocía hasta ahora, eso lo admito, pero pensé que debía enmendarlo y que por mi parte dejara de ser la olvidada de este macizo montañoso, cosa que acabé celebrando mucho porque sinceramente me gustó muchísimo. Obviamente cualquiera pensaría que no notaría mucha diferencia con Segura siendo su continuación natural, pero en verdad pude percibir que estaba en otro sitio distinto por su característico relieve en escamas formadas por fallas inversas del Jurásico.
Para esto último nada mejor que unas cuantas fotos de la zona y vosotros mismos veréis la diferencia en el paisaje.






Yendo hacia allí desde Cortijos Nuevos tuve entretenimiento antes de llegar a mi ruta, además de disfrutar mucho el paisaje vi que en sus tremendos cortados volaban buitres leonados (Gyps fulvus), culebreras (Circaetus gallicus) y vencejos reales (Apus melba), y al aparcar el coche un lagarto ocelado (Timun lepidus) me miró un momento antes de escabullirse entre la vegetación.








Aquel día 15 de mayo la ruta que tenía escogida era ni más ni menos que la subida al pico más alto de esa sierra, el Blanquillo con 1.830 metros.

El punto de partida fue el área recreativa de Gil Cobo para empezar a caminar desde el río Aguascebas del mismo nombre como nos indica el cartel con inconfundible sabor añejo.

Fue una gozada este inicio junto a su refrescante cauce con pozas y pequeños saltos de agua y la escarpada Cerrada de San Ginés, que me brindó una buena dosis de endemismos para mostrarme de forma contundente sus valores naturales. Y es que nada más empezar la ruta vi lagartijas de Valverde (Algyroides marchi), atrapamoscas (Pinguicula vallisneriifolia), violetas de Cazorla (Viola cazorlensis) y un caracol del género Iberus.













Después de la cerrada llegó una bifurcación con paneles explicativos y tomé el sendero que sube al Blanquillo, viendo por el camino mariposas como la doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia) y la doncella mayor (Melitaea phoebe), y pequeños depredadores artrópodos como el escarabajo tigre (Cicindela maroccana) y el neuróptero Libelloides baeticus.








Hasta aquí fue todo coser y cantar, pero en el Collado del Perenoso había que dejar la cómoda pista y seguir una senda que desaparecía con frecuencia. Algunos excursionistas dejan montoncitos de piedras para indicar el camino, pero no pocas veces acabé yendo por otro sitio sin darme cuenta y el último tramo de subida a la cima lo hice por el lugar más propio de cabras montesas que había.

Mereció la pena el esfuerzo, allí arriba las vistas eran impresionantes y en compañía de una chupaleche (Iphiclides podalirius) estuve saboreando las panorámicas bajo el vuelo de buitres leonados y vencejos reales.













La imagen final muestra una de las vistas que más me llamaron la atención, pues se podían ver los tajos del Banderillas desde una perspectiva nueva para mí con la mole caliza de La Sagra asomando por atrás.
Ni que decir que hubo mucha más fauna avistada, como gamos, perdices, pitos reales, abubillas, mosquiteros papialbos, chovas piquirrojas, un águila real, una macaón o una culebra bastarda, así como también fue destacable que durante el ascenso fui encontrando muchas más violetas de Cazorla. ¿Hace falta decir más para resaltar los valores naturales de Las Villas?






jueves, 25 de mayo de 2017

Por las orillas del Tranco




Hoy no saldremos de la Sierra de Segura, pero el ambiente que vamos a ver no es desde luego el que acostumbramos a ver en mis publicaciones con cumbres rocosas y fieros cortados calizos.

Pasearemos por el embalse del Tranco, el segundo de mayor extensión de Andalucía tras el de Iznájar (Córdoba), partiendo desde la aldea de La Platera (perteneciente a Hornos de Segura) para aprovechar parte del recorrido PRA- 149 Alto del Montero. Digo parte de la ruta porque aún no la he hecho entera, pero sí he dado un par de paseos entre semana que me han mostrado algunas cosas interesantes y complementarias a mis salidas más puramente montaraces.

Entre las aves a observar están presentes culebreras, petirrojos, zarceros comunes, zorzales charlos, picos picapinos, rabilargos o arrendajos entre otros. Para la muestra fotográfica he elegido especies muy coloridas como el carbonero común (Parus major), el abejaruco (Merops apiaster) y la oropéndola (Oriolus oriolus), y para mí ha sido muy destacable poder ver tórtolas comunes (Streptopelia turtur) por su cada vez mayor escasez y por ser la primera vez que las veo por estas sierras. Igual es que siento debilidad por las tórtolas, pero me encantó pasear oyendo su suave arrullo junto a las melodiosas notas de la oropéndola.








La creación de embalses conlleva la colonización de la zona por parte de algunas aves acuáticas que normalmente no estarían por allí. Así es como allí es frecuente ver ahora garzas reales (Ardea cinerea), cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) o andarríos grandes (Tringa ochropus), especies muy habituales en mis salidas por las marismas del curso pasado pero menos representativas de las sierras que ahora frecuento.
Es cierto que a la garza real, por ejemplo, la he visto en algunos ríos como el Segura o el Trujala, pero aquí llega incluso a formar una buena colonia de cría mixta junto a los cormoranes.









Al caminar por los tramos más forestales hay que prestar atención al suelo. Además de ver un polluelo de mirlo con mal aspecto, he podido ir encontrando interesantes lepidópteros como la doncella de ondas rojas (Euphrydryas aurinia) y la arlequín (Zerynthia rumina) junto a otros insectos como el abejorro (Bombus terrestris), la libélula Gomphus pulchellus y la mariquita de siete puntos (Coccinella septempunctata).









Las áridas orillas desprovistas de vegetación del embalse nos pueden engañar, porque la ruta nos lleva por unos bosques de ribera con una vegetación muy lozana e interesante.
Fotografié como ejemplos la zarzaparrilla, un lirio y un rosal silvestre, con las orquídeas acaparando inevitablemente el protagonismo. De estas últimas os muestro Ophrys lutea, Ophrys speculum, Ophrys scolopax, Ophrys apifera y la enorme Himantoglossum hircinum.














Esto que ahora es una masa de agua frecuentada por garzas, gaviotas, cormoranes y azulones fue en otros tiempos una fértil vega del Valle del Guadalquivir, como así atestiguan las ruinas de desaparecidas poblaciones que aún se pueden ver en sus orillas de arcillas rojas del Triásico.
En conclusión, me ha parecido que la ruta se presenta curiosa y debería animarme a hacerla entera algún día...