sábado, 1 de agosto de 2020

Verano cordobés... así sí






Hace un mes me invitaron a ir a Córdoba, algo que se ha vuelto una agradable costumbre durante estos años más recientes a pesar de que quien me invite sabe perfectamente que yo a la hora de comer soy como una horda de hipopótamos desbocados.
El verano en Córdoba no es algo que haya que subestimar, sus elevadas temperaturas dan al traste con muchos planes y teníamos claro que saldríamos por las mañanas y las últimas horas de la tarde. Teniendo eso en cuenta y con una estupenda coordinación nos salieron unas de las mejores salidas que he tenido por por allí, a diferencia de otras veces anteriores con desastrosa organización.

El 21 por la mañana estábamos José Carlos Sires y yo temprano en el mismo casco urbano para ver los cernícalos primillas que crían en sus edificios históricos a pesar de la pésima gestión que se hace. Al poco rato se nos unió José Márquez hasta acercarse la hora en la que habíamos quedado con Diego Peinazo para saldar una cuenta pendiente con una especie nueva que quise ver desde el año pasado.






Cernícalos primillas (Falco naumanni)


Fuimos los cuatro a un tramo del Gualdaquivir aún cercano a la urbe para buscar una especie concreta que, como decía, se me había quedado en el tintero. Por allí se veían los animales que más aguantan el calor, y es que el bicho que buscábamos también guarda relación con el calor y es en esas fechas cuando se puede ver.



Golondrinas dáuricas (Cecropis daurica)

Abejaruco (Merops apiaster)

Platycnemis latipes

Espuela de caballero




Me refiero a la libélula Onychogomphus costae, endemismo norteafricano e ibérico que tuvimos que buscar a conciencia entre el pasto reseco y los cardos con los que se camufla perfectamente merced a sus tonos pajizos.
Una vez localizado un ejemplar que no se me escapara pude respirar aliviado, ya me había quitado la espinita que se me quedó clavada el año pasado, la clave fue ir este año en fechas más adecuadas y con la compañía de Diego para echarnos una mano.
Además puedo mostrar los dos sexos de esta bonita libélula que, de cerca, muestra un dibujo más delicado del esperado con esos tonos claros que recuerdan a uno de esos caramelos Werther's.



Onychogomphus costae, macho

Onychogomphus costae, hembra


Cuando el calor ya hacía mella tocaba retirarse, aunque nos dimos una pequeña vuelta por la campiña consiguiendo ver una carraca que prefiero no mostrar por la infame calidad obtenida, en la próxima entrada saldrá otra mejor.
Por tarde quedamos de nuevo los cuatro para ir a la sierra a ver vencejos cafres sobre todo, especie que este año no estoy viendo al no vivir ya en Cádiz (aunque si quisiera también podría ir a verlos a Despeñaperros).
Vimos por lo menos tres ejemplares distintos con sus vuelos a toda velocidad al atardecer, merodeando el puente en el que crían gracias a la "hospitalidad" de las golondrinas dáuricas.


Murciélago rabudo (Tadarida teniotis)


Vencejo cafre (Apus caffer)

Martinete (Nycticorax nycticorax)

Avispa mamut

Mantis sin identificar


El 22 de junio nos fuimos José Carlos y yo con Esperanza a pasar la mañana nuevamente en Sierra Morena, pero esta vez en un entorno fluvial en el que mis amigos vieron criar una pareja de colirrojo real esta pasada primavera.
El verano es una estación llena de odonatos y lepidópteros, viendo entre estos últimos una preciosa mariposa del madroño que fue vista y no vista.


Onychogomphus uncatus

Calopteryx haemorrhoidalis

Pandora (Argynnis pandora)

Chupaleche (Iphiclides feisthamelii)


Con paciencia acabó por dejarse ver el precioso macho de colirrojo real que buscábamos, pero con lo que no contábamos fue con la aparición de tres especies distintas de pícidos que incluyeron al pico menor y al torcecuellos, pájaros que también son interesantes objetivos y yo desde luego quedé encantado con añadirlos al repertorio.


Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Pico picapinos (Dendrocopos major)

Pico menor (Dryobates minor)

Torcecuello (Jynx torquilla)


Por la tarde, después de que José Carlos nos deleitara con una maravillosa performance artística al estrellar un vaso de Cola Cao que salpicó todo con arte vanguardista conceptual, cambiamos el arroyo Bejarano por el río Guadalbarbo, donde nos entretuvimos con los pajarillos presentes hasta ir a unos peñones calizos (de los pocos que hay en la silícea Sierra Morena) a pasarlo en grande con la numerosa colonia de vencejos reales que dieron el espectáculo al atardecer con sus rapídimos y chillones vuelos.



Alcaudón común (Lanius senator)

Pollo de golondrina común (Hirundo rustica)

Pollo de herrerillo común (Cyanistes caeruleus)

Chinche sin determinar

Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)



Vencejos reales (Tachymarptis melba)


Esto se merecía homenajearlo gordosamente en condiciones, una buena cena en El Vacar fue un excelente punto final a la primera parte de lo relatado, que continuará con el resto de la crónica en breves. Y voy avisando que lo que está por venir mantiene el nivel perfectamente.







2 comentarios:

  1. Excelente entrada y un placer haber compartido un rato contigo. Otra cosa, el murciélago es un murciélago rabudo.

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    1. Ya está corregido el murciélago con su nombre, gracias, pero sobre todo por haberme echado un cable para ver por fin la costae.

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