martes, 12 de septiembre de 2017

Estrenando el curso





Tal como he ido diciendo este verano, para el nuevo curso escolar he sido destinado a Prado del Rey en la provincia de Cádiz, con la Sierra de Grazalema tan cerquita que es inevitable que se convierta en mi área de campeo hasta la llegada del próximo verano. De hecho, no he tardado nada en empezar a trastear y ya el primer día de septiembre estaba pasando la tarde ante sus imponentes relieves calizos que me recuerdan a mi añorada Sierra de Segura (así soy, hace apenas dos meses desde que me fui y ya la añoro).

Intuía que el Puerto de las Palomas sería un buen oteadero para avistar aves migratorias, cosa que sucedió al ir pasando nutridos bandos de abejarucos (Merops apiaster) y vencejos reales (Apus melba) junto a la clásica visión de un grupo de abejeros (Pernis apivorus). Todo esto en compañía de la fauna local de cabras montesas (Capra pyrenaica) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), con el añadido de unas águilas perdiceras que no pudieron ser afotadas y el lejano trasiego de los buitres leonados.














Otra tarde me di una vuelta por una zona a menor altura. Muy cerca de una conocida área recreativa conocí el año pasado un sendero que se mantenía solitario y silencioso como si fuera un secreto escondido de los domingueros ruidosos. De esa guisa me lo volví a encontrar, con su fantástica vegetación mediterránea me dio todavía más impresión de rincón secreto y lo disfruté una barbaridad.
Allí entre encinas, quejigos, lentiscos, algarrobos y madroños tuve los clásicos hallazgos bicheros de la zona con la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana), el escorpión (Buthus occitanus) y la culebrilla ciega (Blanus mariae).
Llevaba sin ver una araña de los alcornocales desde el mes de diciembre, pero con la culebrilla es peor aún porque ya había pasado algo más de un año.









Por último, bajamos todavía más hasta las proximidades de Prado del Rey y El Bosque. Desde la carretera vi una pareja de águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus) junto a un juvenil, fue una lástima que para cuando tuve un hueco donde parar el coche ya hubieran cogido mucha altura, porque de primeras volaban muy bajo y lucían majestuosas. En el río Majaceite eran numerosos los papamoscas grises (Muscicapa striata) que también se encuentran en plena migración, y la presencia de los caballitos del diablo Calopteryx haemorrhoidalis indicaba la buena calidad de las aguas.







Esto no es todo, vi más cosas durante la primera semana, pero he decidido dejarlo para otra publicación distinta porque merece la pena en mi opinión. Hasta entonces dejo la ya tradicional despedida bloguera con atardeceres de la zona, que ahora incluyen a los emblemáticos pinsapos (Abies pinsapo).








2 comentarios:

  1. Você sempre tira ótimo proveito por onde passa e compartilha conosco maravilhas da sua terra ainda repleta de lugares "secretos" e por que não mágicos!
    Obrigada por tanta beleza biodiversificada!!!
    Um beijo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy viendo que aún quedan más rincones secretos que ir descubriendo, así como también disfrutar de los más conocidos.
      ¡Saludos!

      Eliminar