sábado, 22 de abril de 2017

Vuelos rasantes en el campo de cereal




Llega el mes de abril a la campiña jiennense, al caer la tarde resuenan los melancólicos reclamos de numerosos alcaravanes en un olivar cercano a uno de los pocos cultivos de cereal que aún quedan frente a la voracidad del mar de olivos.

El alcaraván se supo adaptar al auge del olivar y se le puede encontrar en muchos puntos de la provincia, pero no es así con otra especie de ambientes esteparios que no pasa por sus mejores momentos en Andalucía. El aguilucho cenizo (Circus pygargus) originalmente criaba en grandes extensiones de llanuras herbosas, pero en su ausencia ha pasado a depender del modelado humano del paisaje y cría en los campos de cereal, una dependencia que le pasa factura en demasiados casos.

Así, a los reclamos de alcaravanes, mochuelos y abubillas se unen las llamadas de los aguiluchos cenizos, enfervorecidos por el celo, su instinto les dice que es hora de emparejarse y criar descendencia un año más. Los machos, realmente bonitos con su suave combinación de colores, vuelan sobre el labrantío mientras las pardas hembras se les unen, incluso algunas con mayor énfasis vocalizador que ellos.












Los machos, visiblemente inflados de pasión, comienzan a realizar unos vertiginosos picados desde considerable altura, provocando igual estado de entusiasmo en sus compañeras.













Un pariente suyo, el aguilucho lagunero (Circus aeroginosus), tiene la osadía de atravesar su territorio justo cuando más excitados están. Su mayor tamaño no le salvó de ser atacado y expulsado con inmediatez.





Un macho se posa en el sistema de riego para descansar un momento, pero su compañera no desea ese paréntesis y no deja de incitarlo con pasadas cercanas e insistentes reclamos. Acaban por volar juntos y jugar a enfrentarse con las garras, un ritual común en tantas otras especies de aves rapaces.














Durante todo este tiempo han estado moviéndose por la zona otros animales como liebres (Lepus granatensis), abejarucos (Merops apiaster) o palomas torcaces (Columba palumbus). Hay muchos más vecinos en este paraje, como alcaravanes, mochuelos, grajillas, aviones zapadores, abubillas, críalos, tórtolas comunes o elanios azules.










No pocas de esas aves están sufriendo los efectos de los cambios en las prácticas agrícolas, pero el aguilucho cenizo lleva la peor parte al ser cosechado el cereal de manera tan temprana que los pollos y también los adultos acaban destrozados por las segadoras. Su población se desploma, corren peligro de desaparecer de Andalucía mientras que la administración se desentiende del problema.
Quienes salimos al campo a observar aves podemos colaborar enviando los avistamientos de aguiluchos cenizos al enlace que dejo abajo. No permitamos que escenas como las reflejadas en esta entrada dejen de verse en nuestras campiñas.










4 comentarios:

  1. Una joya de ave y vulnerable. Si no se puede luchar por el cambio agrario (en gran medida) hay que defender sus nidos a muerte....interesante foto de la comparativa de tamaños.
    Saludos camperos.

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    1. La situación en Andalucía es preocupante, en unos años desaparecerá si no se hace nada. A los cenizos de estas fotografías por suerte sí les dejan criar sus pollos todos los años.
      ¡Saludos!

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  2. No sólo es cuestión de verlos, también de fotografiarlos para completar este documento que te ha salido fenomenal, con toda la esencia rapacil. Muy logrado Carlos. Ver a estas rapaces es alucinar en colorines. Yo estuve viendo una de laguneros y, es que, no sólo las hembras son bonitas sino también los machos de todas ellas.
    A ver si se lucha para su conservación sin que aparezcan los "espabilados de turno" de los que ya sabemos...

    Saludos

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    1. Una vez sentado en un discreto rincón y sin llamar su atención se olvidaron de mí y acabaron por ser bastantes agradecidos para la cámara.
      Esperemos que no vengan a joder la marrana esos que sabemos.
      ¡Saludos!

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