viernes, 28 de abril de 2017

Despeñaperros y Sierra de Andújar




En Semana Santa volví nuevamente a Bailén con mi familia, y por supuesto que también volví a patear un poco por Sierra Morena.

La mañana del sábado 8 la pasé en Despeñaperros, adentrándome en uno de esos encajonados y recónditos arroyos serranos donde no llegan los gritos de los domingueros. El bicherío no defraudó como era de esperar siendo primavera, quedó bien saldado con un lagarto ocelado (Timon lepidus), larvas de rana común (Pelophylax perezi), plecópteros, una araña lobo, lagartijas colilargas (Psammodromus algirus), mariposas como la sofía (Issoria lathonia) y un encelado sapo común (Bufo spinosus).











Suele pasar que aquí te maravilles con el aspecto puro y bucólico de los arroyos hasta que te encuentras con el cadáver de un ciervo.
Vi por primera vez en esta sierra la orquídea Orchis collina, y mirando al cielo anoté aves como el vencejo pálido (Apus pallidus), la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), un águila imperial (Aquila adalberti) siendo hostigada por un gavilán (Accipiter nisus), vencejos reales (Apus melba) o buitres leonados (Gyps fulvus).











El martes día 11 cambié los quebrados parajes de Despeñaperros por la más suave y alomada Sierra de Andújar. Se repitió la escena del águila imperial compartiendo espacio aéreo con un Accipiter, pero en esta ocasión un azor (Accipiter gentilis), y entre otras muchas especies de aves había buitres leonados, rabilargos (Cyanopica cyanus), cucos (Cuculus canorus) o cogujadas comunes (Galerida cristata).










Aquello estaba en plena floración y en nada se parece a como quedará dentro de poco cuando todo se agoste. La orquídea Orchis papilionacea estaba bien acompañada por las clásicas jaras (pringosa y blanca en el caso de las fotos) y cantuesos, el monte mediterráneo en pleno esplendor atrayendo a numerosos lepidópteros y abejas. De entre los insectos destacó el caballito del diablo de la especie Platycnemis acutipennis, el primero que veo, y también tuve un buen encuentro con otro lagarto ocelado (el año pasado no fotografiaba ni uno en condiciones, y ahora llevo ya varios en un mes).












No he podido evitar recordar cuando el año pasado por estas fechas hice una visita al sector sevillano de Sierra Morena, y es que creo que es en esta estación cuando mejor luce la sierra.
Siguiendo mi tradición bloguera, despide la publicación un pueblo con castillo, uno que ya ha aparecido mucho por aquí (y más veces que saldrá en el futuro): Baños de la Encina.







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