lunes, 20 de marzo de 2017

Bajando junto al río Aguasmulas




Continuando por una vez un orden cronológico, esta entrada se corresponde a una salida que hice inmediatamente después de la publicación que colgué hace unos días.
Para el domingo día 13 también tenía pensada una ruta nueva que llevaba teniendo pendiente desde enero, una bajada desde el refugio Campo del Espino hasta donde pudiera llegar junto al río Aguasmulas.
Digo esto último porque ya veis en el panel de más abajo que el recorrido es bien largo, una longitud que a la vuelta debería hacer cuesta arriba.

La verdad es que durante el inicio no vi gran cosa, tan sólo alguna ardilla (Sciurus vulgaris) y la habitual corte de pájaros forestales, de los que por cierto os voy a dejar un audio en el que grabé a un carbonero común imitando a un trepador azul. La cosa pintó mejor al alejarme del ventoso entorno del refugio y llegar a unas amplias vistas del valle que se abría ante mí con el imponente Banderillas en el horizonte, allí triscaban unos muflones (Ovis musimon) y el ambiente primaveral que hacía florecer prímulas y narcisos también propiciaba la presencia de insectos como la mariposa del olmo (Nymphalis polychloros) y el escarabajo tigre (Cicindela maroccana). Fue muy curioso encontrarme con un sapo corredor (Bufo calamita) al aire libre siendo de día, pero allí estaba justo delante de la roca que le servía de refugio junto a un abrevadero.














La pendiente se interrumpió temporalmente al llegar a la Hoya de la Albardía, que aún recuerda los viejos y duros tiempos en los que el ser humano habitaba rincones tan remotos y perdidos en la sierra. Aquello era un no parar de cantos de aves y trasiego de insectos como la mariposa sofía (Issoria lathonia) o la aceitera (Meloe proscarabeus).








Se iba aproximando un nuevo descenso, esta vez cerca de los colosales cortados que allí se alzan en el Banderillas, y pasando junto al Castellón de los Toros. En un ambiente tan montaraz no faltaron los buitres leonados, y entre ellos pude distinguir la silueta de dos águilas reales (Aquila chrysaetos), que sufrieron el acoso de los cuervos (Corvus corax). Al pasar por un pinar oí en repetidas ocasiones el reclamo del verderón serrano (Carduelis citrinella) y por fin pude obtener una imagen aunque sea muy testimonial.
Además de fotografiar al esquivo fringílido (aquí lo es, y mucho), también logré grabar sus reclamos, aunque se oyen en muy segundo plano, y ya de paso os cuelgo también los sonidos de unos mitos.










Cuando estaba al lado de la Piedra del Mulón decidí que iba siendo hora de dar media vuelta, teniendo en cuenta que me esperaba un largo regreso con bastante desnivel, y teniendo en cuenta que seguramente iba a hacer muchas paradas durante el retorno... cosa que ocurrió, porque vi por ejemplo gamos (Dama dama), un gavilán (Accipiter nisus), más buitres leonados (Gyps fulvus), un nuevo ejemplar de águila real, ratoneros (Buteo buteo), cuervos e incluso un zorro (Vulpes vulpes) al que sorprendí merodeando a la luz del día.








Fósil





Paisajes increíbles, mamíferos, aves, insectos, un anfibio, un fósil, grabaciones de audio, el placer de una ruta nueva... muchas sensaciones positivas aquel día. Escojo como imagen final el refugio Campo del Espino en plena altiplanicie de los Campos de Hernán Perea, un entorno desolador que contrasta mucho con lo visto durante el recorrido.





4 comentarios:

  1. No paras amigo!!! Que chulo el escarabajo tigre, no lo conocía. Un abrazo desde la tierra del ciervo volante, jejejeje.

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    1. Pues en otras entradas que tengo preparadas conseguí mejores fotos macro de los escarabajos tigre, ya verás qué pasada de bichos. Son más pequeños de lo que aparentan en mis fotos y se mueven muchísimo los condenados, por lo que conseguir pillarlos es un gustazo.
      ¡Un abrazote!

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  2. Me ha recordado la imagen del zorro captado en ese maravilloso trote, tan elegante y destacado, a la entrada del cuaderno de campo de Félix.
    “El zorro no corre como el lobo, prodigioso fondista, o como el torpe tejón o como el agilísimo lince. Se mueve con una armonía absoluta, con una elegancia que no pueden olvidar quienes hayan observado en una limpia pradera la carrera de un raposo”. Todavía no lo he olvidado y, todavía sigo sorprendiéndome cuando lo veo trotar por los campos baldíos.

    Saludos.

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    1. No hay duda de que una de las virtudes de Fénix era la comunicación, transmitía como nadie esas sensaciones y emociones de las observaciones de campo. Últimamente he tenido bastante suerte encontrando al raposo a la luz del día, la verdad.
      ¡Saludos!

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