miércoles, 22 de febrero de 2017

Gélido




La tónica de las entradas de blog más recientes está siendo la meteorología adversa, y es que los últimos fines de semana han sido así de hoscos. Si el fin de semana de la publicación anterior estuvo marcado por la lluvia, el siguiente vino cargado de nieve y vientos heladores.

Vivo en un valle y aquí no se notó, pero el sábado día 11 bastó con subir la carretera hacia Pontones para empezar a ver cumbres nevadas, como las de los picos Blanquillo y Caballo Torraso en la vecina Sierra de Las Villas. No contaba con mucho movimiento de aves rapaces, la verdad, pero nada más llegar al Puerto de La Cumbre vi un halcón peregrino (Falco peregrinus) y un águila real (Aquila chrysaetos) hostigada por los cuervos (Corvus corax) junto al alboroto de las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax).










Se me ocurrió acceder a los Campos de Hernán Perea por la pista que lleva desde el nacimiento del Segura al refugio campo del Espino, encontrándome con unas auténticas postales invernales que, no obstante, poco a poco fueron enturbiándose por las nubosidad hasta que decidí que no seguiría por allí al no merecer la pena ir sin visibilidad.








Opté por dar una vuelta por la vega de Santiago de la Espada, que comenzó ofreciendo una cara algo más amable. De primeras se podían ver urracas (Pica pica), grajillas (Corvus monedula) y gorriones chillones (Petronia petronia) por los campos sin nevar.







Pero poco duró aquello. La cercanía con la nevada altiplanicie de Hernán Perea se tradujo en más escenas de crudeza invernal.
Se veían numerosas bandadas de pájaros buscarse la vida como buenamente podían, cerca de los lugares sin nieve en los que poder alimentarse. Entre ellos me destacaron los escribanos soteños (Emberiza cirlus) por su abundancia y buena disposición para dejarse ver, pero también había cogujadas comunes (Galerida cristata), verderones (Carduelis chloris) o escribanos montesinos (Emberiza cia), además de especies sin fotografiar como jilgueros o trigueros, estos últimos cantando bastante a pesar del mal tiempo.


















Poco más se podía hacer en aquellas condiciones, por lo que me di suficientemente por satisfecho viendo esos pájaros y sobrecogedores paisajes y volví a casa. Fue bajar al valle y tener de nuevo el ambiente totalmente distinto, allí asomaba algo de sol con cielos azules, momento que aproveché para fotografiar a bastante distancia un buitre leonado (Gyps fulvus) con el plumaje hecho unos zorros y una pareja de águilas reales.

Al día siguiente volví a salir y, por supuesto, lo enseñaré en otra entrada, No fue tan gélida aquella otra salida, pero ya veréis que tampoco se quedó corta precisamente.









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