viernes, 20 de enero de 2017

Doñana navideña, 3ª parte: la marisma llena de agua






Con esta entrada cerraré definitivamente la serie de publicaciones dedicadas al viaje navideño por Doñana en compañía de José Carlos Sires.
Tras haber estado en las Salinas de Bonanza y el Brazo del Este como ya he ido mostrando, el día 29 de diciembre fuimos a lo que se conoce como la Doñana visitable, es decir, el sector no restringido de este importantísimo espacio protegido que tan vital resulta para las aves europeas (aunque muchos inconscientes aún no quieren verlo y no pocas amenazas se ciernen sobre la valiosas marismas del Guadalquivir).

El recorrido clásico, bien conocido por los pajareros sevillanos, es el que va desde la Dehesa de Abajo hasta los alrededores del centro de visitantes José Antonio Valverde, tantas veces mostrado por mí en los dos cursos que pasé viviendo en la provincia de Sevilla. Después de bastante tiempo sin ir por allí era una verdadera delicia amanecer entre los nutridos bandos de moritos (Plegadis falcinellus) y junto a zancudas como la espátula (Platalea leucorodia) y la garza real (Ardea cinerea).








Tenía especiales ganas de disfrutar de las grullas (Grus grus), posiblemente la visitante invernal más carismática que tenemos, o al menos así es para mi gusto. Mis amigos extremeños me entenderán perfectamente cuando diga que es sólo escuchar sus trompeteos y sentir lo inefable.
Otros visitantes invernales muy emblemáticos son los ánsares comunes (Anser anser), igualmente
llamativos con sus ruidosas formaciones de vuelo sobre la marisma bien provista de agua gracias a las lluvias de estos meses atrás. También me llamó la atención ver un par de bandos de ánades rabudos (Anas acuta), cuando hasta ahora sólo había visto unos pocos ejemplares juntos al mismo tiempo.













Como siempre digo, un atractivo de Doñana es ver aquellas aves invernantes junto a otras que en el resto de la Península son estivales. Es el caso, por ejemplo, de martinetes (Nycticorax nycticorax) y cigüeñas negras (Ciconia nigra). De hecho, estas últimas son en verdad invernantes procedentes de otros países europeos que vienen a pasar los meses fríos aquí mientras que las nuestras hacen lo propio en África.









Las observaciones de rapaces fueron tan variadas como interesantes, viendo ratoneros (Buteo buteo), dos halcones peregrinos (Falco peregrinus), un elanio (Elanus caeruleus), cernícalos vulgares (Falco tinnunculus), buitres leonados (Gyps fulvus), una culebrera (Circaetus gallicus), milanos reales (Milvus migrans) y búhos campestres (Asio flammeus).















Por supuesto que todo esto no fue lo único que anotamos, también vimos un aguilucho pálido, calamones, garcetas grandes e incluso sapillos moteados (que se me escabulleron vilmente). Hacía tiempo que no veía la marisma con tanta agua, gracias a las lluvias de los pasados meses que tanto desagradan a los que gustan de ir a la terracita del bar pero que tan importantes son para el campo. A buen seguro que ya me escaparé en otra ocasión para seguir disfrutando de esta tremenda diversidad, que también incluye a especies introducidas como el gamo (Dama dama) y el pico de coral (Estrilda astrild).






El día estuvo bastante ventoso y José Carlos no pudo obtener grabaciones de calidad. Pero, sin embargo, no voy a dejar esta publicación sin colgar ningún audio y al menos podremos escuchar los trompeteos de las grullas.






2 comentarios:

  1. Pues muy bien me parece haber acabado con un par de audios. En el segundo se oye muy bien el reclamo de un jovencito de grulla al que todavía no le ha cambiado la voz, tan diferente a la de sus padres...

    Saludos desde el norte.

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    1. No podía dejar la entrada sin algún sonido de la marisma invernal, y éste de las grullas a mi juicio es muy representativo.
      En una nueva publicación de la sierra me animaré a colgar algún audio de los que he empezado a conseguir yo mismo.
      ¡Saludos!

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