sábado, 14 de enero de 2017

Doñana navideña, 2ª parte: el Brazo del Este






Tras la mañana que pasé el 28 de diciembre en las Salinas de Bonanza (Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz), volví por la tarde a Sevilla aún acompañado por José Carlos Sires para continuar observando aves en el Brazo del Este.

Siempre es de lo más productivo darse una vuelta por sus arrozales con zonas de la vegetación palustre original, donde es prácticamente imposible no ver calamones (Porphyrio porphyrio) ni moritos (Plegadis falcinellus), con ese toque sureño tan especial que te permite ver en pleno invierno a aves estivales como el águila calzada (Hieraaetus pennatus) o la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) junto a avefrías (Vanellus vanellus) y águilas pescadoras (Pandion haliaetus).













Es un excelente lugar para ver muchos ejemplares de garceta grande (Egretta alba), cigüeña negra (Ciconia nigra) y espátula (Platalea leucorodia). Mucho ojo al baño de las espátulas en dos de las fotos, y a la anilla que porta una de las cigüeñas negras, que en este caso no es de Alemania como siempre había sucedido con las anillas que conseguía tramitar de esa especie.














No es un lugar tan bueno para ver limícolas como Bonanza, pero desde luego que siempre es muchísimo mejor que los pocos puntos de agua de mi tierra en Jaén. Vimos muchas agachadizas comunes (Gallinago gallinago), archibebes claros (Tringa nebularia), andarríos bastardos (Tringa glareola), correlimos comunes (Calidris alpina) y chorlitos dorados (Pluvialis apricaria); estos dos últimos en enormes bandos mixtos.
En cuanto a otro tipo de aves, también vimos escribanos palustres y pechiazules, oímos numerosos reclamos de rascón, y pasando junto a Los Palacios vimos un milano negro invernante.










Ya sabéis que este paraje fue mi área de campeo casi diaria cuando viví en Los Palacios y Villafranca durante el curso pasado, por lo que volver allí era algo que me hacía especial ilusión en aquella visita sevillana. De hecho no quise irme hasta que oscureció, allí hay que quedarse a disfrutar de las puestas de sol marismeñas bajo el vuelo de moritos y espátulas.
Al día siguiente amanecimos en Doñana, cosa que ya veréis después de unos días cuando haya colgado otra entrada serrana que tengo pendiente (seguro que más de uno se podrá imaginar qué ave rapaz aparecerá).











10 comentarios:

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    1. Sin duda lo es, muy maltratado, pero un paraíso todavía.
      ¡Saludos!

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  2. ¡Siempre una pasada darse una vuelta por los arrozales! Yo también tengo al lado los de la Albufera de Valencia, donde voy menos de lo que me gustaría, creo que eso va a ir cambiando. Curioso el bando de agachadizas, las tenía por bichos solitarios.

    Un saludo

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    1. Yo, como mucho, veía grupitos de unas pocas agachadizas alimentándose juntas, pero éstas eran tantas que al ver el bando en vuelo pensé que eran correlimos, incluso daban esos giros que hacen parecer que el bando parpadea en color blanco.
      ¡Saludos!

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  3. Los arrozales, desde luego, siempre son un buen recurso para pillar especies muy interesantes. Aunque allí, los arrozales tampoco son imprescindibles para tal fin, puesto que todo el territorio está lleno vida para observar.

    Un saludo

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    1. Estos arrozales con rodales de la marisma original son un tesoro que no se valora, ni siquiera los habitantes de los pueblos cercanos saben que esto existe.
      ¡Saludos!

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  4. Impresionante! Yo sólo he ido una vez y tengo un recuerdo inmejorable de la zona. Un saludo y preciosas fotos

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    1. La primera vez que fui quedé muy impresionado, fue de los mejores hallazgos que he tenido.
      ¡Saludos!

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  5. Que ganas tengo de pasarme por uno de esos arrozales, que envidiaca me das. Buena segunda parte Carlos, un abrazo desde el polo norte, jejeje.

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    1. Te encantarían sin ninguna duda, es imposible volver a casa sin haberte llevado algo a la saca.
      En donde vivo va a nevar dentro de poco, así que te devuelvo el abrazo desde la Antártida, jaja.

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