viernes, 30 de diciembre de 2016

La Cabañuela






En esta imagen inicial vemos esos montes tan rocosos y escarpados que aparecen de fondo en bastantes de mis fotografías, en la orilla occidental del embalse del Tranco y a un paso de la Sierra de Las Villas. Es una porción de la Sierra de Segura conocida como Las Lagunillas, que en parte fue devastada por un incendio en 2005 que le hace presentar ese aspecto desolado, y también guarda alguna otra historia igualmente negativa que luego comentaré.
No obstante, ofrece un fantástico escenario para interesantísimas salidas como la que hice el día 6, tal como ahora mismo voy a ir enseñando en esta publicación llena de paisajes espectaculares, rapaces y ungulados.

La mañana empezó nublada y gris al empezar la marcha a través del bosque mediterráneo que actualmente se está regenerando, viendo madroños y quejigos bajo el vuelo de las águilas reales (Aquila chrysaetos) y junto al paso furtivo de ciervas (Cervus elaphus) con sus crías mientras el cielo se iba abriendo más.












El agua está más presente de lo que parecería al ver de lejos esas moles calizas tan peladas, el bosque se volvió muy musgoso y encontré inesperadamente un precioso salto de agua que hizo mis delicias. Viendo esto no me extraña una leyenda de la zona que dice que los lugareños que antaño vivían en aldeas (hoy en ruinas) de este paraje veían a veces a una joven peinándose los cabellos con un peine de oro junto al río. Esto es la clásica leyenda de la encantada, ser mitológico que aparece en distintos lugares de España con otros nombres (anjana, xana, moura, lamia).







El cielo estaba ya mucho más despejado al alcanzar lo que fue la aldea de La Cabañuela, que fue tristemente desalojada al declarar el coto nacional de caza en los años 60. Esto se repitió en más poblaciones de la Sierra, teniendo sus habitantes que marcharse a otros lugares para que otros vinieran a pegar tiros.
Junto a sus ruinas y con el sol ya brillando más, pude ver entre otras a las lavanderas cascadeñas (Motacilla cinerea), un escarabajo pelotero y las águilas reales.









A partir de ahí decidí continuar fuera de sendero e ir improvisando mientras ganaba altura. La zona demostró ser rica en fósiles, éstos de las fotos los vi en un espacio de tiempo bastante reducido para que os hagáis una idea. Inevitablemente hace pensar en cómo ha ido cambiando al mundo al recordar que todo esto llegó a estar bajo el mar.










En zonas más elevadas gocé de muy buenos miradores naturales con vistas al Tranco y los pueblos de Hornos de Segura y Segura de la Sierra, que por primera vez podía ver juntos. También llegaron muchos avistamientos de fauna con ciervos, buitres leonados (Gyps fulvus), una nueva observación de águila real y la magnífica sorpresa de un ejemplar juvenil de águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), muy escasa por estos lares esta última especie.
















Los encuentros con ungulados fueron frecuentes, se nota que esto fue coto nacional y hoy día área de reserva. Además de los ciervos también vi gamos (Dama dama) y cabras monteses (Capra pyrenaica), estas últimas incluyendo un par de machos siendo uno de ellos poseedor de una magnífica cornamenta. Las aves no fueron para menos, al ver una joven águila real y un grupito de cuatro acentores alpinos (Prunella collaris).













En el largo camino de vuelta se me echó la noche encima, teniendo encuentros con jabalíes y un par de sapos corredores (Bufo calamita) con la sensacional banda sonora del cárabo.
Esta salida fue para mi gusto realmente satisfactoria y creo que resume bastante bien lo que puede dar de sí esta sierra, motivo por el que he considerado oportuno escogerla para la última publicación de este año.