domingo, 29 de mayo de 2016

Por la Sierra Morena de Jaén después de mucho tiempo





Hoy toca algo de la tierra natal, de ese trozo abrupto de Sierra Morena que es Despeñaperros, tan pequeño en tamaño si lo comparamos con otros parques naturales pero inmenso en variedad y calidad de fauna.

La mañana del día 8 de mayo estuve dando una vuelta con mi mejor amigo de toda la vida bajo un cielo gris que animaba poco a la observación de aves en vuelo, pero que no impedía en absoluto disfrutar de esos otros pequeños habitantes de la sierra que resultan igualmente interesantes (o más, según qué especies). De entre los herpetos vimos una especie común como el sapo corredor (Bufo calamita) junto a otros menos frecuentes de ver como la culebra de cogulla (Macroprotodon brevis) y una salamandra (Salamandra salamandra morenica) que hace poco se metamorfoseó y está empezando su vida terrestre. Con estas dos últimas especies es la primera vez que las veo por la zona, así que fue empezar con muy buen pie.










También un coleóptero sin identificar y una pequeñísima araña lobo (Hogna radiata).







No era el mejor fin de semana para ver aves, como decía más arriba, pero no pude evitar tirar unas fotos a un grupete de abejeros (Pernis apivorus) mientras que iba pendiente también de mirar al suelo para ver interesantes detalles botánicos como las orquídeas Orchis langei y Orchis champagneuxii.
La salida matutina quedó bien saldada si añadimos el resto de especies vistas, como por ejemplo águilas (real, perdicera y calzada), un cuco, críalos, abejarucos, buitres leonados, golondrinas dáuricas, alcaudones comunes, tórtolas comunes, etc...










A la mañana siguiente me di una vueltecilla en solitario porque tenía ganas de más, después de haber estado tantas semanas sin haber estado por casa... para que os hagáis una idea, no fui por mi pueblo mientras que estuve recibiendo mis dos visitas de amigos en Los Palacios, fui al curso de anfibios y reptiles, visité la Sierra Norte de Sevilla, hice la salida extremeña de la entrada anterior, estuve en Grazalema con los roqueros rojos, me acerqué a las marismas del Odiel, fui a la Doñana Bird Fair...

De invertebrados estuvo muy bien la cosa, viendo una Scutigera coleoptrata, varias escolopendras (Scolopendra cingulata), una carraleja (Berberomeloe majalis) y las mariposas manto bicolor (Lycaena phlaeas) y sofía (Issoria lathonia).










Con los anfibios vi nuevamente un sapo corredor, y en un arroyo limpio y tranquilo había multitud de larvas de sapo común (Bufo bufo), comprobando que sigue su curso aquello que vi meses atrás por esta zona (pinchad aquí si queréis rememorar aquel bonito ciclo de la vida).

En cuanto a reptiles, con la culebra de cogulla del día anterior me quedé con la mosca de las culebrillas ciegas... quien entienda de herpetos ya sabrá que digo esto porque esa serpiente es un predador especializado en dar caza a las culebrillas ciegas (Blanus cinereus), de las que acabé por encontrar dos ejemplares distintos. Tal vez os hayáis fijado en que he usado un nombre científico diferente (con los ejemplares que veo por Sevilla, Huelva y Cádiz utilizo Blanus mariae), y es que se han separado nuestras culebrillas ciegas en dos especies, siendo la mariae la "nueva", cosas de la taxonomía actual...











Precisamente este fin de semana he estado nuevamente por mi tierra después de tres semanas sin ir, y en su momento ya iré enseñando lo visto porque no tiene desperdicio.








jueves, 26 de mayo de 2016

Escapada primaveral por Extremadura





Últimamente me salen tantas salidas buenas que se me va acumulando la tarea en el blog, tanto es así que la entrada de hoy corresponde ni más ni menos que al 1 de mayo, hace casi un mes ya a lo tonto.
Fue una jornada especial al ser compartida con amigos en vez de en solitario como suelo acostumbrar, yendo hasta Extremadura para pasar el día con Ismael y Aurora. Empezamos por el pueblo de Alange, bien conocido en el entorno de los observadores de aves por las variadas e interesantes especies que hay por su entorno, que ya de por sí es de una estampa muy atractiva con ese peñón calizo con ruinas de castillo en lo alto (comenté en ese momento que me recordaba a Martos con su leyenda de los hermanos Carvajal).

Nada más llegar me quedé profundamente maravillado con los cercanos y vertiginosos vuelos de los numerosos vencejos reales (Apus melba) que anidan en la presa del embalse. Hubiera sido capaz de tirarme allí toda la mañana disfrutando de su maestría aérea.













Ya tenía suficiente interés para mi gusto, pero además contamos con la aparición de dos águilas perdiceras (Hieraaetus fasciatus) y bastantes pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica). Desde luego es la primera vez que veo coincidir pagazas con aves rupícolas como lo son el vencejo real y el águila perdicera.











A mediodía pasamos por Almendralejo para ponermos gordacos comiendo cosas extremeñas muy ricas, y con idea de ver su gran colonia de cernícalo primilla (Falco naumanni).

No era la mejor hora y no pudimos ver el trasiego de estos pequeños halcones urbanos en su apogeo, pero para nada nos quedamos sin ver algunos en sus entradas y salidas. No en vano, la iglesia del pueblo fue la primera ZEPA (zona de especial protección para las aves) de Europa enclavada en un casco urbano.










Por la tarde estuvimos en Cornalvo, uno de los dos únicos parques naturales de Extremadura, algo sorprendente (para mal) en una comunidad autónoma con tanta riqueza natural.

Ninguno de nosotros habíamos estado antes y no estuvimos muy finos a la hora de encontrar cosillas, pero por suerte dimos con la ubicación de unas Orchis laxiflora que nos indicaron amablemente en el centro de interpretación. Era una especie nueva para los tres, y nos llamó la atención su colorido y altura que destacaban sobremanera en los juncos donde creían. También nos llamó la atención la manera en que algunos fotógrafos se tiran tanto por el suelo para fotografiar que acaban dejando grandes rodales de vegetación completamente aplastada, incluso con alguna de las orquídeas como irónica víctima.

















Antes de despedirnos y volver cada uno para casita, nada como una vueltecilla viendo sus dehesas en pleno esplendor primaveral bajo el vuelo del buitre negro y sobre el pequeño pasear de la carraleja (Berberomeloe majalis).